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La cultura da el salto con red

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La cultura da el salto con red

21.02.10 - 02:53 -
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A cuento de las recientes exposiciones de Chema Cobo y Wilhelm Sasnal, la página web del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (www.cacmalaga.org) se convirtió en el escenario de un par de conversaciones interesantes y, por momentos, algo tensas. De un lago, un visitante descreído que respondía al 'nick' de 'Benito'; del otro, el propio director de la institución municipal, Fernando Francés, que bajaba a la arena virtual para intercambiar impresiones con un espectador anónimo.
Esos diálogos por escrito representan un ejemplo ilustrativo de la incorporación de las instituciones culturales malagueñas a la web 2.0 y las redes sociales. Un salto con la mirada puesta en el público joven, pero dado con impulsos bien diferentes, según la entidad a la que se mire. Si el CAC Málaga o la Fundación Picasso actúan como punta de lanza de la tendencia, centros como el Instituto Municipal del Libro, el Museo del Patrimonio Municipal o el Museo de Málaga ni siquiera cuentan con web propia.
Aun así, el cambio de mentalidad en los centros culturales públicos resulta evidente. Lo tienen bien estudiado en la consultora Dosdoce (www.dosdoce.com), cuyos especialistas realizaron en 2006 un informe pionero sobre las nuevas tecnologías en la promoción de los museos españoles. Y el resultado no fue demasiado favorecedor.
«En aquel momento detectamos un miedo casi generalizado en el sector cultural ante el uso de las nuevas tecnologías sociales», recuerda el director de Dosdoce, Javier Celaya. A finales de 2009, la consultora tomaba de nuevo el pulso internauta de las instituciones culturales en el informe 'La visibilidad de los museos en la web 2.0'.
El documento analiza veinte centros expositivos de todo el país, entre ellos, el Museo Picasso Málaga y el CAC Málaga. Y en líneas generales, el resultado parece más alentador. «En estos tres años se ha producido un cambio profundo en el planteamiento del uso de las nuevas tecnologías; sin embargo, muchas instituciones no llegan a profundizar en los beneficios de estas herramientas. Resulta comprensible, porque los cambios son difíciles de implantar y llevan su tiempo», resume Celaya.
El diagnóstico de Dosdoce pone el acento en la activa presencia del CAC Málaga en las redes sociales, sobre todo, en Facebook, donde el centro malagueño cuenta con más de 11.000 'amigos'. A esa comunidad se añaden sus seguidores en Twitter (359), Delicious (31) y MySpace (123 visitas); sin olvidar las más de 7.000 reproducciones contabilizadas en su canal propio de YouTube.
Un foro de debate
«Estamos obligados a innovar en todas las facetas de nuestro funcionamiento y, en esa premisa, los sistemas sociales de intercambio de comunicación ocupan un papel esencial», remacha Fernando Francés. El director del CAC Málaga añade que la institución también se ha incorporado a redes sociales menos generalistas como Ning, Picasa o Tumblr; además de incluir en su página web un chat: «Queremos actuar como foro de debate. Los museos nos tenemos que abrir a la sociedad», apostilla Francés.
En el centro de arte malagueño se han puesto manos a la obra para construir una fortaleza intangible, pero decisiva, que los expertos resumen en dos palabras: identidad digital. La consultora Dolors Reig emplea esa expresión con frecuencia. La especialista pone como ejemplo más popular la trascendencia que tuvieron Internet y las redes sociales en la generación del estado de opinión que llevó a Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos.
«Las últimas encuestas confirman que los más jóvenes ya dedican más tiempo a Internet que a la televisión, por eso es tan importante que las instituciones culturales construyan su propia identidad digital. Si no lo hacen, otros lo harán por ellas», alerta Reig. Además, la especialista en comunicación a través de Internet también confirma una apertura creciente del sector cultural en el uso de estas aplicaciones: «Todavía existe miedo en algunas entidades, pero se empieza a ver que las ventajas superan a los posibles inconvenientes».
En ese periodo de reflexión andan los responsables del Museo Picasso Málaga (MPM). Su director artístico, José Lebrero, anuncia que la institución trabaja en una nueva web que espera presentar en octubre. «La actual página web del museo tiene unas capacidades concretas y hay que replantearse sus usos y funciones», acota.
