Diario Sur

«Los rankings clasifican de manera falsa e injusta, privilegiando el modelo anglosajón»

El profesor Haug, durante su conferencia en la Facultad de Comercio y Gestión.
El profesor Haug, durante su conferencia en la Facultad de Comercio y Gestión. / Álvaro Cabrera
  • Guy Haug, experto en educación superior, asesor de la UE y la OCDE, y uno de los padres del ‘Plan Bolonia’

  • Este sociólogo francés ha participado en unas jornadas sobre innovación educativa en la Universidad de Málaga

Está considerado uno de los ‘padres’ del Espacio Europeo de Educación Superior, el conocido ‘Plan Bolonia’, que ha supuesto una revolución en la educación universitaria al generalizar los estudios de grado de cuatro años en toda Europa con el objetivo de facilitar la convergencia de los distintos sistemas universitarios. En la UMA ofreció una charla, la semana pasada, con motivo de las jornadas anuales de innovación educativa. Asegura que la universidad española está «mejor de lo que piensan los españoles», critica el plan para reducir los grados a tres años y descalifica los rankings que clasifican las universidades porque lo hacen de manera «injusta y sesgada» privilegiando el modelo anglosajón.

–Ya han salido dos promociones de alumnos formados con el nuevo sistema de grados, ¿qué análisis hace de los primeros resultados?

–Positivo, aunque estamos en las primeras promociones se comprueba que ha mejorado el rendimiento académico y hay menos abandono. Hemos acortado la duración de los estudios acercándolos a lo que demanda el mercado. Creo que hay una mejor preparación y y empleabilidad. Esto a pesar de la crisis, porque hay muchos jóvenes que encuentran trabajo en el extranjero, prueba de que están bien preparados.

–Y sin apenas tiempo de evaluar sus resultados, ya se ha planteado bajar los grados a tres años...

–Creo que la universidad española tiene problemas más importantes que abordar antes que una nueva reestructuración de sus grados. Que algunos grados y en algunas universidades pasen a tres años por la demanda del mercado me parecería normal, es bueno que haya alguna flexibilidad, porque es algo que existe en la mayoría de los países. Pero que todo el sistema se mueva hacia grados de tres años creo que sería un grave error porque ni es necesario ni sería productivo, supondría reestructurar de nuevo todos los grados y todos los máster.

–La Conferencia de Rectores le encargó un informe sobre la estructura de los estudios universitarios españoles, ¿cuál es su diagnóstico?

–En cuanto a la estructura de las titulaciones españolas, creo que el principal problema es tener másteres débiles, minimalistas, que dañan la credibilidad de las universidades españolas en el mundo. Mi conclusión es que hay grados fuertes, pero másteres débiles. El acuerdo europeo señala que todos tenemos grados, másteres y doctorados. La idea es que con un grado puedas presentarte en tu país y otros países a estudios de máster, con una duración de los grados de no menos de 180 ni más de 240 créditos. Y los másteres no serán menos de 90 ni más de 120, con algunas excepciones. El problema es que en España la excepción ha pasado a ser la regla. Hubiera sido posible ponerlos de 120 créditos y tendríamos másteres fuertes y atractivos para el resto de europeos, porque con la actual estructura un alumno alemán no viene a estudiar un máster a España porque no le conduce a nada.

–Las universidades españolas no salen muy bien paradas en los rankings internacionales. ¿Cuál es su opinión sobre estas clasificaciones de universidades?

–Los rankings son una irrupción reciente en el mundo de la educación superior. Pero aportan poca información útil: ya se sabe que Harvard o Cambridge son las mejores, no es novedad. En cuanto a las otras, las clasifica de manera injusta, falsa, sesgada, privilegiando un modelo muy tradicional de universidades de investigación de modelo inglés.

–Y si valoran sobre todo la investigación, y las universidades se centran en este aspecto para lograr mejores puestos, ¿cómo queda la docencia?

–Los rankings han provocado un movimiento que veo muy problemático y es que las universidades se vuelcan en la investigación y la función docente o de equidad social desaparece de sus prioridades.

–Hay consenso en la necesidad de innovar en educación, pero parece que cuesta mucho arrancar...

–Una idea bastante común es que las universidades son más reticentes al cambio que otras instituciones. No lo niego, pero en las universidades no es ni más fácil ni más difícil, el cambio cuesta en todos los ámbitos.

–Hay casos en que la innovación se reduce a la pizarra digital ...

–Sí, la innovación es mucho más. No hay que mirar la herramienta, tenemos que fijarnos en el receptor, que es el estudiante, y han cambiado los estudiantes, ya no buscan lo mismo que un estudiante de hace años, no se trabaja o estudia de la misma manera.

–Y ¿cómo ve usted las universidades españolas y andaluzas?

–Creo que España tiene mejores universidades de lo que piensan los españoles. Se ha hecho un esfuerzo por mejorar y las veo en buen camino. Quizás falte más libertad y mayores posibilidades de innovar, mayor diferenciación o especialización entre las universidades y que el sistema de educación superior esté más integrado con la FPo formación de adultos, por ejemplo.