«Contábamos los días para volver a comer en La Cónsula»

El comedor de La Cónsula, ayer sobre las dos de la tarde, con los primeros clientes tras su reapertura./Salvador Salas
El comedor de La Cónsula, ayer sobre las dos de la tarde, con los primeros clientes tras su reapertura. / Salvador Salas

Las escuelas de hostelería de Málaga y Benalmádena abren sus puertas al público con lleno y reservas completas para los próximos días

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

Tras casi tres años cerrado al público, había impaciencia por volver a comer en La Cónsula. Miguel Delgado y Mari Carmen García fueron de los últimos afectados por el cierre de la escuela de Málaga: tenían previsto celebrar su boda el 4 de diciembre de 2015, habían reservado para el evento todo el salón, y una semana antes les avisaron de que sería imposible por la huelga de los profesores de cocina, que protestaban así porque llevaba meses sin cobrar su sueldo. No guardan rencor por aquella 'faena'; todo lo contrario: «En cuanto vimos en el periódico que reabría, llamamos para reservar», comentaba Miguel, que acudió con su esposa y una pareja de amigos, vascos, Francisco Chacón y Julia Asua, que también conocían La Cónsula de visitas anteriores. «Somos unos enamorados de La Cónsula», reconocía Miguel. Fue la suya la segunda mesa en ocuparse ayer en el recién reabierto restaurante para el público. Antes que ellos llegaron Hélene Arnoux y Michelle Bolliriviere, dos amigas francesas que viven en Alhaurín de la Torre desde hace 15 años y que solían almorzar una vez al mes en este restaurante. «Estábamos tristes por la situación que se vivía aquí, veíamos las noticias sobre los problemas y no nos podíamos creer que pasara eso en un restaurante de esta categoría», comentaba Hélene.

Las más de cuarenta personas que fueron ayer a La Cónsula tomaron un menú degustación compuesto por carpaccio de pulpo con centollo aliñado y vinagreta de piñones; merluza al horno con salsa de espárragos blancos y presa ibérica adobada a las finas hierbas. El vino, un blanco de Rueda verdejo y el tinto un Ribera del Duero tempranillo. El postre, un mouse de limón a la albahaca, va maridado con un vino de Málaga moscatel y Pedro Ximénez. En La Fonda se ha servido gazpacho andaluz con aceite de oliva helado y aire de lima, suprema de rodaballo sobre tomate dulce y azafrán y taco de presa ibérica a la parrilla con papas arrugás y cilantro. El postre, profiteroles a los tres chocolates. Tras el servicio, satisfacción entre alumnos y profesores. Todo había salido según lo previsto y habían recibido las felicitaciones de los comensales.

Alejandro Zamora y sus alumnos del grupo b de cocina, con el plato de merluza ya listo.
Alejandro Zamora y sus alumnos del grupo b de cocina, con el plato de merluza ya listo. / Ñito Salas

En ambas escuelas, el precio del menú, que se cambia cada semana, es de 20 euros, y no tiene iva. Las reservas están completas para los próximos días, incluso había ayer muchos correos electrónicos de clientes intentando reservar que aún no se habían podido leer. También se puede llamar por teléfono. Isabel García, profesora de sala, atendía algunas llamadas y tenía que comunicar al interlocutor que no había disponibilidad para el día que quería reservar. «En octubre volveremos a abrir», le decía. Y es que la normalidad se instala de manera definitiva en La Cónsula y La Fonda, como destacaron los responsables del SAE que, con el delegado de Empleo, Mariano Ruiz, ocupaban una de las mesas. «Entramos en una etapa de total normalidad, de enseñanza teórica y práctica y de servicio al público como complemento a esa formación de calidad que se recupera para las escuelas de hostelería de la provincia», indicó Ruiz Araújo, quien destacó que las escuelas malagueñas han sido las primeras en abrir al público en esta nueva etapa. Una de las mesas fue ocupada por el portavoz del PSOE, Dani Pérez, y otros cuatro miembros del grupo municipal. A última hora se incorporó también el delegado del Gobierno andaluz, José Luis Ruiz Espejo, que quiso mostrar así su apoyo a profesores y alumnos y valorar el buen trabajo realizado desde la delegación, con la secretaria provincial del SAE, Isabel Moya, y Cristina Guerrero, delegada territorial para Málaga capital y la Axarquía, al frente.

Los alumnos, impacientes

En otra zona del salón, un reservado con tres mesas, esperaban a sus comensales Alejandro Pérez, José María Fernández y Mai Aguado, los tres alumnos de sala de segundo curso. Reconocían que «algo impacientes y nerviosos». No es lo mismo servir a compañeros que «a clientes de verdad, queremos que vean todo lo que nos han enseñado y lo que hemos aprendido en este tiempo», decía Alejandro. Los primeros en sentarse en esta zona del salón fueron unos amigos de Málaga y Madrid, también asiduos de La Cónsula. «Vivimos en Madrid, pero venimos con frecuencia a Torremolinos. Y siempre que volvemos preguntamos por La Cónsula», decía Julio Merino, acompañado por su esposa, Mariví Echevarría. «Veníamos con frecuencia, y tenemos muy buenos recuerdos», reconocían los anfitriones, el matrimonio Manuel Fernández y Carmen González. Y para que conozca La Cónsula, el restaurante y este entorno tan especial que enamoró al mismo Hemingway, invitaron a la artista estadounidense Martha High, vocalista del gran James Brown durante tres décadas. Ahora vive en Torremolinos y está grabando un disco en Granada.

Los restaurantes abrirán de martes a jueves, hasta el 11 de junio, con menú degustación a 20 euros

«Estábamos impacientes por mostrar a los clientes lo que hemos aprendido», señalaron alumnos de sala

Mientras se iban completando las mesas del comedor, los nervios eran evidentes en cocina. Miguel Núñez preparaba con sus alumnos el entrante, un plato que ya se ofreció en menús anteriores y que tuvo muy buena aceptación, el carpaccio de pulpo. «Han trabajado muy bien, preparando menús a diario; ahora es distinto, con la presión de los clientes», reconocía. Por el altavoz se anunciaban nuevas comandas, y Laida Lara y sus compañeros del grupo b de cocina se disponían a dar los últimos toques a la merluza de la mano del profesor Alejandro Zamora, que ponía la espuma alrededor del tronco de merluza mientras Laida completaba el plato con unos toques de color. Es precisamente este plato el que más gustó a Hélene y Michelle, las primeras en terminar de comer. «Muy bueno, muy bien presentado y la salsa, ¡espectacular! Volveremos», prometía Hélene.

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