El reto de editar al otro lado del núcleo literario

Malcom Otero, Pablo Aranda, Lorenzo Silva y José Luis Amores, ayer en el Rectorado. /Fernando Torres
Malcom Otero, Pablo Aranda, Lorenzo Silva y José Luis Amores, ayer en el Rectorado. / Fernando Torres

Profesionales del mundo de las letras debaten sobre la aventura de la industria del libro en la periferia

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

El universo literario que envuelve los libros nace de la mente solitaria de su autor y llega a las manos del lector gracias al esfuerzo de una cadena humana, generalmente agrupada en grandes editoriales. Madrid y Barcelona suelen acaparar los principales nombres propios de este entramado mercantil, hábil en sus movimientos e inteligente en lo que al marketing se refiere. No obstante, existen infinidad de satélites que orbitan diseminados por el resto de España, con menos músculo pero «más hambre». La primera jornada del curso de verano de la UMA sobre edición literaria, celebrado en el Rectorado con la colaboración de la Fundación Málaga, que cuenta con profesionales de renombre, se centró en «la aventura» de procesar, gestionar y publicar libros «en la periferia». Como representantes del concepto independiente, José Luis Amores, director de Pálido Fuego; Malcom Otero, de Malpaso, y Lorenzo Silva, escritor y editor de la editorial Playa de Ákaba, integraron la mesa redonda, que fue moderada por Pablo Aranda, escritor y articulista en SUR.

Las ideas eran muchas y los oyentes no faltaron a su cita, expectantes y ávidos de respuestas –este ciclo ha batido récords de convocatoria en la historia de los cursos de verano de la UMA, ya que las solicitudes han superado con creces las cincuenta plazas ofertadas, según apuntó su director, el literato Antonio Soler–. Aranda abrió la sesión destacando la juventud de las tres empresas representadas, síntoma de los buenos vientos en el sector. Además, puso ejemplos de decisiones arriesgadas que se tornaron en el éxito de dichas editoriales, traducciones imposibles o títulos sin garantía que han posicionado a las marcas como referentes del sector independiente de la industria.

«Si no hay pasión detrás de cada título es imposible ser editor o escritor, hay que elegir cosas que te gusten»

José Luis Amores, creador de Pálido Fuego, expuso ante los asistentes los motivos y decepciones que le llevaron a crear su editorial. Tras toda una vida como lector, descubrió que en muchos casos los libros traducidos ven sus páginas reducidas, «por motivos económicos». Indignado y disconforme con no poder acceder a la totalidad de algunas obras, decidió empezar a leer títulos en inglés, «acompañado de un diccionario y haciendo un esfuerzo extra». Gracias a esa decisión, descubrió «un universo desconocido» en España, decenas de autores de gran reputación en sus países de origen que se habían quedado atrapados en la frontera de la traducción. Pálido Fuego –en referencia a la novela de Vladimir Nabokov, en la que un periodista se obsesiona con dar la primicia de la última publicación de un poeta–, nace para dar salida a ese material. Traducciones arriesgadas de libros que no ofrecen garantías «pero que en muchos casos llegan a tener un éxito notable».

Con respecto a este esfuerzo independiente, Otero subrayó las nuevas oportunidades nacidas en los tiempos modernos:«El mundo ha cambiado. Antes conseguir un autor grande dentro de una editorial pequeña era muy difícil, casi imposible». Sin embargo, la nueva mentalidad de los agentes del sector ha permitido que su sello, Malpaso, se haga con la distribución en España de obras de David Foster Wallace o de Pew Die Pie, el videoblogger más famoso del mundo.

Malcom Otero aseguró que «hay espacio para todos», tanto grandes grupos como empresas medianas y pequeñas. «La periferia –entendida a nivel geográfico y empresarial– permite que ocurran muchas cosas; siempre habrá libros para editar». Con esta visión positiva, recordó que los fenómenos editoriales son «impredecibles», algo que beneficia a los independientes, ya que las grandes empresas «se conforman con el sota, caballo y rey». «Los pequeños tenemos más hambre», prosiguió Otero, y situó la «curiosidad del editor» en el centro de la industria literaria:«Pálido Fuego no existiría sin la ambición de Amores por encontrar títulos valiosos. Los riesgos a veces traen buenos resultados, otras veces malos, pero si lo haces convencido, algo se queda siempre».

Consejos para ser editor

Lorenzo Silva, autor de obras como ‘La niebla y la doncella’, aportó una doble visión, la de escritor y editor, algo muy enriquecedor según apuntó el director del curso. Silva coincidió con Otero en cuanto al mayor apetito de los editores pequeños que, además, tienen mayor capacidad de movimiento: «Es la misma diferencia que hay entre un camión de 16 toneladas y un ciclomotor. El trailer tiene mayor potencia, pero la moto se puede meter por espacios más pequeños sin asumir riesgos». Así, los editores de los grandes conglomerados «pueden salvar el año con el sota, caballo y rey y su poder comercial, yendo a lo seguro sin la necesidad de buscar caminos alternativos como los independientes», añadió.

Una de las preguntas de los asistentes al curso versó sobre las claves para convertirse en editor, un mundo por lo general desconocido, como señalaba Soler en la presentación de las jornadas. Silva les apremió a escribir y editar cosas «que apasionen», el mismo consejo que se da a sí mismo «cada día». «Es difícil mantener el entusiasmo, pero hay que hacerlo». También recordó que las editoriales «son empresas, con gastos y números que hay que saber manejar».

Amores se sumó a Silva en cuanto a la necesidad de la ilusión en la edición:«Tiene que haber pasión detrás de cada título». No obstante, el empresario debe sobreponerse al lector empedernido: «He leído cosas apasionantes que no he editado».

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