José María Cano (Madrid, 1959) atiende a SUR el mismo día que el Parlamento catalán prohíbe los toros en esa comunidad. Una casualidad un tanto paradójica, porque el autor regresa a Málaga para presentar sus grabados sobre la tauromaquia junto a los de Goya y Picasso. La muestra se inaugurará pasado mañana en la Casa Natal y coincidirá con el pregón taurino que Cano pronunciará el viernes en la sede del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos.
-¿Cómo surgió el proyecto de exponer sus grabados en la Fundación Picasso?
-La exposición viene del Museo de Bellas Artes de Hanoi con los grabados de Goya, de Picasso y los míos. El director del museo tuvo la idea de plantear, con casi el mismo tipo de técnica y el mismo tema, la visión de tres artistas en tres épocas diferentes. La idea es entender esas épocas estéticas y sociales a través de los ojos de artistas de tres siglos diferentes.
-¿Le dio vértigo enfrentar su obra con la de autores como Goya y Picasso?
-Vértigo no es la palabra. Me sentí muy honrado.
-Con esta muestra se convertirá en uno de los pocos artistas que vean expuesta su obra en la Casa Natal de Picasso. ¿Se trata de algo buscado o ha sido fruto de la casualidad?
-La idea era que la exposición coincidiera con la feria taurina. En este momento el mundo de los toros cobra unas dimensiones que van más allá del hecho estricto del espectáculo. Es una referencia que tiene muchos más sentidos, hoy en particular...
-¿Entiende lo que está pasando con los toros en el ruedo político?
-El arte, cuyo deber y sentido único es el de generar preguntas, en este caso y con esta exposición, tiene mucho sentido conceptual.
-¿Cuál es ese sentido que busca esta exposición?
-Que el mundo de los toros, porque precisamente es un hecho atemporal o cuando menos de otro tiempo y que se ha mantenido esencialmente con los mismos elementos, genera un universo tan paralelo, se cruza tan poco con la realidad, que la representa muy bien. Por eso hay tantos símiles taurinos. Yo he intentando generar referencias a lo que es la sociedad y las relaciones desde la óptica taurina. Formalmente, he hecho grabados de toros, pero conceptualmente el tema tiene un interés mucho más universal.
-¿Cree que el debate político sobre la prohibición de los toros tiene en realidad poco que ver con este espectáculo?
-Sí, porque en el fondo el hombre va caminando hacia la aceptación de un grado cada vez más alto de absurdo. En pro del relativismo moral, es capaz de vivir circunstancias de un nivel de absurdo extraordinario. Por ejemplo, la bandera esencial del catalanismo en este momento es el Barça, pero si Cataluña se independiza, el Barça desaparece porque tendría que jugar con el Sabadell y con el Tarrasa. Al ser humano no le importa caminar en una dirección con muchísima alegría siempre y cuando tenga la seguridad de que nunca va a llegar. Y en el caso de los toros, está llegando a unos niveles... Es absurdo que se prohíban los toros en Cataluña y que no se prohíban las peceras de las marisquerías.
-¿De dónde le viene la afición taurina?
-Soy un observador, pero no un espectador. Lo que más me gusta de los toros es que existen. No sólo respeto a los aficionados, sino que yo cuando voy también disfruto mucho. No defiendo los toros porque si no no sé qué hacer el domingo, sino porque me parece interesantísimo y fundamental y me parece de un cinismo extraordinario estar en contra de los toros. Sólo lo entendería si en Cataluña, de golpe, se volviera todo el mundo vegetariano. A partir de ahí, de que matamos a los animales, creo que es una agresión contra los toros.
Una muerte hermosa
-¿No comparte la opinión de quienes ven en la lidia la tortura a un animal indefenso?
-Los toros viven una vida bellísima, tienen oportunidad sólo en el día de su muerte de demostrar la bravura, de tener una muerte bella, épica, de morir luchando, que es una belleza. Y le dan vida así a sus hermanos y sus madres. Viven una vida envidiable para cualquier animal, incluso para el propio ser humano. Entonces, no entiendo ese ataque a ese animal tan bello y a su fantástico modo de vida. Hemos entrado en una dinámica de corrección política en la que somos capaces de llegar a cualquier nivel de absurdo.
-¿Cree que esa corrección política, ese absurdo, también afecta al mundo del arte?
