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Entre la física y la filosofía

ALGECIRAS

Entre la física y la filosofía

09.02.10 - 01:39 -
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La presencia de Jorge Guillén impone a primera vista. Su envergadura haría retroceder a cualquier atacante en potencia. Saluda a sus alumnos de aikido enfundado en un kimono y una hakama que refuerzan la severidad de su figura. Comienzan las explicaciones y los acontecimientos se desarrollan en contra de lo que habrían previsto quienes no le hayan visto trabajar con anterioridad. Sus movimientos son fluidos y se suceden con la precisión del que conoce al milímetro las leyes de la física. No necesita fuerza para derribar en pocos segundos a un uke de de cerca de un metro noventa de altura. Es, en opinión del maestro, cuarto dan aikikai y siempre afable, una de las claves del aikido.
Guillén impartió un seminario de aikido durante el pasado fin de semana en el Cai-Club de Algeciras, dirigido por José Antonio Mérida, y que cuenta en la actualidad con una veintena de alumnos de esta modalidad que, como explica el maestro (sensei), no es en realidad un deporte. «Tiene su componente físico, pero no está considerado generalmente como un deporte; es más bien una aplicación filosófica, una forma de trabajo y, como dice el maestro Christian Tissier, un medio de comunicación y de relación entre las personas».
Al alcance de todos
Ver una de sus clases ayuda a comprender su visión del aikido. Hay personas de todas las edades, con una media de 30 años; con las constituciones físicas más diversas; principiantes, expertos, hombres y mujeres. La amplitud del aikido para acoger a todo tipo de practicantes es uno de sus principales atractivos y hace que tenga numerosas aplicaciones en la práctica.
«El aikido tiene muchas posibilidades, tanto en defensa personal para mujeres como para los niños, especialmente en casos de violencia de género o violencia escolar», asegura. «Cuando doy clase a los niños no les enseño a hacer técnicas contra adultos porque no sería lógico, sino cómo evitar que les atrapen y cómo salir de cualquier tipo de agarre o ataque para salir corriendo», aclara. No obstante, la espectacularidad de las imágenes de los ejercicios con Mérida podría hacer surgir algunas dudas entre los más indecisos. «Ocurre lo mismo que cuando vemos deportes que nos parecen impresionantes, pero todo tiene su proceso , los compañeros que hacen este tipo de caídas llevan muchos años y concen el sistema para llegar a ese punto».
El papel de la fuerza para derribar y controlar al contricante es casi inexistente. Guillén comenta que hay quienes creen que las caídas son simuladas. Nada más lejos de la realidad. La principal diferencia con otras artes marciales es que no hay competición y se requiere un ataque previo para poder actuar. Surge la duda de qué ocurriría si se hiciera un mal uso de lo aprendido. «Se puede hacer un mal uso de cualquier arte marcial, realmente depende de la persona», dice Guillén. Sin embargo, matiza que quienes «no conectan» con el aikido suelen marcharse por iniciativa propia. «Quien tiene un carácter agresivo busca cosas que aquí no encuentra, vienen al gimnasio porque quieren pegar a otra gente, se dan cuenta de que esto no va así y se van».
Hay otros valores más allá de la defensa personal. El aikido tiene algo de danza y mucho de superación. La superación de los propios límites y aprender a afrontar los problemas desde varias perspectivas son dos de los aspectos más valorados por los alumnos. «El aikido», apunta Guillén, «te involucra mucho en la cultura japonesa y, sobre todo, te proporciona buenas vibraciones, muchos amigos y otra manera de conocer a la gente y compartir con ellos lo que tú haces para que cojan lo que les guste».
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Jorge Guillén (izquierda) y J. A Mérida durante el curso de aikido impartido en Cai-Club. :: S. B.

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