«Antes había menos habitaciones, ahora desayunamos antiinflamatorios a diario»

«Antes había menos habitaciones, ahora desayunamos antiinflamatorios a diario»
Alberto Gómez

Las camareras de piso de los hoteles de Málaga se movilizan para acabar con la precariedad

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Con 60 años, Isabel Iznata es una de las ‘kellys’ malagueñas más veteranas. Tiene problemas en las muñecas, las rodillas y las cervicales. El horizonte de su jubilación está cerca, pero el futuro le produce desesperanza: «Me han dicho que necesito prótesis y ya trabajo con una faja por problemas lumbares. También tengo depresión y artrosis. Antes los hoteles eran empresas familiares, había menos habitaciones y charlábamos con los clientes, nos daban propinas. Ahora cada vez hay más trabajo, espejos por todos lados y mobiliario delicado». María Trinidad Jiménez, de 53 años, lleva trabajando como camarera de piso desde 1995. Ha tenido que ser operada del túnel carpiano y padece fibromialgia y problemas pulmonares «por el contacto continuado con clorados y dispensadores anticales». Antonia Palacio, de 52 años, liberada desde hace más de una década, por la Unión General de Trabajadores, relata lo complicado que resulta movilizar al colectivo «por el miedo de muchas a perder sus empleos». Ana Barranco, de 58 años, padece problemas de lumbalgia y cervicales: «Empecé haciendo 12 habitaciones al día y ya voy por 22, más los espacios comunes. Desayunos antiinflamatorios y no tenemos vida, estamos reventadas por la carga de trabajo». Judit Demeny, de 37 años, ha llegado a cobrar 2,5 euros por habitación y a limpiar 26 habitaciones en cinco horas. «Si nos juntáramos todas, esto cambiaría. Somos la columna vertebral de este negocio», sentencia.

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