Mañana gris. Áspero viento. Cielo cubierto... No sería mal comienzo para una novela de misterio, sobre todo teniendo en cuenta el escenario: un cementerio. No el de los libros olvidados -que bien podría serlo-, sino el de San Miguel. Allí yace desde 1973 Jane Bowles. La escritora estadounidense vino a morir a Málaga. Aquí pasó los últimos seis años de su vida. Afincada junto a su marido, el también escritor Paul Bowles, en Tánger desde finales de los años cuarenta, su quebrantada salud y sus crisis psíquicas obligaron en 1967 a su internamiento en una clínica malagueña. Desde entonces, Jane Bowles quedaría vinculada para siempre a esta tierra. Ayer, la ciudad que la vio morir le rendía homenaje ante su tumba rehabilitada. No tiene pérdida. La reluciente lápida de granito negro recién inaugurada llama la atención entre las envejecidas tumbas de otros nombres ilustres de la talla de Muñoz Degrain, Salvador Rueda o Francisco Palma.
Junto a ellas se dieron cita ayer numerosas personalidades del mundo de la cultura para recordar la figura de la autora de 'Dos damas muy serias', esa mujer de «pelo a lo Rambeau y camisas de hombre» «capaz de convertir la vivencia en arte», consideraba el poeta Álvaro García. Junto a él, encadenaron sus voces sus colegas Vicente Molina Foix, María Victoria Atencia, Jesús Aguado, Álvaro García, Rodolfo Häsler, Aurora Luque, María Navarro, Juan Zaro y Alfredo Taján. Tampoco faltó la música. La puso, en forma de flauta, Richard Horowitz, coautor de la banda sonora de la película 'El cielo protector', adaptación que realizó Bertolucci en 1989 de la novela homónima de Paul Bowles. No en vano, para Horowitz, el escritor fue «un segundo padre», reconocía ayer.
Un momento para meditar
«Actos como este sirven para meditar sobre el sentido de nuestros viajes y nuestras vidas», apuntaba la poeta y directora del Centro Cultural Generación del 27, Aurora Luque. Al fin y al cabo, se trataba de saldar una deuda: «Málaga te debía este homenaje», declaraba el director del Instituto Municipal del Libro (IML), Alfredo Taján. Un «obligado reconocimiento», apuntaba el alcalde, Francisco de la Torre, que marcaba el comienzo de una semana dedicada al matrimonio de escritores. Con el ciclo 'El mundo de los Bowles', el IML recuerda las figuras y la obra de Paul y Jane, así como su vinculación con Málaga a través de una serie de proyecciones, una exposición fotográfica (en la galería Alfredo Viñas), mesas redondas y recitales, entre ellos, el que protagonizará Marisa Paredes mañana en el Teatro Echegaray.
No es el primer reconocimiento de la ciudad a la pareja de escritores. Hace justo 24 años, Francisco Chica y Juan Zaro entrevistaron a Paul Bowles en Tánger para la revista 'Puerta Oscura', como advertía ayer Zaro momentos antes de repasar algunos capítulos de la vida del matrimonio a través de sus textos. Como aquel referido al trayecto en autobús a México donde se enamoraron; o las cartas en las que Paul mostraba su impresión ante una Málaga «convertida en una especie de monumento nacional al turismo» o su repudio a las cruces en las tumbas.
De ahí la sobriedad de la lápida de su esposa: «Málaga a Jane Bowles (1917-1973)» reza en la piedra, en la que únicamente se puede leer algo más: «Cabeza de gardenia», calificativo acuñado por su amigo y también escritor Truman Capote. Otro amigo, el artista Pepe Carleton, tampoco quiso perder la oportunidad de reencontrarse ayer con la autora norteamericana, que, pese a sus apenas 400 páginas de obra, se lee «con gran pasión». Así lo advertía Molina Foix, que lamentó no haber podido conocer a la autora. «Me habría hecho feliz», observó el escritor, que sí tuvo oportunidad de tratar a Paul Bowles.