Casi medio siglo ejerciendo de letrado y más de dos décadas trabajando para la abogacía. Nielson Sánchez Stewart, ex decano del Colegio de Abogados de Málaga, ha recibido esta semana la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort, que, concedida en 2006 por el Ministerio de Justicia, reconoce los méritos de su larga trayectoria.
-¿Qué ha supuesto para usted recibir esta distinción?
-Es una satisfacción incomparable, sobre todo porque hay mucho afecto en todo el proceso. En las personas que la solicitan, que fue la junta general del Colegio de Abogados de Málaga, y en las que se adhieren a la solicitud, que fueron más de 40 colegios de abogados de España y casi todas las autoridades públicas. Y también ahora en el acto de imposición, con la presencia de tantas personalidades y amigos. Hay que verlo con toda humildad, porque no eres más o menos porque alguien te reconozca tus presuntos méritos, pero sí que ha sido un cauce para el afecto.
-¿La condecoración tiene aroma a despedida?
- El problema es que, como dice el Evangelio, la mies es mucha y los segadores pocos. Somos muchos abogados, pero no son tantos los dispuestos a trabajar por la abogacía. Los defensores necesitan alguien que los defiendan y, aunque yo no me voy a erigir defensor de nadie, sí pienso colaborar.No pretendo dedicarme a regar las plantas de las macetas de mi casa todavía. Todo llegará, pero hay muchas cosas que hacer aún.
-¿Cómo ha cambiado la abogacía en Marbella en los últimos 40 años?
-Cuando vine a Marbella en 1970 habría diez abogados y un juzgado de instrucción y primera instancia. Se ha pasado a trece juzgados y de diez abogados a prácticamente mil. Han cambiado mucho las cosas. En Marbella hemos dado ejemplo en fomentar la abogacía preventiva. Aquí no es infrecuente que una persona pida asesoramiento sin tener ningún problema. Hemos estado favorecidos porque la clientela ha sido siempre predominantemente británica y los ingleses eso lo tienen asumido porque tienen un abogado de familia. Un español, sin embargo, tiene asociada necesariamente la existencia del abogado a un problema.
-¿Cómo han afectado los casos 'Ballena Blanca', 'Malaya' e 'Hidalgo' a la imagen de la abogacía?
-Ha sido funesto. Voy a Madrid prácticamente cada semana y ha habido temporadas en las que era absolutamente insoportable la presión y los comentarios sarcásticos. Ahora eso ha pasado y se ha conseguido gracias a la intervención destacada del juez Óscar Pérez Corrales (segundo instructor del 'caso Malaya'). Es un hombre al que Marbella le debe un monumento, porque, sin descuidar en absoluto la rigurosidad y seriedad de una instrucción, ha hecho normal lo que tenía que ser normal. Sin escándalos, respetando la presunción de inocencia y con exquisita delicadeza. También nos ha ayudado el que la prensa haya contribuido a destapar en otros lugares escándalos tan grandes o muchos más grandes que en Marbella. La gente ha descubierto que hay un caldo generalizado de corrupción y que no era sólo Marbella. Lamento muchísimo el que se haya implicado de la manera en la que se ha implicado a los abogados.
- En 'Ballena Blanca' y en el 'caso Hidalgo' los principales imputados son precisamente letrados.
-Sí, pero no actuaban de 'motu propio'. No eran los abogados los presuntos responsables de las irregularidades que se cometían, sino que eran, con toda seguridad y así quedará demostrado en el juicio, sus clientes. Resultaba muchísimo más fácil imputar, detener y someter a la vergüenza pública al abogado. Sin embargo, no he visto que hayan detenido a esos clientes.
-Entiendo que es una crítica a los instructores de esos dos casos, los jueces Miguel Ángel Torres y Francisco Javier de Urquía.
-No es una crítica a ellos.
-Pero sí a sus actuaciones.
-No es una crítica a nadie en particular, sino sobre cómo hacer esa instrucción, esa investigación. En la detención de un compañero una señora me preguntó, de manera sincera, si habían detenido a Osama Bin Laden. Y es que efectivamente el despliegue era digno de la detención de Osama Bin Laden. Creo que así no se hacen las cosas.
Y en la otra instrucción (el 'caso Hidalgo') no logro entender como, después que se ha condenado al instructor por algunos elementos que influyen en la instrucción que estaba llevando, esa instrucción se mantiene.