Pues sí, ya pasó. Uno de los ficus centenarios de la Alameda se ha desplomado cuan largo era.
No tenía picudos rojos, ni escarabajos, ni procesionarias. Por no tener, parece que no tenía ni hormigas. Estaba sano como un. ficus.
Eso sí, como buen malagueño, no estaba acostumbrado a soportar la 'manta' (¿qué digo 'manta'?, edredón nórdico) de agua que estamos padeciendo.
La tierra se esponjó, sus vecinos se removieron, se quedó huérfano de apoyos y, ante un 'ligero' soplo de noroeste, dio con sus ramas y sus años en mitad de la Alameda.
¿Qué será de él? Si hubiese caído una semana antes, en lugar del 'Entierro del Boquerón', podríamos haber asistido a la 'Cremación del Ficus'. Pero ahora solo nos queda esperar que la Madre Naturaleza le acoja en su verde cielo.
Eso y rezar por el resto de sus congéneres.
No porque la lluvia y los vientos puedan arramblar con el resto de sus convecinos, que esos fenómenos atmosféricos, en la Costa del Sol, no duran más de cien años, sino porque el caído habitaba junto a la acera norte, futuro itinerario obligado de la Cofradía del Santísimo Metro de Málaga en sus Pasos hacia Monte Sancha.
Si las aguas y el viento consiguieron doblegar a nuestro sano y querido centenario ¿qué no harán con el resto las excavadoras, pantalladoras, y demás 'doras' cuando entren a saco destripando el carril norte de la Alameda? ¿Están tan seguros de ni siquiera rozar las venerables raíces que pacientemente han ido extendiendo esos árboles tan malagueños? ¿Saben de cierto que esos muros de oscuro hormigón no van a afectar a su futuro crecimiento? ¿Alguien ha calculado como afectarán esas obras y el traqueteo de los trenes a esos seres, no lo olvidemos, esplendorosamente vivos?
Me temo que no. Nadie ha calculado nada ni ha pensado nada.
Miedo me da el Metro en la Alameda.
Porque, por no pensar, ni siquiera han pensado que bajo esa zona norte se van a encontrar los restos del antiguo puerto de la Málaga medieval. Porque estaba ahí, junto a las Atarazanas, la Puerta del Mar y la Torre Gorda.
¿Qué harán cuando encuentren restos arqueológicos? ¿Pararán las obras y desviarán el Metro o los enterrarán con alevosía y nocturnidad como ya se hizo con las excavaciones de la calle Alcazabilla?
Lo dicho, miedo me da.¡perdón!... me dan los del Metro