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Diego Vera: «Una universidad no es buena o mala por lo que indique un ‘ranking’»

Diego Vera lleva 33 años ejerciendo la docencia y la investigación.
Diego Vera lleva 33 años ejerciendo la docencia y la investigación. / Sur
  • La internacionalización y la vinculación con el tejido empresarial y productivo, entre los objetivos del director general de la Fundación General de la Universidad de Málaga

Diego Vera fue el primer catedrático de Derecho administrativo en salir de las aulas de la propia Universidad de Málaga, algo de lo que se siente especialmente orgulloso. Lleva 33 años ejerciendo la docencia y la investigación y tiene cientos de publicaciones. Es director del Máster oficial sobre ‘Ordenación del Territorio y Urbanismo’ de la Universidad de Málaga, presidente de la Junta Rectora del Parque Natural de los Montes de Málaga –desde la que impulsa el proyecto de ampliación del Parque Natural–, dirige un estudio internacional sobre el derecho de los pueblos indígenas de Latinoamérica y, entre sus múltiples funciones, la pasada primavera se añadió la de ser Director General de la Fundación General de la Universidad de Málaga. Desde su llegada se han visto cambios evidentes, refrendados por el éxito de los cursos de verano. Además defiende que «la Universidad es investigación» y que por tanto la burocratización de la misma debe resolverse pronto.

–¿Qué ha sido de la Fundación en el pasado y qué pretende usted que sea en el futuro?

–Cada nuevo equipo de gobierno tiene sus proyectos y su impronta a la hora de ejecutarlos. En el pasado había unos proyectos y en este nuevo periodo hay otros, diferentes. Lo que conozco bien es el presente, los cambios que hemos realizado y queremos realizar y los proyectos de futuro.

–Entre esos cambios, se ha visto cierta impronta más aperturista, sobre todo en los cursos de verano, con cursos de indudable éxito sobre cómic y sobre la serie ‘El Ministerio del Tiempo’.

–A través de estos cursos la Universidad se visualiza para determinados colectivos y en determinados lugares donde no lo hace habitualmente. Este año se han realizado muchos cambios y el resultado ha sido muy positivo. Hemos incrementado sustancialmente los alumnos matriculados, la presencia en medios de comunicación y el impacto en los municipios. Además, la complicidad con Ayuntamientos y entidades privadas ha sido absoluta. Vamos a intentar renovar aún más para el año que viene.

–También tuvo piedras por el camino, como el curso que se iba a hacer sobre terapias alternativas en la que profesores de la Universidad mostraron su desacuerdo, ¿no tiene la sensación de que la universidad a veces vive de espaldas al mundo?

–Creo que la universidad como colectivo no vive de espaldas al mundo, eso no significa que existan casos puntuales. Sí creo firmemente que la universidad pública no debe rechazar ningún debate. El único límite está en la vulneración de las leyes. También creo en la libertad de pensamiento y expresión. Hay que tener mucho cuidado en estigmatizar temas, actividades, materias… Es un camino muy peligroso. Mucho más cuando estamos hablando de un curso de verano.

–¿El carácter privado de la Fundación le causa algún problema a la hora de diseñar sus estrategias?

–En absoluto. No solo no causa problemas sino que es un buen instrumento para ayudar en la consecución de los objetivos que tiene encomendada la universidad pública. Un número importante de las universidades españolas y europeas tienen instrumentos parecidos. Esta fórmula de régimen privado que no debe ser utilizada para realizar determinadas actividades y funciones, es un magnífico instrumento para conseguir otros. Lo importante es que la Fundación no sea un objetivo en sí mismo, sino un instrumento –otro más–para ejecutar la política pública universitaria.

–Y en este sentido de instrumento ¿cuáles son los objetivos reales de la Fundación al margen del tópico de difundir la cultura, el deporte…?

–Lo que pretendemos es que la Fundación sea un instrumento eficaz en manos de la Universidad de Málaga, que tenga mecanismos de funcionamiento eficaces y transparentes. Me reitero en la idea de que nuestros objetivos son los objetivos de la Universidad de Málaga. No vamos a dejar de potenciar muchas de las actividades que ya hacíamos, aunque de manera diferente: la formación, cursos de verano y otoño, idiomas, investigación médica, español para extranjeros, cátedras especializadas, fomento del emprendimiento….

–¿Y los nuevos objetivos?

–La internacionalización, con especial referencia a Latinoamérica, para ello ya tenemos una serie de proyectos de envergadura en marcha. Otro es la vinculación con el tejido empresarial y productivo de Málaga, a través de algo que hemos denominado Empresa amiga, con la posibilidad de creación de un Observatorio de Estudios Portuarios. Por último, actuar en el estudio y puesta en valor del patrimonio histórico-cultural, material o inmaterial, de Málaga y su provincia.

–Establecer lazos con Latinoamérica parece lógico…

–La Universidad de Málaga tiene mucho que ofrecer, también mucho que aprender, en el inmenso escenario latinoamericano. Y en este sentido tenemos que ordenar e intensificar todas nuestra relaciones.

–¿Por qué considera que ninguna universidad española figure entre las cien primeras del mundo?

–Probablemente son múltiples motivos. La financiación puede ser una de ellos. También dependerá del ‘ranking’ que se utilice. Pero con independencia de nuestro lugar real, creo que las universidades españolas no se han tomado muy en serio la aportación y la visualización de los datos que justifican el lugar que se ocupa. Los méritos existen pero muchas veces no se ponen de manifiesto en tiempo y forma.

–¿Y no es un tema que preocupe?

–Esa es una cuestión diferente. No seremos una buena o mala universidad por lo que indique un ‘ranking’. Nuestra virtud estará en el nivel de cumplimiento de la función que tenemos encomendadas como servicio público. Tener un premio Nobel en plantilla te permite ascender en el ‘ranking’, pero ello no asegura que estés cumpliendo tu función docente e investigadora, tu formación de ciudadanos y profesionales.

–Entonces, ¿qué modelo defiende usted?

–Hay que defender un modelo social de Universidad, que no sólo aspire a la calidad académica, sino que también se comprometa en el uso del conocimiento que genera y difunde. Que la universidad sea también un agente activo de desarrollo socioeconómico, hacia un país basado en el conocimiento. No conozco ningún país avanzado sin un sólido sistema universitario, y al revés.

–¿Cómo?

–La función social de la Universidad es múltiple. Debe crear y difundir los conocimientos cada vez más completos que se alcancen por la investigación. Debe preparar buenos profesionales que apliquen técnicas y métodos útiles a la sociedad presente y futura, y que sean capaces de seguir atentamente el adelanto de sus profesiones durante toda la vida. Y, sobre todo y ante todo, debe formar ciudadanos capaces de pensamiento y de acción inteligente, decididos y realizadores.

–Y, sin embargo, en ninguna universidad europea los profesores tienen tanta carga administrativa que le impide la imprescindible actividad investigadora…

–Sin duda. Creo que la universidad española tiene que solucionar urgentemente este tema. El sistema se está burocratizando y, además, todas las reformas se quieren realizar a coste cero. Todo ello está limitando la investigación. La Universidad es investigación.