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«Te vas a morir en ayunas»

SOCIEDAD

«Te vas a morir en ayunas»

La guerra entre combos vuelve a desangrar Medellín. En tres meses ha habido más de 500 asesinatos

20.06.10 - 01:46 -
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Yo multiplico, divido, sumo, resto y mato», presume 'El Bola', un niñato integrado en uno de los combos que controlan Comuna 13, la colonia de chabolas que se descuelga entre los cerros de Medellín. A 'El Bola' no le enseñaron a contar en la escuela. Más bien aprendió tocándose con el dedo las cicatrices de las diecinueve puñaladas que le metieron en el cuerpo cuando tenía doce años. Alguien le acusó de ser un «sornero», un delator que cruzaba las invisibles fronteras de los clanes para aportar información sobre los escondites de los rivales. «La guerra aquí se vive desde que se nace», dice, por si quedaba alguna duda de su precocidad. En Comuna 13 hay muchos tipos como 'El Bola'. Chavales que, como dicen los diarios colombianos, pasan en pocos días de 'pelaos de esquina' a mafiosos de alto peligro.
En la «ciudad más violenta de Latinoamérica», como la describen las crónicas de la agencia Efe, las cuadrillas de pistoleros adoptan nombres como La 38, La Silla, Los Machacos, Los Mondongueros o apelativos como combo Picacho, de Belén Zafra o de Aguasfrías. Los cita por sus nombres Luis Guillermo Pardo, un hombre que tenía el insólito cargo de asesor de Paz en la alcaldía de Medellín, título que da que pensar.
«Un combo es como una familia, como una hermandad. En el combo se vive, se come y se muere; ya después, cuando el güiro (la guerra entre pandillas) hay que cuidar la vida de cada uno y la del socio. Aquí nos cuidamos entre todos», argumenta un tal 'Caliche'.
El problema de la violencia en Medellín es complejo, muy complejo. El conflicto que se ha cobrado las vidas de 500 pandilleros y vecinos en sólo tres meses parece ser una lejana consecuencia de la operación Orión que desarrolló el Ejército colombiano en la Comuna 13 y aledañas, y que acabó con el dominio en la zona de los guerrilleros de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional. Pero aquello no fue más que un espejismo. 'Pipe' lo explica a su manera: «En la comuna la violencia siempre ha estado presente. Primero eran los 'caraetrapo' (guerrilleros que cubrían su rostro con telas), las milicias populares, la operación Orión para sacar a los guerrilleros y, luego, una paz ficticia porque eran los paracos, los paramilitares, los que estaban aquí».
Luis Guillermo Pardo, el buscador municipal de la paz, considera que los combos pudieron ser desactivados en 2003, cuando los bloques Cacique Nutibara y Héroes de Granada se desmovilizaron. «El Gobierno no permitió entonces incluir a los combos en los procesos de reinserción», lamenta Pardo. Hoy, las cuadrillas son una suma de veteranos pandilleros, jóvenes inadaptados y antiguos milicianos que no se sumaron a los procesos de desmovilización. Los combos se financian con la venta de droga y con la extorsión y 'los derechos de protección' que cobran a los negocios y a los residentes en las áreas que controlan por la fuerza de las armas.
«Dispara vos»
«¡Home pirobo, te voy a matar delante de tu mamá», grita, de buena mañana, un hombre que se atrinchera en su chabola. «Te vas a morir en ayunas», le responde otro. «Dispara vos que yo también te disparo». Ese diplomático diálogo es el preludio de un tiroteo, uno de los innumerables intercambios de disparos que se suceden en la Comuna 13.
En la Comuna 13 «la cabeza de cada uno tiene precio», subraya 'el Gato' en declaraciones al periodista de Efe Federico Ríos. «Y los precios los ponen los enemigos. Un muerto se puede cobrar por un melón (unos 4.000 euros) o dos», dice 'el Gato'.
La mayoría de los pandilleros coincide en realizar un sombrío pronóstico de esta guerra que se libra en el antiguo feudo del narcotraficante Pablo Escobar. La paz no existe en este horizonte de chabolas, descampados y patios de tierra prensada. «Donde hay pobreza y dolor, y se ha regado tanta sangre, eso es algo imposible», se duele 'Pipe'. Para un sujeto apodado 'El Calvo' esta guerra cotidiana sólo acaba, dice, «cuando le llega a uno la muerte o la cárcel».
La guerra larvada en Medellín causó durante los tres primeros meses de 2010 la muerte de 503 personas, un 53% más que en el mismo período de 2009. Sólo los homicidios de menores aumentaron un 138%. Las bandas reclutan cada vez más a adolescentes y niños. La Policía los califica de Organización Delincuencial Integrada al Narcotráfico (Odin). Ellos se dicen combos.
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Un adolescente miembro de una pandilla, que en Medellín se llaman combo, empuña su revólver, un Colt 45, ante la cámara. En la página de al lado, un pandillero esnifa cocaína, soldados colombianos patrullan en los barrios de la ciudad y retrato de otro joven armado.

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