-Mi trabajo, por ejemplo, se sitúa en el margen entre lo real y lo verdadero y ese margen cada vez es mayor. Las cosas no son lo que parecen y los toros en particular no son lo que parecen y eso es un fantástico material para mí, porque pienso que el hecho de mayor amor hacia el animal es el hecho taurino, porque el torero, arriesgando su vida, salvaguarda una forma de vida de los toros que no la tiene ningún animal, incluido el animal humano. Están atendidos, cuidados, es la actividad más ecológica que se puede imaginar y encima no es ni un negocio, porque la mayoría de los ganaderos pierden dinero, de manera que es absurdo decidir ahora que en el siglo XXI, por no se qué urgencia, hay que rehacer el mapa mundial.
-Habla de que su trabajo transita el espacio entre lo real y lo verdadero. ¿Tanta distancia cree que hay entre ambos extremos?
-Sí, creo que cada vez más. La verdad es que vivo buenos tiempos para ser artista. El margen entre lo real y lo verdadero es cada vez mayor, entre otras cosas porque la verdad es verdad hasta que alguien la cuenta y el universo virtual que se genera a través de la información es cada vez más perverso. Se genera una realidad, que ya es confusa. Hace un par de años, fui a cenar con mi madre y al día siguiente me llama mi madre y me dice 'Hijo, ¿tú estuviste ayer en las Fallas?' y yo le respondí '¡Mamá, pero si estuve cenando contigo!' y ella me dijo 'Ya, pero como he leído que estuviste en las Fallas...' (Risas). Hemos llegado a ese nivel.
-Esa contraposición entre lo real y lo verdadero ya se adivinaba en 'Materialismo matérico', la exposición que presentó en el CAC Málaga hace tres años. En aquella muestra interpretaba los retratos extraídos de 'The Wall Street Journal'. ¿Cómo ha cambiado su trabajo desde aquel proyecto hasta el que presenta ahora en la Fundación Picasso?
-No me negará que aquella exposición tenía su interés profético... (Risas) Tenía más gracia hacerla antes de la catástrofe, cuando nadie podía pensar que se iba a convertir en semejante pantomima. Aquello tenía una ironía y un sentido que después se materializaron, por desgracia. Desde el punto de vista artístico ha sido muy interesante y me ha dado un gran resultado por la apreciación que se tiene de mi trabajo. Aunque desde el punto de vista personal también he ha tocado, porque tengo a muchos amigos en el paro y a gente cercana que se ha visto afectada por la crisis, que proviene sobre todo de aquel ridículo. Desde el punto de vista personal, ojalá no hubiera llevado razón.
-Pese a la crisis dominante, su obra tiene una gran acogida entre los coleccionistas.
-Eso es suerte. He hecho muchas cosas que a nadie le han gustado y las he hecho con la misma ilusión y la misma dignidad. En este caso, las cosas han ido bien y no creo que sea tanto mérito mío. Siempre pongo la máxima ilusión en lo que hago y trabajo desde un punto de vista expresionista, en el sentido de que soy artista porque no he hecho otra cosa en mi vida y si no trabajo me siento mal. Para mí trabajar es como ir al baño, si no lo hago me siento fatal.
Una enfermedad
-Precisamente, en el catálogo de 'Materialismo matérico' se podían leer unas declaraciones suyas en las que decía: «El arte es algo que te ocurre. Es como si pillaras una enfermedad».
-Con eso de la enfermedad quería decir que es algo que te sucede sin que lo tengas previsto. Nadie se coge una gripe a posta, pero una vez que la pillas, te quedas en la cama y ya está. Yo no sabría valorar, porque no he vivido otro mundo, si esto es una bendición o es una fusta, pero es lo que hay. Soy una persona agradecida y me considero muy afortunado. Hay gente que me dice 'Tú haces lo que te gusta' y eso me parece ridículo, porque todo esto se vive con mucha intensidad. Hago lo que entiendo que toca y lo que hace que se sienta en el camino adecuado para llegar a ese contento que llamamos felicidad.
-Siente que ahora va por donde quería, después de su exitoso pasado en el grupo Mecano.
-No por donde quiero, pero sí por donde me va llevando mi propio trabajo y mi propia creación... En realidad, no se trata de que no vaya por donde quiero, es que, para ser artista tienes que no querer nada.