Aunque sea de mentira y su titular no sea realmente un viajero, sino uno de los casi 400 figurantes que ayer caminaban por la T-3 tirando de sus maletas pintadas con números de identificación, fijándose en cada panel informativo, en busca de su puerta de embarque para poner a prueba las instalaciones. Ahora hacer cola para pasar los arcos de seguridad. Cinturones fuera, ni líquidos ni nada parecido en el equipaje y directo a la puerta de embarque. Fin del trayecto, por ahora.
Mientras, la actual T-2 dará prioridad a los vuelos del resto de naciones no pertenecientes al tratado Schengen y de bajo coste. A su vez, con la apertura de la terminal T-3 el único arco de seguridad para el acceso de viajeros será el ubicado en este recinto, mientras que la antigua T-1 quedará sin servicio para los viajeros.







