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La OFM nos lleva a recorrer dos formas de lugares sonoros: la romántica y la nacionalista

20.02.10 - 02:01 -
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La Orquesta Filarmónica de Málaga ofrece esta tarde a las 20.00 horas en el Teatro Municipal Miguel de Cervantes un concierto de temporada, con dirección esta vez de Miguel Ángel Gómez Martínez (son palabras mayores: el granadino ha sido director de la Ópera de Viena). El programa está integrado por dos piezas de diferente y convergente atractivo, unidas por un sutil y exquisito nexo. Son la Tercera Sinfonía en Mi bemol mayor, Op. 97, 'Renana', de Robert Schumann, y la versión orquestal que Enrique Fernández Arbós hiciera de la 'Suite Iberia' de Isaac Albéniz. Esta vez de la suite de Albéniz remodelada por Arbós se interpretarán 'Evocación', 'El Puerto', 'Triana', 'Corpus Christi en Sevilla', 'El Albaicín' y 'Navarra' (pieza compuesta fuera de la Suite pero igualmente adaptada por Arbós y que es habitual interpretar, y grabar, junto a las piezas antes citadas).
La primera parte del concierto la ocupa la que quizás sea la mejor sinfonía compuesta entre la época de Beethoven y la de Brahms (dicho sea con absoluta y explícita subjetividad). Schumann, tan absolutamente romántico, tan frustrado (el uso de un artilugio mecánico para proporcionarle maestría en las manos como virtuoso del piano terminó por producirle una lesión que lo apartaría para siempre de esa vocación), tan desquiciado (la depresión y alucinaciones, plenas de miedo, fueron sus más fieles compañeras), no tiene el prestigio del inmenso Beethoven, ni la alada delicadeza de su contemporáneo Schubert, pero basta esta sinfonía para hacerlo definitivamente inmortal.
Esta sinfonía, la más ambiciosa entre las cuatro que compuso Schumann, es un ejemplo fascinante de cómo se puede hacer música monotemática. Basta con el primer movimiento, 'Vivace', con un impulso que nunca se atenúa ni retrocede, con una melodía que jamás se rinde, su plenitud avasalladora, para que su cualidad de obra maestra se extienda al resto de la composición. Su denominación de 'Renana' deriva del título primero pensado por Schumann: 'Episodio de una vida en la rila del Rin'. Y es que se trata de un canto de amor hacia Alemania a través de su río central, una evocación de sus paisajes y leyendas, un ensueño germánico del que aprendería algo Wagner, confeso admirador de su compatriota. El cuarto de sus cinco movimientos, 'Maestoso', se inspira en la contemplación de la catedral de Colonia, tal como indicó el compositor en el epígrafe original después suprimido porque, según escribió el autor, «vale más que la impresión general se desprenda por sí misma». Este movimiento, además, influirá también grandemente en Mahler. Pocas obras del Romanticismo poseen tal capacidad precursora como en esta Sinfonía Renana de Schumann.
De Albéniz, protagonista musical de 2009 por el centenario de su muerte, las presentaciones pueden ser redundantes. Con una capacidad de inventiva y una osadía vital que hubiera dado para llenar varias vidas, supo aunar las esencias populares de España con un espíritu de equilibrio, el «esprit de mesure», de los franceses. Compuesta la 'Suite Iberia' entre 1905 y el año de la muerte de Albéniz, que comenzó, y abandonó, su versión orquestal, es a la muerte del autor cuando Enrique Fernández Arbós, amigo y compañero de estudios, retoma el proyecto original y orquesta lo que había sido ideado para el piano. El resultado no desmerece de las piezas originales, de manera que el nombre del orquestador se difumina en un ejercicio de honestidad artística: lo que escuchamos en los violines es el piano de Albéniz, sin añadidos desvirtuadores. El aire andaluz que posee la 'Suite Iberia', que no es sólo la obra cumbre Albéniz sino, a decir de algunos, la obra maestra de toda la música española, se debe a que entre las 12 piezas que la componen hay 11 de inspiración andaluza, y dos de ellas, 'Rondeña' y 'Málaga' remiten a esta tierra.
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