La Universidad de Málaga regulará el uso de móviles y otros dispositivos electrónicos en sus aulas

Estudiantes, con sus móviles y portátiles en las mesas de trabajo habilitadas en el vestíbulo de la Facultad de Económicas. /Migue Fernández
Estudiantes, con sus móviles y portátiles en las mesas de trabajo habilitadas en el vestíbulo de la Facultad de Económicas. / Migue Fernández

La normativa pretende atajar las molestias y distracciones y en todo caso será el profesor el que determine cuándo y cómo usarlos

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

Los móviles y otros dispositivos electrónicos han entrado con fuerza en las aulas universitarias. Hasta tal punto que es frecuente que durante una clase suene un teléfono porque al estudiante se le olvidó ponerlo en silencio. En otros muchos casos, los ‘zumbidos’ y vibraciones que avisan de las notificaciones que llegan de las distintas aplicaciones resuenan en el silencio de la clase. Un móvil ha sido también la causa de la primera denuncia judicial que una docente ha puesto a una alumna: la discusión por el teléfono y un forcejo entre ambas terminó con una lesión de la profesora. El propio Defensor Universitario advirtió en su último informe de que los móviles se están convirtiendo en un problema para la convivencia de los estudiantes.

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De esta manera, el consejo de gobierno del pasado mes de febrero aprobó elaborar un reglamento por el que se regula el uso de dispositivos electrónicos en los espacios docentes, dentro del plan anual normativo de la institución para este año. Ya hay universidades, como la de Baleares o Castilla la Mancha, que han dado este paso, no sin oposición por parte de los alumnos. En la UMA, su consejo de estudiantes aún no tiene una postura al respecto, y esperarán a que se les presente un borrador de proyecto de reglamento.

Flexible

Una comisión ya está trabajando sobre este reglamento, que se pretende sea efectivo ya a partir del próximo curso. Los alumnos tendrán a partir de entonces prohibido el uso de dispositivos electrónicos, fundamentalmente los teléfonos móviles, en la clase. Será la norma general, pero será decisión del profesor utilizarlos o no en determinados momentos. No será una normativa rígida, y se contemplarán excepciones. El uso sí estaría permitido si el tipo de actividad así lo aconseja, que lo autorice el profesor o que lo requiera un estudiante por tener algún tipo de discapacidad o necesidades especiales.

«Es raro el día que no suena un móvil en clase; hay quien deja el coche en doble fila y le llaman para retirarlo», dice una alumna de Económicas

Desde la UMA se entiende que la sociedad es digital, y la utilización de dispositivos electrónicos es habitual en una generación de jóvenes que ya se consideran ‘nativos digitales’. Quizás por esto los alumnos se toman una libertad que en ocasiones choca con el normal desarrollo de la clase. No llegan al conocimiento de las autoridades académicas, ya que quedan en el ámbito del aula, pero distintas fuentes coinciden en que ya hay cierto malestar entre los profesores por cuanto supone una interrupción casi continua del normal desarrollo de una clase.

«Sentido común»

Julio Ruiz Palmero, profesor titular de Tecnología Educativa en la Facultad de Ciencias de la Educación, ha presidido el comité organizador del 6.º congreso internacional Buenas Prácticas con TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), recientemente celebrado en la UMA. Asegura que no está de acuerdo con las prohibiciones, y que prefiere la autonomía del docente para organizar sus clases. «Creo que la clave está más que en la regulación, en la autonomía del docente y en la libertad de cátedra para utilizar o no unos determinados dispositivos y para darle un uso con fines docentes dentro del aula», señala.

El profesor Ruiz Palmero no está de acuerdo con las prohibiciones, y de hecho en sus clases «utilizamos móviles y todo tipo de dispositivos, como tabletas o portátiles». Utilizan la metodología de la clase invertida, en la que los alumnos estudian en casa y las clases se utilizan para hacer trabajos y resolver dudas, de manera que los dispositivos electrónicos son una herramienta imprescindible en esta metodología. Pero «otra cosa es el mal uso que se haga de la tecnología, prohibir por prohibir no lo comparto, aunque entiendo que cada aula y cada asignatura es un mundo. Yo insistiría en la autonomía de cada docente para organizar sus clases de la manera que crea más oportuna. Y todo dentro de la lógica y de lo que dicta el sentido común».

Julio Ruiz considera «muy desagradable» el incidente del móvil en un aula de Psicología que ha terminado con una denuncia judicial de la profesora a una alumna, y entiende que este nuevo reglamento trate de evitar problemas como este.

En la Facultad de Económicas, la opinión de los alumnos sobre esta medida era muy dispar. Para algunos, como Juan Luis, en 2.º de ADE, prohibir el móvil en la universidad «es un contrasentido» y afirma que «no sabría estar si él al lado». Otros compañeros, con los que comparte mesa mientras realizan con móviles y en el portátil un trabajo para clase, creen que hay ocasiones en que «resulta molesto», sobre todo porque «siempre hay algún despistado que no lo pone en silencio». Paula, de 3.º de Economía, apunta otro dato interesante: «como en El Ejido no hay aparcamientos, muchos compañeros que vienen en coche lo dejan en doble fila, con un cartel en el parabrisas con el número de teléfono apuntado. Así que raro es el día en que no suena un teléfono y el compañero tiene que salir corriendo a quitar el coche porque tiene una llamada, provocando molestias a los compañeros e interrumpiendo la clase».

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