Mejores ventas que el año pasado, alrededor de 150.000 visitantes y la promesa de una mayor atención -en ediciones posteriores- al arte latinoamericano y emergente son algunas de las pinceladas que ayer adelantó el director general de Ifema, Luis Eduardo Cortés, para resumir la edición número 29 de Arco, el encuentro dedicado al arte contemporáneo que este año ha estado marcado por la crisis económica y el conflicto entre organizadores y galeristas.
«El balance, desde el punto de vista comercial, ha sido positivo; incluso se han superado las expectativas», sostuvo Cortés. «Hay que reseñar la fidelidad del coleccionista español, que ha venido y ha invertido», añadió. Respecto a la amplitud de los espacios expositivos -para muchos galeristas, excesivo, con demasiadas zonas 'muertas'-, Cortés adujo que se ha aumentado el espacio con el fin de que el visitante «pueda contemplar las obras con comodidad y mayor perspectiva».
Sobre el espinoso asunto del número de galerías, Cortés argumentó que Ifema «no recibe subvenciones y vive de sus propios recursos. Hay quien piensa -esgrimió Cortés- que sería mejor para Arco invitar a 150 o 120 galerías en vez de a las 218 que han venido este año; estamos repensando todas las sugerencias, pero los números nos tienen que salir».
Unas cuentas que, mal que bien, parece que les han cuadrado a los dos galeristas malagueños presentes en la feria, ambos en la sección Arco 40. Alfredo Viñas se mostraba ayer «contento, dentro de lo que cabe». Viñas ha cerrado la venta de del óleo de Abraham Lacalle 'Viaje al norte' para la Fundación Unicaja y de la composición fotográfica 'Falco peregrino ordenado según su belleza' (2008), adquirida por un coleccionista privado.
Compras cerradas
En cuanto a Javier Marín, la Fundación Masaveu ha comprado en su expositor una fotografía de Iván Pérez perteneciente a la serie 'Paisajes para un animal muerto'. Además, dos obras sobre papel de Matías Sánchez han encontrado comprador. «Dada la coyuntura actual, nos hemos defendido bastante bien», resumía Marín.
Por su parte, la directora de Arco, Lourdes Fernández, salía al paso de algunas críticas -como la del director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, quien aseguró hace unos días que Arco necesita renovarse con «una mano de pintura»- argumentando que hablará con todos los galeristas con el fin de «diseñar nuevas estrategias».
Nada se dijo de ventas ni de las piezas que alcanzaron las más altas cotizaciones. «Nosotros no podemos hablar de las obras más caras; eso es responsabilidad de los galeristas; son ellos los únicos que tienen potestad para hacerlo», aclaró Luis Eduardo Cortés.