Paradores: reserva de historia

Paradores: reserva de historia

La red nacional de paradores cumple 90 años con las cuentas saneadas tras superar una crisis que hizo tambalear el negocio

ANTONIO PANIAGUA

Sólo en un parador se puede sentir el silencio de los claustros medievales, dormir en los mismos aposentos que Carlos V o disfrutar de la hospitalidad que se dispensaba a los peregrinos al final de cada jornada. Los hoteles de esta cadena rezuman historia lejana y reciente. En uno de estos edificios el general Charles de Gaulle escribió parte de sus memorias, durmió a pierna suelta Mick Jagger después de un concierto y rodó Orson Welles ‘Campanadas a medianoche’. Algo tendrán estos establecimientos cuando Grace Kelly y Rainiero de Mónaco eligieron el de la Alhambra para pasar su luna de miel. Paradores, una de las pocas empresas estatales que sobreviven a la oleada privatizadora, está de cumpleaños. Hace noventa años se abrió el primer hotel de la cadena, el de Gredos, y desde entonces la red de alojamientos no ha hecho más que crecer. El año pasado se hospedaron en sus habitaciones 1.475.000 clientes, de los que el 35% eran extranjeros.

Su historia

1928:
En ese año se abrió el primer parador, el de Gredos (Ávila). España era entonces un país pobre y agrícola. El marqués de Vega Inclán impulsó la idea de recuperar edificios históricos, muchos de ellos desmedrados por la negligencia y el abandono, para alumbrar una cadena hotelera. Con esos establecimientos se quería procurar solaz y descanso al viajero pudiente. El rey Alfonso XIII respaldó la iniciativa de manera entusiasta y cedió su pabellón de caza en Gredos. El flamante hotel tenía 30 habitaciones, biblioteca, gabinete de fumadores y salón de juegos. A ese siguieron los paradores de Cádiz y el del Castillo de Oropesa. Para dar de comer a los 50 invitados a la inauguración en 1930 se contrató al restaurante Lhardy, y Zenobia Camprubí, esposa de Juan Ramón Jiménez, lo decoró.
Hospitales de guerra:
En la Guerra Civil algunos edificios fueron empleados como hospitales. Otros resultaron muy dañados. En los años sesenta, coincidiendo con el ‘boom’ de la industria turística se pasó de 40 a 83 establecimientos. Sólo en 1966 abrieron sus puertas 16.
Invasión de brasileños:
En la década de los ochenta, algunos hoteles de la cadena pública Entursa se incorporaron a la red, entre ellos establecimientos tan emblemáticos como el Hostal de los Reyes Católicos, en Santiago de Compostela (A Coruña), y el Hostal de San Marcos, en León. Unos 30.000 brasileños colonizaron la red de paradores en los años noventa tras el éxito de una novela de Paulo Coelho. En ellos se han alojado desde Ernest Hemingway a García Lorca y Paul Bowles. Y también han hecho de platós para el rodaje de películas. El Castillo de Peñíscola acogió escenas de ‘El Cid’. Y en 1992, Ridley Scott eligió el de Sigüenza como localización del filme ‘1492: La conquista del paraíso’. Con una media de 65 habitaciones, estos establecimientos lideran el turismo cultural y de naturaleza. Las 30 plazas iniciales del Parador de Gredos se han convertido en las 10.000 actuales de la red.

El devenir de Paradores de Turismo ha sido errático, hasta el punto de que hace seis años a punto estuvo de quebrar. Tras muchas zozobras, ahora puede jactarse de presentar cuentas saneadas. En el próximo cuatrienio se acometerán inversiones por importe de 168 millones de euros. La red cuenta con 97 establecimientos que suman 10.000 plazas hoteleras y una plantilla integrada por más de 4.000 trabajadores. Todos sus hoteles tienen cuatro estrellas, salvo las dos joyas de la empresa, el Hostal de los Reyes Católicos, en Santiago de Compostela, y el Hostal de San Marcos de León, que lucen cinco.

Hace casi un siglo, el objetivo de recuperar edificios singulares para alentar una industria turística que en esa época estaba en mantillas entusiasmó al rey Alfonso XIII, quien eligió personalmente el emplazamiento del primer parador. La idea también sedujo después al ministro de Información y Turismo del franquismo Manuel Fraga, quien se esforzó en poner los añejos inmuebles al servicio del desarrollo económico.

La cadena pública se convirtió en 1991 en Paradores de Turismo de España S.A., una medida que trascendía el mero cambio de denominación y naturaleza jurídica. El fin que se perseguía no era otro que hacer de la entidad una empresa rentable. Cerca de tres décadas después, lo ha logrado. Con todo, su gestión aún se sigue fiando a dirigentes que acceden al cargo más por su sintonía con el político de turno que por su trayectoria profesional. La empresa ha sido, tanto con el PSOE como con el PP, un campo de aterrizaje de personas ajenas al sector y que son colocadas por su cercanía al poder. Ahora la presidenta de Paradores es la exmujer de Rodrigo Rato, Ángeles Alarcó. Pero antes ocupó el sillón Miguel Martínez, un amigo de Rodríguez Zapatero cuya única experiencia en la gestión pública era haber sido alcalde de San Andrés del Rabanedo, municipio limítrofe con León.

