el verano a las puertas... y sin convenio

Nuria Triguero
NURIA TRIGUERO

Ocho reuniones pueden dar para mucho o para nada. El segundo resultado es el más probable cuando en lugar de producirse un diálogo se suceden los monólogos. Y eso es lo que ha pasado hasta ahora en la negociación del nuevo convenio provincial de hostelería. Desde que expiró el anterior documento en diciembre de 2017 las partes –por el lado sindical, CCOO y UGT; por el de la patronal, Aehcos en representación de los hoteles y Mahos en la de bares y restaurantes– se han reunido ocho veces sin avanzar ni un milímetro hacia el acuerdo. Y aquí estamos, a las puertas del verano y con amenaza de huelga. Veremos si la reunión de mañana sirve para acercar posturas o para que se rompa la baraja.

Vaya por delante que las negociaciones de los convenios de hostelería nunca han sido fáciles en Málaga. Sin ir más lejos, el anterior (en 2014) se firmó tras diez meses de conversaciones. En comparación, esta vez sólo han pasado seis, pero los ánimos se perciben más enconados, sobre todo en el bando de los trabajadores. De hecho, en aquella ocasión la palabra 'huelga' no llegó a protagonizar ningún titular. En cambio, esta vez los sindicatos no han tenido reparos en pronunciar el temido vocablo, pese a que las conversaciones con la patronal (todavía) no se han roto.

La huelga es temida por ambas partes, ojo, porque los trabajadores nunca se han tomado a la ligera el perjuicio que una medida así causa al destino Costa del Sol. «Sabemos que hace daño desde el momento en que se convoca; por eso no se quieren dar fechas aún», confiesa Gonzalo Fuentes, histórico sindicalista de la hostelería malagueña y hoy responsable de Hostelería y Turismo de CC OO a nivel nacional. Aunque ha habido numerosos conatos (prácticamente cada vez que se ha negociado un convenio), la realidad es que la provincia de Málaga no sufre un paro de hostelería desde 1992 y aquél fue convocado a nivel nacional, en demanda de un convenio marco para el sector.

Para encontrar una huelga a nivel provincial en la hostelería hay que remontarse al año 1979. Quizá por lo traumática que fue aquella experiencia, los representantes de uno y otro bando se han esforzado desde entonces por evitar que se vuelva a repetir. Eran tiempos muy diferentes aquéllos: el franquismo aún impregnaba el funcionamiento de las relaciones laborales. De hecho, aquella huelga se convocó más contra el Gobierno que contra la patronal, ya que el entonces delegado de Trabajo, ante la falta de acuerdo sobre el convenio colectivo, impuso un laudo que los trabajadores consideraron injusto. Fueron 18 días de huelga indefinida que empezaron en plena Semana Santa y estuvieron plagados de tensión. Hubo detenciones de sindicalistas, la guardia civil dio «mucha caña» –recuerda Gonzalo Fuentes– y también una tragedia inesperada: un delegado sindical del hotel Nautilus se suicidó tirándose por un balcón. Los hoteleros, por su parte, reaccionaron con un cierre patronal y enviaron cartas de despido a miles de trabajadores. Aquella espiral de locura se frenó en Madrid, en el despacho del ministro de Trabajo, Martín Villa: se anuló el laudo de marras y los empleados fueron readmitidos.

Casi 40 años después, la situación de los trabajadores de la hostelería malagueños no tiene nada que ver con la de entonces. En cada negociación colectiva han ido ganando derechos laborales y hoy los propios sindicatos reconocen que el convenio del sector es «decente». Pero entonces, ¿a qué viene tanta indignación ahora? Básicamente es una cuestión de expectativas frustradas. En el momento de mayor bonanza turística que ha vivido la Costa del Sol, y después de unos años de crisis en los que los trabajadores se avinieron a moderar sus salarios y a firmar suspensiones de empleo, para ellos ha llegado la hora de «repartir beneficios». Animados por sus compañeros de Baleares, que han logrado una subida del 17% para los próximos cuatro años, se sentaron a la mesa de negociación pidiendo un aumento anual del 4%. Y encontraron una respuesta desconcertante: Aehcos quiere ligar la evolución de los salarios al absentismo laboral. «Si mi compañero cae enfermo, ¿yo voy a cobrar menos? Es intolerable», apunta Lola Villalba, secretaria provincial de Servicios de CCOO Málaga.

La cuestión salarial es, pues, un gran escollo en la negociación. Pero hay otro igual de importante: las medidas de «flexibilidad» que quiere introducir la patronal hotelera. Ahora los trabajadores tienen derecho a dos días de descanso seguidos a la semana, pero la patronal quiere reducirlos a un día y medio y poder acumular los medios días restantes para devolvérselos al trabajador en un plazo de cuatro meses. Además, pretende romper el tope de 40 horas semanales y que se puedan trabajar hasta 14 días seguidos, lo que para los sindicatos supondría «traspasar la barrera de la explotación». Para Aehcos, la flexibilidad es «imprescindible» para adaptarse a los nuevos tiempos, dominados por las reservas de última hora.

Hay otros puntos de conflicto: los cursos de formación, que la patronal quiere que se realicen fuera del horario laboral; la incapacidad temporal, que ahora se paga al 100% desde el primer día y Aehcos quiere recortar... La patronal hotelera, asesorada por los abogados de Garrigues, ha presentado una propuesta dura que los sindicalistas no esperaban y que implica, en su opinión, la pérdida de derechos «que ha costado muchos años ganar». Además, se quejan de que sus homólogos de la patronal en la mesa del convenio no demuestran ninguna capacidad de decisión ni negociación: «La respuesta siempre es: 'Lo tenemos que trasladar'. Así no se puede negociar. Son los abogados los que deciden; son una auténtica mesa en la sombra», apunta Lola Villalba, que reconoce echar de menos al anterior presidente de Aehcos, José Carlos Escribano. «Él estuvo a la altura de las circunstancias», afirma.

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