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Benjamín Fernández, peluquero y empresario: El descubridor del secador de mano

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Benjamín Fernández, peluquero y empresario: El descubridor del secador de mano

Nací en La Trinidad hace 69 años/ Trabajé en Londres tres años sin saber inglés en la peluquería de Vidal Sassoon/ Me traje a España uno de los primeros secadores de mano/ He llegado a pelar hasta 150 personas en una sola jornada

17.07.10 - 01:47 -
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Los peinados originales y los cortes radicales fueron el sello de este malagueño durante años. Inspirado por los grandes maestros ingleses, trabajó con profesionales reconocidos de la talla de Vidal Sassoon y vivió la época dorada de Reino Unido, marcada por los genuinos Beatles y Mary Quant y su minifalda. Durante muchos años, Benjamín Fernández ha sido 'el peluquero de Málaga'. Del oficio de hoy echa de menos los trabajos elaborados. «Ya no se hace peluquería técnica, es todo demasiado simple. No hay cortes que definan un estilo. La peluquería de hoy se reduce a estirar el pelo».
Su primer empleo fue como barbero, aunque reconoce que no se dedicó a ello por vocación sino por necesidad. «Había que trabajar en algo». Al tiempo, decidió abrirse a nuevos horizontes profesionales y prepararse para el oficio de peluquero.
Realizó cursos de peluquería en su Málaga natal, en Madrid y Santander, hasta que España se le antojó pequeña y decidió dar el gran salto: irse a Inglaterra. Consiguió un contrato en la peluquería del reconocido Vidal Sassoon gracias a una amiga y se embarcó, en 1973 y sin tener conocimientos de inglés, en la aventura de comenzar de nuevo en el entonces lejano Londres. Reconoce que se integró de lleno en la sociedad inglesa «por obligación», cuestión determinante en su conocimiento del idioma. «Tuve que aprender desde cero, el inglés de la calle. Aunque lo pasé mal, hoy lo agradezco porque afianzó todos los conocimientos que adquirí. Si hubiera estudiado en una academia se me habría olvidado todo, estoy convencido».
De su paso por la ciudad de la niebla, destaca el descubrimiento del secador de mano. Este invento, básico hoy en día en toda peluquería y hogar que se precie, no existía en la España de principios de los 70. Benjamín Fernández se enorgullece de ser uno de los pioneros que introdujo el entonces novedoso aparato en la peluquería española.
Tres años después de irse a vivir a Londres, volvió a Málaga de vacaciones y, finalmente, acabó por quedarse. Su primera peluquería, situada en la Plaza de la Marina, abrió sus puertas por primera vez en el 85. El local tuvo un gran éxito. Más de 150 personas cada día han llegado a esperar su turno para llevar una de las obras del peluquero.
El suyo fue de los primeros negocios en la provincia de Málaga que no cerraban a la hora de comer. Desde las 9 de la mañana hasta las 6 de la tarde, tijeras, secadores y peines no paraban quietos en sus estanterías. «Sólo tenía tiempo para tomarme un bocadillo. La peluquería estaba a cualquier hora del día repleta de clientas», declara con una sonrisa.
«Dicen que he creado escuela dentro del gremio», comenta entre risas. Actualmente, más de una veintena de peluquerías cuentan con profesionales que alguna vez trabajaron o aprendieron el oficio de la mano de este malagueño.
Es consciente de que el bache económico también está pasando factura al mundo de la peluquería, aunque, según Benjamín, la crisis en este sector viene de tiempo atrás. «Antes no había tantos locales. Pero ahora la oferta es muy amplia y la demanda se reparte, pese a que la clientela sigue siendo fiel», asegura.
Por sus manos han pasado multitud de personalidades del panorama social español, como Estrellita Castro. Además, y gracias a las casas de belleza Bella, L'Oreal o Schwarzkopf conoció a las modelos María Pineda, Juncal Rivero o Remedios Cervantes, que trabajaron con él.
De madres a hijas
De una profesión de tantos años se lleva la satisfacción de haber peinado a varias generaciones. «Muchas veces me ha pasado que he peinado a una señora para el día de su boda y años después su hija también ha querido que la atienda para semejante acontecimiento. Es un orgullo. Algo muy bonito. Te sientes parte activa de uno de los momentos más importantes que puede vivir una persona».
Casado y con dos hijos, la familia ha estados siempre entre su 'clientela'. «Siempre me he encargado de cortarles el pelo a mis hijos. Un día, a uno de ellos lo paró un señor por la calle para preguntarle quién se lo había peinado. Él contestó que su padre. A lo que el hombre le replicó: ¡A peluquero se puede meter! Me hizo mucha gracia».
Llegó a tener tres locales de trabajo. Por un lado la mítica peluquería de la Plaza de la Marina, ya desaparecida y, por otro, la peluquería ubicada en el Camino de Suárez y la del centro comercial Los Patios, que sigue en activo.
Pese a que su trabajo siempre estuvo orientado a la clientela femenina, en los últimos años, y por la ampliación de su negocio al ya citado centro comercial, ha decidido trabajar también al sector masculino , dando una oferta unisex.
Benjamín ya no ejerce la profesión. De un tiempo a esta parte se limita a dirigir su negocio desde la barrera. Aunque realiza trabajos esporádicos, siempre que «las facultades me lo permiten».
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