Tapar boquetes

Superados los nubarrones de la recesión, el cierre de varios hoteles y un ERE que supuso 350 despidos, el grupo dejó atrás los números rojos en 2015 después de seis ejercicios consecutivos de pérdidas y no pocos sacrificios por parte de los empleados. Paradores se ha salvado gracias a que el Estado tapó boquetes en repetidas ocasiones. No en balde, la Administración tuvo que rescatar a la entidad de la ruina con sucesivas ampliaciones de capital por valor de 152 millones de euros.

Con todo, sus directivos respiran aliviados. El año pasado se registró un beneficio de 17,5 millones de euros, con unos ingresos de 254 millones. En ese ejercicio, se vendieron 1,3 millones de habitaciones al tiempo que se logró un índice de ocupación del 62%.

Pese a las buenas cifras, los sindicatos se quejan de que la empresa no es precisamente modélica en su política de contrataciones y que adolece de una alta rotación de los trabajadores, además de una acusada precariedad. Las centrales arguyen que los sueldos no llegan ni siquiera a los mil euros, las subidas retributivas se encuentran por debajo del promedio del sector y los «contratos temporales fraudulentos» campan a sus anchas. «Nosotros no estamos para celebraciones. Aun en los peores momentos el negocio siempre fue bien. Lo que ocurre es que la deuda contraída por las obras de renovación de algunos paradores se hizo con cargo a la empresa Paradores de Turismo, cuando la propiedad de los inmuebles recae en Patrimonio», asegura Enrique Sánchez-Camacho, secretario de la sección de #CC OO de la red hotelera. «Además necesitamos directivos técnicos, no cargos políticos», sostiene el dirigente sindical.

Otro problema que tiene que afrontar la institución es la creciente competencia. A la empresa le han salido numerosos imitadores que han copiado la exitosa fórmula de ofertar una estancia de lujo en un edificio monumental, inserto a veces en un paraje natural idílico. Al calor de las expectativas de obtener beneficios han surgido nuevas cadenas y agrupaciones hoteleras como Estancias de España, Hospederías Reales, que opera en Castilla-La Mancha, Haciendas de España y Hospe, entre otras. Todas ellas tienen que vérselas con el prestigio y el valor de la marca de la empresa estatal, aunque cuentan con la ventaja de funcionar con menores costes laborales. Familias de postín, corporaciones locales y congregaciones religiosas compiten para que alguna de estas compañías y hoteles insufle savia nueva e inversiones a viejos edificios abandonados.

Con los paradores ocurre como con el AVE: los ayuntamientos se los disputan. Muchos municipios confían en que su apertura confiera un efecto dinamizador a su economía como por arte de magia. A la empresa pública no cesan de llegar peticiones para que se instauren nuevos negocios, aunque el Estado, que es el que se reserva dar el plácet, siempre es cauteloso. «Un parador es una fuente de riqueza y pone a una localidad en el mapa del turismo», dicen fuentes de la empresa.

No son pocos los castillos, palacios, monasterios e iglesias que se han salvado de la ruina o han sido rehabilitados al trocarse en paradores. Por algo 31 de estos establecimientos se hallan enclavados en conjuntos históricos declarados Bien de Interés Cultural (BIC) y más de la mitad de ellos constituyen soberbios monumentos.

Tradición culinaria

En los últimos años la entidad ha reforzado su oferta gastronómica, que aporta la mitad de sus ingresos. No en balde sus restaurantes sirven cada año dos millones de cubiertos. El cocinero Mario Sandoval ha procurado que la cocina tradicional de Paradores, siempre ligada a los platos regionales, no se quede anticuada.

La empresa busca su crecimiento internacional a través de la fórmula de la franquicia. Hace dos años se unió a la red el primer parador situado en el extranjero. Se trata de Casa da Ínsua, una espléndida casa solariega del siglo XIV enclavada en Penalva do Castelo (Portugal). El grupo Visabeira, que se encarga de la gestión del establecimiento, abona a Paradores un canon de funcionamiento. Después de este caso no ha habido ninguna franquicia más que se haya adherido a la cadena, si bien el grupo ha asesorado y ofrecido su experiencia a Omán, Irán y Montenegro.

Sus estancias siguen acogiendo acontecimientos históricos. Así ocurrió en la Transición. En el Salón del Silencio del Parador de Gredos, se encerraron los padres de la Constitución para avanzar en unos trabajos que permanecían estancados. Era marzo de 1978 y la redacción de la Carta Magna avanzaba a paso de tortuga. Los negociadores buscaron el silencio y la discreción del paisaje agreste de la sierra abulense para despejar discrepancias. Veinticinco años después los redactores de la ley de leyes se volvieron a reunir en el mismo lugar para conmemorar el aniversario. Santiago Carrillo tenía razón cuando dijo que el proyecto no saldría adelante hasta que sus patrocinadores se enclaustraran en un convento para pactar un texto de consenso.

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