El Miramar, el glamour de Málaga

Imagen de archivo del Gran Hotel Miramar/
Imagen de archivo del Gran Hotel Miramar

SUR

José Luis Santos, presidente del grupo Hoteles Santos, empresa que explota el Miramar, dijo hace años que Málaga necesitaba un hotel como este, que le diera una proyección importante y apuntaba que el edificio tenía mucha historia que recuperar.

Así es. El inmueble, que está cargado de historia, fue diseñado por el arquitecto malagueño Fernando Guerrero Strachan y se tardó cinco años en su construcción. El 10 de febrero de 1926 fue inaugurado el entonces hotel Príncipe de Asturias por el rey Alfonso XIII, que estaba acompañado por su esposa, la reina María Victoria Eugenia.

Los reyes quedaron alojados en sus lujosas habitaciones y al día siguiente, 11 de febrero, asistieron a un festejo taurino en la cercana plaza de toros. Toreaba Miguel Báez 'Litri', que sufrió una gravísima cogida que le llevó a la muerte una semana después.

no de los nobles salones del hotel se convirtió después en la sala del jurado popular.
no de los nobles salones del hotel se convirtió después en la sala del jurado popular. / Sur

Tras la proclamación de la Segunda República, el hotel perdió el nombre de Príncipe de Asturias y adoptó el de Miramar (21 de diciembre de 1940), que mantuvo hasta 1968. Después de un largo periodo cerrado, se rehabilitó para convertirse en 1987 en Palacio de Justicia, y el año pasado, trasladadas las instalaciones a la nueva Ciudad de la Justicia, se abrió el sueño de que el inmueble recobre el esplendor que tuvo como hotel.

Porque como Príncipe de Asturias, primero, o Miramar, después, era el hotel de los famosos, de la escasa burguesía que quedó en Málaga. Siempre se distinguió por acoger a lo más granado de la sociedad, con una importante presencia de toreros, artistas y escritores entre su selecta clientela.

Entre la nómina de ilustres clientes se encuentran el príncipe Jorge de Inglaterra y la princesa Beatriz de Battenberg, madre de la reina Victoria Eugenia, así como varios ministros de la época.

Toreros

Cuando el 14 de agosto de 1959 se produjo el histórico mano a mano en La Malagueta entre los dos cuñados: Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín, los diestros se vistieron en este emblemático hotel. El rondeño le regaló una entrada de sol a un empleado de recepción, que salió corriendo hacia la plaza vestido con uniforme de media gala. Ese joven se convertiría después en un conocido hotelero de la Costa del Sol. Se trata de José Luis Martín Lorca, que trabajó en el Miramar entre 1954 y 1960.

Fiesta de disfraces en el Hotel Miramar, organizada por la Asociación de la Prensa. Fue presentada por los actores Carmen Sevilla (d), Antonio Vilar (i) y Martine Carol (c), que se encontraban en Málaga rodando
Fiesta de disfraces en el Hotel Miramar, organizada por la Asociación de la Prensa. Fue presentada por los actores Carmen Sevilla (d), Antonio Vilar (i) y Martine Carol (c), que se encontraban en Málaga rodando / Sur

Todavía se recuerdan las llegadas al hotel de los toreros a hombros de los seguidores tras exitosas tardes en La Malagueta. Uno de los que más se prodigaban era Manolo Segura.

El escritor Ernest Hemingway, después de asistir a las corridas de toros de feria, se instalaba en las atestadas terrazas del Miramar que se asomaban al Mediterráneo. Por las tardes, se daban unos «té-bailes» en los que cantaban Jorge Sepúlveda, Bonet de San Pedro, Rafael de la Rosa y otros destacados intérpretes de aquellos años. En los nobles salones del hotel se han celebrado bodas y otros acontecimientos sociales de gente adinerada. El glamour de Málaga estaba, sin duda, entre sus paredes.

Personajes como Ava Gardner, Lola Flores, Jean Cocteau, Antonio Ordóñez, Orson Welles y tantos y tantos artistas que venían a rodar a Málaga se quedaban alojados en las espléndidas y majestuosas habitaciones del Miramar.

Eran célebres las fiestas de disfraces que organizaba la Asociación de la Prensa con motivo de los carnavales. La edición de 1952 fue presentada por los actores Carmen Sevilla, Antonio Vilar y Martine Carol, que se encontraban en Málaga rodando la película 'El deseo y el amor'.

Turismo de invierno

En Málaga había un notable turismo de invierno al calor de una estación templada y de unas fiestas deportivas que constituían un polo de atracción. De hecho, los tiradores de pichón y los regatistas que venían de fuera a competir se alojaban en el hotel Miramar. También lo hacían portugueses, de clase acomodada, que se pasaban un mes en Málaga de vacaciones. Influía el hecho de que estuviera el hotel muy bien comunicado con la playa, con una de sus fachadas mirando al mar. Sin embargo, cuando fue sustituida la arena por las rocas empezó el declive del Miramar.

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