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Una casa en Málaga

DEFENSA PERSONAL

Una casa en Málaga

Chalmers representa el tipo de héroe callado que se ve obligado a la heroicidad, que no la busca, sino que la encuentra porque hace en cada momento lo que su educada conciencia le dicta que ha de hacer

23.05.10 - 01:41 -
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Voy por el Limonar buscando una casa: Villa Santa Lucía. No es una casa mítica, pero debería serlo. Es la casa donde residió el científico Peter Chalmers, un gran zoólogo escocés autor entre otros del jardín zoológico de Whipsnade en Londres. También escribió varios libros, uno sobre biología, otro sobre relaciones entre evolución y la guerra (que es un precioso tratado de la involución), unas memorias, y uno dedicado a su casa de Málaga. Estos dos últimos tuvieron a un editor tan importante como T. S. Eliot, que los publicó en Faber. Mi casa de Málaga acaba de ser traducido por Andrés Arena y Enrique Girón para la editorial Renacimiento.
Chalmers llegó a Málaga por una de esas casualidades de la vida en los años veinte. A una amiga suya le habían recomendado sol y tranquilidad para paliar sus males, y encontró el mejor lugar para afrontarlos en Málaga. Después de muchas vicisitudes con varias idas y vueltas a Londres, cuando le llegó la hora de jubilarse Chalmers tuvo claro que quería pasar sus últimos años lejos del bullicio de la City, disfrutando del sol y la playa y la dulce somnolencia del sur de España, en Málaga, donde había una amplia colonia británica que no le dejaría sentirse extranjero, y unas costumbres y gentes que le habían ganado hasta el punto de que, al contrario que muchos de sus compatriotas, había decidido aprender el idioma, y estaba orgulloso de hablarlo con cierto acento andaluz. Tanto aprendió que pudo dedicarse a traducir al inglés a su autor favorito, Ramón J. Sénder, y su novela predilecta, Siete Domingos Rojos.
Ni Chalmers ni sus compatriotas podían pensar a la altura de 1934 la que se iba a armar en España. Había señales evidentes de catástrofe, pero preferían pensar que el peligro estaba lejos, en Berlín o en Roma, y que la República española sabría sortear los tiempos difíciles en los que había nacido y que no la dejarían crecer, rodeada de lobos hambrientos, aristocracia e Iglesia por un lado, que habían visto muy recortados sus inmensos privilegios, comunistas y anarquistas por el otro, que soñaban con una dictadura del proletariado y por lo tanto estaban tan lejos de una democracia como los primeros. Pero la realidad iba a dar un volantazo violento poco después de que Chalmers se instalase en Málaga, propietario al fin de aquella Villa del barrio del Limonar.
Como bien saben, si hay una ciudad en la que la Guerra Civil española mostró toda la ceguera, la violencia y el afán de venganza por los que ha pasado por méritos propios y por literatura engendrada a la Historia Universal de la Infamia, esa ciudad es Málaga. La mezquindad, el rencor, la sed de sangre inspiraron capítulos nefastos que literariamente son muy apetitosos pero que en la realidad debieron crear un clima insoportable. Chalmers nunca pierde la compostura cuando escribe, sobre el terreno -el libro fue publicado en el 38- y es capaz de reflexionar acerca de las causas -que tienen siempre algo de abstracción- de los hechos fatales -que son siempre muy concretos y están llenos de nombres propios y tragedias particulares. Escribe por ejemplo: «Jamás he encontrado en ningún país un contraste mayor entre la miseria de los pobres y el lujo de los ricos. La experiencia del pasado hizo que los pobres tuvieran la certeza de que los ricos estaban haciendo un desesperado esfuerzo por destruir las pequeñas ventajas que se habían logrado con la República y los ricos por su parte estaban convencidos de que ésta se dirigía hacia una revolución en la que ellos serían completamente destruidos». También encuentra una causa de tipo psicológico muy interesante. La falta de contacto de los liberales de izquierda y derecha -lo que significaría la anulación de la clase media como fuerza de control. Al verse obligados los unos a alinearse con los revolucionarios y los otros con los fascistas, estaban declarando cada cual por su lado que lo que viniera tendría que ser por fuerza la tumba de una República cuyo error principal consistió en no unirlos contra los radicales de uno y otro frente.
Aparecen en este libro memorable los bombardeos viles de la ciudad, muestra de destrucción indiscriminada, pero también los 'paseos' que de noche llenaban los montes de tiros (y esa imagen de unas mujeres y niños rodeando un cadáver ajusticiado de un tiro en la sien la noche antes). Aparecen también muchos nombres gigantescos: el de Koestler, es uno de los principales, el de la fotógrafa Gerda Tato, otro, el del hispanista Gerald Brenan, otro. Chalmers, valiente, honrado, justo, acogió en su casa de Málaga a muchos perseguidos. Primero, cuando la ciudad decidió mantenerse fiel a la República, pero cayó, como muchas otras, en manos de aquellos para los que la República estaba muerta y sólo era el trampolín para la Revolución, escondió a gente perseguida por 'los rojos', a pesar de que las simpatías de Chalmers estaban claras. La quema de conventos le parecía una miseria que traería consecuencias nefastas. Luego, cuando la ciudad, después del asedio, cae en manos nacionales, trata de dar cobijo y protección a personas del otro bando. Y ahí es cuando se mete en problemas.
Chalmers representa el tipo de héroe callado que se ve obligado a la heroicidad, que no la busca, sino que la encuentra porque hace en cada momento lo que su educada conciencia le dicta que ha de hacer. En Memoria Personal, de Brenan, lo retrata así, en plena vorágine: «Vestido con un inmaculado traje blanco con pajarita, era el único hombre en Málaga que se atrevía a ponerse un símbolo tan burgués». También nos dice que escondía sus simpatías izquierdistas cuando iba a casa de adinerados a pedirles dinero para ampliar su zoo de Londres, y que cuando acogió a sus vecinos, los Bolín, en su casa, para protegerlos de sus amigos anarquistas, les trataba de convencer de la necesidad de la revolución. Fascinante Chalmers, fascinante su libro 'Mi casa de Málaga', una casa que busco en el barrio del Limonar para rendir homenaje a uno de esos hombres justos que lo arriesgó todo sin necesidad de hacerlo, cuando toda la ciudad era un auténtico manicomio.
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