«Hemos rozado el larguero», asegura el galerista Nacho Múgica, aludiendo al pasado conflicto entre la dirección de Ifema, entidad propietaria de Arco, y su comité asesor. «El asunto se les fue de la manos», añade. El acuerdo, firmado hace un mes, salvó la celebración de la vigésimo novena edición de la feria española de arte contemporáneo más importante. Desde hoy y hasta el domingo, el gran mercado de la plástica abrirá de nuevo sus puertas en Madrid.
La resolución del conflicto impidió un boicot de buena parte de sus habituales participantes. «Muchos pensábamos que en esta ocasión íbamos a perder dinero y, en una situación en la que nos preguntábamos cómo saldríamos sin grandes daños, parecía que la dirección nos echaba chinas en el camino», confiesa el marchante. A su juicio, el enfrentamiento no surgió de la mala voluntad de la entidad sino como resultado de una decisión unilateral de «alguien» que no tenía experiencia en el mundo del arte.
Sin embargo, para Oliva Arauna, una de las asiduas del encuentro, lo ocurrido no fue una excepción. «Lo que no entiendo es la repercusión obtenida porque en otros casos, muy similares, no se ha enterado la prensa», alega. «Al menos en dos ocasiones anteriores se ha pretendido lo mismo, es decir, que entraran amigos en la selección». Además, la galerista cree que la dirección tenía que haber permanecido con el comité mientras se produjo el debate.
Un conflicto innecesario
Su colega José Martínez, de Espacio Mínimo, no esconde la gravedad del enfrentamiento. «La polémica quedó zanjada en el momento justo, si hubiera proseguido habría sido terrible», explica, aunque lamenta el alcance de, a su parecer, un hecho innecesario y que se podría haber evitado mediante el diálogo. «Al menos, queda el compromiso de que nos escucharán de ahora en adelante», aclara.
En cualquier caso, la dirección de Arco es optimista y no cree que las desavenencias hayan provocado un descrédito de la feria y apunta, como resultado positivo, el acuerdo con las galerías para definir su futuro. Asimismo, el pacto determina que tan sólo un comité formado por Ifema, una representación de las galerías y de los órganos rectores, decidirá la selección definitiva en cada convocatoria, una postura que, teóricamente, ha de impedir nuevos rifirrafes.
El reforzamiento del criterio de calidad sobre el de cantidad tenía que caracterizar esta edición, según declaraciones de Lourdes Fernández, directora del certamen. Tras la polémica y el clima de recesión económica que no remite, la cuestión de la rentabilidad, la incertidumbre ante unas ventas dudosas, se ha convertido en el interrogante más importante para todos los implicados en la cita.
Pero la crisis no ha de repercutir necesariamente en el balance final. «Una cosa es que la situación es mala, todas las galerías lo afirman, y otra que esta coyuntura implique que la feria vaya a funcionar mal», precisa la directora. «Creo que, curiosamente, la mayoría de las transacciones de la temporada se producirán aquí».
En su opinión, el parón de ventas de los últimos tiempos evidencia que los compradores actúan con mayor precaución a la hora de decantarse, que hay menos prisas para cerrar adquisiciones de envergadura y muchos se guardan para Arco. El récord obtenido por la escultura 'El hombre que camina' de Alberto Giacometti, subastada hace unos días por 104,3 millones de dólares en Sotheby's, puede también mejorar el clima. «Porque prueba que el mercado del arte está activo, es sólido y maneja cifras millonarias», defiende Fernández.
Ganas de comprar
Las paradojas no son infrecuentes en este ámbito. Sin negar que esta etapa es difícil, el dueño de Espacio Mínimo reconoce que el año pasado fue el mejor, con diferencia, de su paso por la feria madrileña. Su tesis también concuerda con la de Fernández. «Arco crea una burbuja», arguye. «El coleccionismo se retrae durante la temporada hasta llegar a estas fechas. Las ganas de comprar no están en crisis y los aficionados las suelen satisfacer incluso por encima de sus posibilidades».
Olivia Arauna no confía en repetir el techo conseguido hace tres años, aunque mantiene la esperanza de repetir un balance positivo. Su apuesta se basa en una oferta muy atractiva, basada en la exposición de piezas significativas. «Lo que hay que hacer en momentos delicados», afirma, una estrategia que coincide con la pergeñada por José Martínez. «No nos planteamos un 'stand' de segunda», sostiene. «Nos encontramos en un escenario de crisis económica, no de creación. Todas las galerías vamos a hacer apuestas fuertes para convencer a un comprador que ahora se lo piensa más. No bajaremos la guardia».
En cualquier caso, nadie parece alentar la perspectiva de ventas excepcionales. «No será una edición especialmente buena», sospecha Nacho Múgica, para quien estas coyunturas complicadas exigen un esfuerzo especial.
En este sentido, el galerista opina que hay que hacerlo muy bien para encontrarse bien posicionado cuando se vislumbre la salida del túnel. «Si te despistas y te descubren en la quinta fila, te barrerán», mantiene. Además de capear el temporal, este galerista se plantea la necesidad de llevar a cabo sustanciales cambios en la estructura de Arco y, en concreto, habla de los elevados costes que exige la participación.
Demasiados gastos
Según sus cálculos, los gastos fijos varían entre los 30.000 y 60.000 euros en función del 'stand' y, aunque defiende que tal desembolso tiene su razón de ser en periodos de bonanza, discute su idoneidad en las actuales circunstancias. «No tiene sentido ocupar 150 metros cuadrados y dedicar un espacio inmenso a presentar escasas obras», sugiere.
Las transformaciones experimentadas por el sector exigen otras plataformas y, a su juicio, el coleccionista ya se ubica perfectamente con las imágenes del ordenador y la exhibición de las piezas en un 'show room' de escasas dimensiones. «Las ferias deben profesionalizarse, precisan menos espacio expositivo y más lugar de encuentro para cerrar negocios». También rechaza el aspecto más espectacular, un tanto banal, del encuentro, imán para los medios de comunicación.
Para Oliva Arauna, la copia del modelo de Arco evidencia su efectividad. «Pero otra cosa es que es carísimo y siempre lo ha sido», señala y propone que, ya que esta edición cuenta con un día menos, deberían haberse reducido en consonancia los gastos. El responsable de Espacio Mínimo considera que la evolución resulta indispensable tanto para las ferias como para las galerías. Ahora bien, aunque la fórmula mantenga su vigencia, José Martínez señala la necesidad de precisar la personalidad, objetivo de todas, incluso de la que tiene lugar en Basilea, la más importante del circuito. En la consecución de tal objetivo, plantea medidas como la reducción de sus dimensiones y la limitación de la concurrencia.
Piedra de toque
La figura del coleccionista siempre se convierte en la piedra de toque cuando se habla del futuro. «Es un fenómeno muy reciente», afirma y cree que la feria ha generado un 'espejismo' porque su calidad y posición internacional son «infinitamente superiores» a la realidad española del comercio del arte. «Ha contribuido decisivamente a crear coleccionismo, a afianzar un colectivo cada vez más amplio, serio, y que ha permitido no depender tanto de las compras institucionales».
La respuesta de Lourdes Fernández al planteamiento que exige renovación es contundente: «Una cosa es el modelo, otra, las tarifas». «Somos la más barata de todas las ferias de prestigio», concluye.