Lebrero espera que el nuevo entorno digital sea «al menos 2.0, para favorecer el intercambio de información y para poder dar cuenta de las actividades del museo de un modo más dinámico». Aun así, el director artístico del MPM no oculta sus reparos en lo que concierne a las redes sociales: «Se trata de un fenómeno muy importante, aunque hay que saber dosificarlo para no perder trascendencia. Puede ser una buena tarjeta de visita, pero sólo ejercen esa función cuando lo que se cuenta es de verdadero interés para un grupo de personas».
Lebrero enfila el «reto» que se le presenta al Museo Picasso Málaga: «Tenemos que hablar de asuntos de la primera mitad del siglo XX con herramientas participativas propias de la primera mitad del siglo XXI». Y pese a todo, al hilo de la implicación del centro en las redes sociales, matiza: «Soy crítico con la opinión anónima sin editar».
El director de la consultora Dosdoce le da, en parte, la razón: «Las redes sociales son como los bares de moda. Puede que dentro de tres años exista otro espacio diferente en el que se junte un montón de gente, pero al final habrá otro espacio donde se reúnan las personas con intereses comunes», ilustra Javier Celaya.
Segunda oleada
Al hilo de esta reflexión, el especialista lanza un aviso para navegantes (en la Red): «Internet es un medio de nichos, no de masas. No somos todos iguales y en cada canal tienes que comunicar de una forma diferente. Por eso no vale el 'corta y pega' de documentos pensados para el papel».
En opinión de Celaya, museos como El Prado, el Reina Sofía o el Picasso de Barcelona «han asumido estas nuevas herramientas» y capitanean la segunda oleada que ya se mueve en la web 2.0. Ahí están, por ejemplo, los grupos en Facebook reunidos por los dos primeros: más de 23.400 amigos contabiliza El Prado en esta red social, mientras que el Reina Sofía supera los 21.800 'fans'.
Cifras todavía muy lejanas a las manejadas por las instituciones culturales malagueñas. En la estela del centro de arte contemporáneo se coloca la Fundación Picasso-Museo Casa Natal, que realizó una profunda remodelación de su página web en octubre de 2008. «El cambio más significativo es que, al ser nosotros mismos los administradores, nos da la posibilidad de actualizar la información de forma inmediata», argumenta la directora de la entidad municipal, Lourdes Moreno.
Aunque sus casi 500 'fans' en Facebook ofrecen un guarismo aún tímido, la representante de la Casa Natal destaca la actividad creciente en este ámbito: «Sólo en la última semana hemos tenido 34 comunicaciones de usuarios que han comentado nuestros contenidos en esta red social», apostilla Moreno.
La directora de la Casa Natal no pasa por alto la onda expansiva que estos movimientos pueden tener en la afluencia del público joven a las actividades de la fundación. Una relación causa-efecto que remacha la consultora Dolors Reig: «Cuanto más joven sea tu público, más tienes que estar en Internet».
Sin poner en cuestión ese planteamiento, el director del CAC Málaga ofrece un nuevo matiz. «Es cierto que en los últimos meses hemos aumentado de manera significativa la presencia del público joven en el centro, pero no estoy seguro de hasta qué punto ese fenómeno se debe a nuestra actividad en la web y en las redes sociales o a la propia programación del centro», esgrime Fernando Francés.
Las actividades paralelas
En ese punto, el director del centro malagueño de arte contemporáneo coincide con sus homólogos del museo y la fundación dedicados a Picasso. «Las nuevas tecnologías ofrecen grandes posibilidades para atraer a los jóvenes hacia el museo, pero en esa estrategia son igual o más importantes las propias iniciativas que emprendamos, sobre todo las actividades paralelas como las proyecciones de películas, los ciclos de conferencias o las visitas enfocadas hacia públicos concretos», reivindica Lebrero.
La directora de la Casa Natal da una nueva vuelta de tuerca: «Internet y las redes sociales tienen un papel fundamental, primero para nosotros como canal de comunicación rápido; también para nuestros usuarios, que pueden inscribirse 'on line' en talleres y cursos; y también para las empresas con las que contratamos, ya que a través de la web se agilizan las gestiones».
Así, la vida diaria de las instituciones culturales malagueña se va adaptando a los nuevos usos y costumbres que marca la Red. El consultor Javier Celaya ofrece una de las claves que marcará el futuro de estas relaciones entre instituciones y público: «Los centros culturales tienen que volcarse en crear contenidos propios para formatos móviles; además, deben abrirse a los contenidos realizados por los propios usuarios, integrarlos como parte la información práctica facilitada por la propia entidad».
Al fin y cabo, casi todos vamos a los lugares que nos recomiendan los amigos.
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