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Sobrevivir a la huella del terror

MÁLAGA

Sobrevivir a la huella del terror

01.08.10 - 01:46 -
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Rafael había perdido los vínculos con Málaga. Para él era sólo un grato recuerdo de niñez y adolescencia. La vida la hizo en Cataluña, donde emigró con toda su familia. Hasta que, un día, su hija encontró ese eslabón de la memoria mientras navegaba por Internet. Por casualidad, se topó con una noticia en la que se anunciaba un homenaje a Juan García León, pero en la que también se decía que no se había conseguido localizar a ningún familiar. A Rafael se le aceleró entonces el pulso. Iban a dedicarle una calle en la ciudad de Málaga a su hermano.
García León es uno de los guardias civiles cuyas vidas terminaron antes de tiempo, de forma brutal, por un atentado terrorista. Por eso Málaga ha querido rendirles homenaje para que sus nombres no caigan en el olvido. El pasado 21 de julio, el Ayuntamiento inauguró dos calles y una glorieta en honor a los guardias Juan García León, Andrés José Fernández Pertierra y Juan Manuel Piñuel (la última víctima malagueña de la banda terrorista). El día que se colocaron las placas con sus nombres, Antonio Gaspar, representante de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) en Málaga y principal impulsor de la iniciativa, vio cumplida una vieja demanda: llenar, en la medida de lo posible, un «hueco vacío».
El acto inaugural ha coincidido en el tiempo con el décimo aniversario de la muerte del concejal José María Martín Carpena, asesinado a tiros la noche del 15 de julio del año 2000 delante de su mujer y su hija en la barriada de Nueva Málaga. Su recuerdo sigue intacto, como demuestran los homenajes que le rindieron sus familiares, amigos y compañeros de partido y de trabajo, que acudieron a llevar flores al cementerio de San Gabriel y que también visitaron su busto en el Parque de Huelin.
Tras el silencio de los homenajes, algunos familiares se muestran dispuestos a hablar. Es su manera, una más, de mantener vivo el recuerdo. Aunque Rafael García León nunca podrá olvidar aquel 17 de noviembre del año 1980, cuando ETA preparó una emboscada a un vehículo oficial en Eibar. En él viajaba su hermano Juan, que murió tras recibir ocho disparos. Tenía sólo 21 años y acababa de echarse novia en Guipúzcoa. La chica, caprichos del destino, acabó casándose con el agente que acompañaba a García León cuando fue brutalmente tiroteado.
Rafael, que también pertenece al Cuerpo -es hijo y hermano de guardias- se enteró de la muerte de Juan en el cuartel. «La familia se quedó muy tocada con aquello; mi madre pegó un bajón grandísimo. Murió de pena porque mataron a su hijo». Cuando se le pregunta por las condenas de los etarras, endurece el tono: «Que las cumplan en su totalidad».
Sin levantar cabeza
María Pilar Pertierra, la madre de Andrés José, asegura que nada es igual desde entonces. «Vives porque tienes que vivir, pero ya no levantas cabeza». Su hijo fue uno de los doce agentes que el 14 de julio de 1986 fallecieron en la madrileña plaza de la República Dominicana, en uno de los atentados más sanguinarios de la organización terrorista ETA. Una furgoneta explosionó al paso de un autocar y un microbús en el que viajaban alumnos del primer curso de Tráfico para guardias civiles.
En su casa de la barriada de Cruz del Humilladero no hay un rincón que no recuerde a Andrés José. «Tengo sus cenizas en el salón y la casa llena de fotos y de las medallas que le han dado. Todo el tiempo veo cosas de mi hijo. Sigue presente en todas partes. Hay veces que cuando salgo a comprar le digo 'hasta luego'».
Fernández Pertierra fue una de las 25 víctimas del etarra De Juana Chaos, en paradero desconocido desde el 25 de marzo. «Ese fue el que le puso la bomba a mi hijo, y ahora está por ahí perdido». Cambia de canal de inmediato cada vez que sale una noticia sobre terrorismo, pero está al tanto de las novedades. Como los beneficios penitenciarios a los presos etarras: «Sus madres dicen que no pueden ver a sus hijos que están lejos. Y yo les pregunto, ¿cuándo puedo ver yo al mío?».
Rafael García León asegura que ha sentido el abrazo de Málaga en la distancia. «Ya estamos organizando el viaje para el año que viene. De aquí en adelante, Málaga va a ser algo prioritario para nosotros. No puedo explicar el escalofrío que sentí al ver la calle con el nombre de mi hermano. Fue algo increíble».
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