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Antonio Soler: «A medida que escribía las vidas de mis personajes, ellos estaban escribiendo la mía»

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Antonio Soler recibe la medalla de manos del rector. / Álvaro Cabrera

  • El escritor de ‘Apóstoles y asesinos’ y ‘El camino de los ingleses’ recibe el nombramiento de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Málaga

  • El autor reivindica la Literatura como «un largo camino para volver a casa» y su forma de «reconciliarme con el mundo»

«No. Las novelas no se escriben con razones, sino con obsesiones». La frase sonó ayer en el Paraninfo de la Universidad de Málaga como si fuera una hoja de ruta. Y así fue. La pronunció el escritor Antonio Soler que, en el acto solemne de su investidura como Doctor Honoris Causa, defendió que cada novelista se retrata en sus propios libros y que su biografía está unida a las de Miguelito, las bailarinas, los apóstoles, los asesinos o Gustavo Sintora. «A medida que yo escribía las vidas de mis personajes ellos estaban escribiendo la mía», aseguro el autor de ‘El camino de los ingleses’ y ‘Las bailarinas muertas’, que no quiso dejar fuera de su concurrida investidura a esos seres de ficción que lo han acompañado a lo largo de miles de páginas y de toda una vida. «Y me han traído aquí».

Con esa compañía familiar y la de numerosos lectores y profesores de la UMA, Antonio Soler confesó que «escribir es volver a casa», aunque ese regreso supone recorrer un «largo camino». Un trayecto que el escritor comenzó a transitar con la temprana muerte de su padre, lo que provocó su encuentro con los libros. Lo que no sabía es que aquel viaje tenía, en su caso, doble sentido. «Comprendí que la lectura no era una evasión, sino que realmente era una inmersión», relató el autor de ‘El nombre que ahora digo’ o ‘Boabdil’. Y aquella vía para conocerse a sí mismo, también lo llevó a encontrar su lugar en el mundo.

Soler situó en su primera novela corta, ‘La noche’, el momento en el que tomo conciencia de sus posibilidades como escritor. Allí emprendió su largo camino a casa en el que, acordándose de Italo Calvino, planteaba lo que más tarde la crítica denominaría ‘Territorio Soler’. Así, aquel libro encerraba: «Mi visión del mundo y, aunque incompleta y germinal, la esencia de mis coordenadas literarias», señaló Soler, que también formuló lo que, a su juicio, es la «misión» del novelista: «Conquistar parcelas no enunciadas anteriormente».

Un sendero que Antonio Soler ha (des)cubierto en más de una decena de libros, que han conquistado además galardones diferentes, como el Premio Nadal, el Herralde o el Primavera. Unos títulos y unos reconocimientos que no han acabado con su «inseguridad». Porque lejos de ser una «flaqueza», es su «mejor aliada» y «garantía». «Una forma de estar alerta y de no caer en la idea rotundamente falsa de que uno conoce las claves ocultas de este oficio», sostuvo.

Su predilección literaria por los débiles –«soy uno de ellos», se excusó– o la importancia de la memoria en su obra tampoco faltaron en su discurso en el que recordó el verso de Juan Manuel Villalba «todo lo que perdí me pertenece» que, a su juicio, describe «buena parte de mi trabajo».

Soler se mostró agradecido por la iniciativa del Departamento de Filología Española de la Facultad de Filosofía y Letras en la concesión del Doctor Honoris Causa y cerró su intervención de la misma forma que empezó. Con el regreso a casa que, para él, también es desde ayer la Universidad de Málaga. «Ninguna casa puede ser más acogedora y más habitable que la que se levanta en la tierra propia y sobre los pilares del conocimiento y la razón», afirmó.

Previamente a las palabras del escritor, el profesor Hipólito Esteban Soler ejerció de padrino de la investidura en un discurso en el que repasó la trayectoria del nuevo Doctor Honoris Causa, del que destacó su «independencia intelectual y compromiso social y democrático». A ello unió sus condiciones literarias para reivindicar el ‘Universo Soler’ que, partiendo de Málaga y de la realidad del escritor, trasciende «ignorando cualquier absurdo complejo provinciano».

Un ejemplar del ‘Quijote’

Por su parte, el rector de la UMA, José Ángel Narváez, hizo una defensa de la Humanidades y entregó a Antonio Soler los distintivos –el título, la medalla, el birrete, los guantes, el Libro de la Ciencia, en este caso un ejemplar del ‘Quijote’, y el anillo– que le acreditan como nuevo miembro del Claustro de la Universidad.

Al acto no faltaron numerosos compañeros de la «aventura» de escribir, como José Antonio Garriga Vela, Pablo Aranda, Alfredo Taján, Antonio Jiménez Millán, José Antonio Mesa Toré, Guillermo Busutil, Justo Navarro, Francisco Ruiz Noguera, José Infante o la poetisa y Honoris Causa María Victoria Atencia. Al acto acudieron además numerosos representantes de la cultura y la sociedad, como el oncólogo Emilio Alba, los pintores Enrique Brinkmann y Lorenzo Saval, el músico Antonio Meliveo, el arquitecto Salvador Moreno Peralta o los responsables del Museo Picasso, José Lebrero, y del Teatro Cervantes, Juan Antonio Vigar. Además, asistieron la consejera de Educación, Adelaida de la Calle, y el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre.

El solemne acto concluyó con la interpretación del ‘Gaudeamus Igitur’ en honor del nuevo Honoris Causa.