Es una cita obligada en su agenda casi cada año, pero confiesa que ese teatro y su público le siguen imponiendo. «¡Es una responsabilidad ponerte delante de tus paisanos!», dice, tan risueña como siempre, al otro lado del teléfono. Pasión Vega volvió anoche al Cervantes -y hoy repetirá- con un concierto «especial» en el que pone «toda la carne en el asador». Es un «'collage'» musical en el que refresca los temas de sus discos anteriores e interpreta aquellos con los que da 'Gracias a la vida'.
Todas, canciones complejas porque, como ella afirma entre risas, «no hay ninguna de cascarilla, como decíamos cuando éramos chicos». «Son historias muy fuertes y pasionales, con las que hay que estar al cien por cien; cada palabra hay que masticarla, sentirla... y eso hace que cuando acabes estés 'destrozaíta'», admite. Pero no le pesa. «Estamos aquí para alegrarle la vida a los demás y acompañarles», afirma.
Para escuchar sus temas inéditos, aún habrá que esperar. La malagueña de adopción prevé empezar a grabar su nuevo disco este verano. En estos momentos, está «en proceso de búsqueda de canciones nuevas». Prefiere no dar muchos detalles, cada cosa a su tiempo, pero avanza que seguirá ahondando en las raíces andaluzas, sin cerrarle las puertas a otros estilos. «No va a ser un disco pop, sino una mezcla de ritmos con vocabulario muy andaluz», adelanta.
Comprometida
Y es que si siempre se ha sentido comprometida con Andalucía, ahora, tras recibir la Medalla de Oro de la comunidad el pasado 28 de febrero, «mucho más». «Fue un gran orgullo para mí y para mi familia», declara. Se trata de un reconocimiento a una carrera de «pasos lentos y progresivos» y un aliciente para seguir adelante. No obstante, cada noche que se sube a las tablas recibe un galardón. «El aplauso del público es un premio diario».
El secreto de su nuevo trabajo se desvelará a finales de año o principios de 2011. Sin prisas. «No me gusta parar, pero tampoco hacer las cosas deprisa», puntualiza. Todo depende de los huecos que en su calendario particular le dejen los proyectos que tiene pendientes con otros artistas a lo largo del año. ¿Cuáles? No suelta prenda. «Ya sabes que si cuentas las cosas... no salen», aclara. Sólo adelanta que serán «diferentes a lo hecho hasta el momento».
Porque Pasión Vega únicamente se plantea límites «desde el corazón y la intuición». Al margen del rap -«mi voz no está hecha para eso, pero me gusta escucharlo»-, es capaz de afrontar cualquier canción que pueda hacer suya, a la que pueda poner su sello. «Me siento una artista muy libre, en plena curiosidad. Debe de ser así para abordar todos los estilos, todos los ambientes y todas las historias; porque al final lo que contamos son historias», asegura.
Puede que algún día Pasión Vega estampe su firma en una de ellas. Admite que escribe frases, ideas... que, de momento, guarda en un cajón porque no les ve «la calidad suficiente para convertirlas en una canción». Confiesa que siente «mucho respeto» a incluir en sus discos una canción propia «junto a otras hechas por compositores prestigiosos, con un bagaje, como Ruibal, Sabina, Perales, Violeta Parra...».
Tras la frontera
No se pone barreras de estilos, ni geográficas. Con 'Pasión en Buenos Aires', un disco que recoge la grabación en directo del concierto que el 2 de mayo del pasado año ofreció en el Teatro El Nacional de la capital argentina, se ha abierto camino en el mercado latinoamericano. «Pero me quedan muchos escenarios por conquistar», dice. Por eso, seguirá «sembrando, cosechando y trabajando» en América Latina, una tierra que «aún está en barbecho» y a la que no quiere olvidar. Y, con muchas metas cumplidas en casa, Pasión Vega mira con ganas a Europa. «¡Tengo que cantar en el teatro Olympia de París!», contesta la artista cuando reflexiona sobre los sueños que aún le quedan por cumplir. Mientras tanto seguirá recorriendo las tablas del país, esas que dice que le han «curado la timidez». «La música ha sido una terapia para mí», sentencia.