Aida Auñón, mejor alumna de la UMA en ingeniería: «Nada impide que una mujer sea una buena ingeniera»

Aida Auñón, ante la Escuela de Ingenierías Industriales de la UMA, donde terminó sus estudios el pasado junio. /Fran Acevedo
Aida Auñón, ante la Escuela de Ingenierías Industriales de la UMA, donde terminó sus estudios el pasado junio. / Fran Acevedo

La mejor alumna de su promoción ha recibido además el premio por la mejor nota del máster en Ingeniería Industrial

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

Un sueño hecho realidad. En el colegio empezó a interesarse por las energías renovables. Y hoy, con tan solo 25 años, trabaja en una empresa que fabrica paneles solares para satélites. Y muy cerca de donde estudió. Aida Auñón Rodríguez tiene un expediente envidiable, aunque ella se muestra modesta. Ayer viernes, con motivo de los actos del patrón, la Escuela de Ingenierías Industriales de la UMA reconoció la excelente trayectoria de su ya ex alumna. En una carrera eminentemente masculina (más del 80% del alumnado son hombres), la mejor de la promoción ha sido una mujer.

Ha estudiado el grado de Ingeniería Mecánica, con el mejor expediente de su promoción. Y ha cursado también el máster en Ingeniería Industrial, con la mejor calificación, un 9,03. Aida ha tenido poco margen para relajarse y descansar después del duro trabajo que ha supuesto sacar una carrera y no solo aprobando, sino con buenas notas. «Hay que trabajar mucho, desde el primer día, hay que estudiar a diario», reconoce. Terminó en junio pasado y apenas una semana más tarde ya estaba trabajando. Ha sido uno de los contratos que ha propiciado el plan de Primera Oportunidad de la Diputación y la UMA. En su caso, está trabajando en DHV Technology, una empresa del PTAdedicada al diseño y fabricación de paneles solares fotovoltaicos para aplicaciones espaciales y aeronáuticas.

Consejo familiar

Aida Auñón estudió en Maristas y después Secundaria y Bachillerato en Teresianas. Con un 13,33 en selectividad, su nota estuvo entre las diez mejores de la UMA, y fue la mejor nota de admisión al grado de Ingeniería Mecánica. Con esa nota, «muchos me preguntaban que por qué no estudiaba Medicina». Pero ella lo tenía claro. No solo porque no le guste ver la sangre: ya en el colegio le surgió el interés por todo lo relacionado con las energías renovables. Y el mejor consejero lo tenía muy cerca: su padre, Juan Antonio Auñón, es ingeniero industrial y profesor de la escuela. «Me aconsejó estudiar Ingeniería Mecánica, es muy versátil, tocas muchas ramas y al final tienes una formación muy interdisciplinar, porque todas las especialidades están muy relacionadas». Su madre, Dolores Rodríguez, también trabaja en la UMA y su hermano ha seguido los pasos familiares y estudia Ingeniería Mecánica.

Con 25 años, ha terminado sus estudios y trabaja en una empresa del PTA que fabrica paneles solares para satélites

Sus buenas notas le brindaron la oportunidad de trabajar en el departamento de Máquinas y Motores Térmicos, primero con una beca de colaboración del Ministerio de Educación y después con la beca de iniciación a la investigación de la UMA. Su trabajo de investigación en este departamento, relacionado con los motores Stirling, se presentó como ponencia en un congreso internacional sobre este tipo de motor térmico, inventado hace dos siglos por un reverendo escocés y que están de plena actualidad por su capacidad de generar energía eléctrica con el calor que produce, por ejemplo, el sol.

Pertenece a la primera promoción de los nuevos grados, implantados con el plan Bolonia. Considera que el nivel de la escuela es muy bueno, equiparable al de cualquier otra universidad europea. Una afirmación que hace desde la experiencia de haber pasado un año en una universidad de Edimburgo con la beca Erasmus. Una vivencia «que recomiendo a todo el mundo. Te da independencia, tienes que resolver los problemas por ti misma y aprendes a valorar más lo que tienes», explica. Como la propia universidad y escuela en la que ha estudiado. «Aquella escuela no es mejor que la nuestra, incluso aquí hay asignaturas en las que son mucho más exigentes y profundizan mucho más en los conceptos».

«Con 13,33 en selectividad me preguntaban por qué no estudiaba Medicina, pero yo tenía clara mi vocación», afirma

Un nivel de exigencia que lleva a muchos estudiantes a tirar la toalla. «En primero empezamos tres cursos de 60 alumnos. En segundo ya quedamos solo dos grupos», recuerda. Y ella era una de las pocas mujeres, apenas diez en el primer curso de la carrera. «Ahora se ven más chicas por la escuela, y eso está bien, no hay nada que impida a una mujer ser una buena ingeniera», afirma.

Los estudios no han alejado a Aida de las inquietudes de los jóvenes de su generación. Todo lo contrario. Se ha dedicado a la ingeniería y, en concreto, a las energías renovables, convencida de que «en nuestra mano está hacer algo por nuestro planeta. Si seguimos así, nos quedamos sin recursos». Toda una declaración de intenciones para iniciar una brillante carrera profesional.

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