Diario Sur

Alumnos de primero preparan filetes para empanar.
Alumnos de primero preparan filetes para empanar. / Fernando González

La Cónsula toma impulso

  • La escuela, casi a pleno rendimiento con todos los alumnos incorporados a las cocinas

  • Los estudiantes de primer curso empezaron el lunes con las clases prácticas y queda pendiente la apertura del restaurante al público

Nervios en su segundo día de prácticas de cocina. Los alumnos de primero no han esperado más la llegada de sus uniformes y cada uno con la ropa que se ha buscado ha pasado ya a lo que es su ilusión, trabajar en las cocinas de La Cónsula. Empezaron el lunes pero ayer todavía los nervios y la falta de práctica eran evidentes. Jesús Camarero se esforzaba por poner orden en el grupo, coordinando todo el trabajo, desde los que preparaban las ensaladas, pasando por la elaboración de las salsas o la limpieza de pollos. «Nos esperan dos o tres semanas de locos», advierte el profesor. «Tenían muchas ganas de empezar, pero como es lógico se nota la falta de experiencia», reconoce Camarero.

Cristian Tejera, que se ha cortado en un dedo en su segundo día en la cocina, asegura sentirse «agobiado», porque «son muchas cosas nuevas que hay que ir asimilando poco a poco». El menú de ayer para los alumnos de primero estaba compuesto por ensalada mixta, suprema de rosada y fruta. Lo preparan los de cocina y lo sirven los compañeros de sala en el restaurante de alumnos. Nicolás Álvarez y Francis Martín, los dos malagueños, preparaban las ensaladas. Nicolás asegura que «lo hemos cogido con ganas», después de casi dos meses en los que solo han tenido clases de teoría. Francis, que trabajó en Alemania, coincide en su satisfacción porque «por fin hemos entrado en las cocinas».

Rocío Vertedor, que ha estudiado ESO y Bachillerato y tiene también un ciclo superior de Educación Infantil, dice que está en La Cónsula por vocación, que siempre le había gustado la cocina y ahora tiene la gran oportunidad de aprender. Ayer mañana cortaron filetes para hacerlos empanados y cocinaron patatas y guisantes. Y, sobre todo, «limpiamos mucho, a cada momento hay que estar limpiando todo lo que se ensucia», afirma, mientras siguen con la preparación del menú que se servirá hoy, potaje de lentejas y escalope de lomo empanado.

En la cocina contigua trabajan los alumnos de segundo. Aquí el ambiente es más relajado, se nota la veteranía. África Domínguez y Sebastián Ibarra están limpiando pescado, en concreto merluza y corvina. Aquí se prepara la comida para los compañeros de segundo curso, que a partir de la una servirán sus compañeros de sala en el restaurante destinado a atender al público, que de momento sigue cerrado. A África le gusta trabajar con el pescado, y Sebastián apunta que «si miramos lo de mancharnos, no seríamos cocineros».

Son muchas las llamadas que está recibiendo la escuela de personas interesadas por almorzar en el restaurante. También para celebrar comidas de Navidad. Recuerdan los empleados que llegando estas fechas el restaurante se llenaba un día tras otro, con menús especiales para la ocasión. Pero esta año parece que no será posible, al menos hasta el día de ayer no se había resuelto nada al respecto. Desde la delegación de Empleo se indicó que siguen trabajando para hacer posible la reapertura del restaurante.

Si en las cocinas la actividad era frenética, la preparación de las mesas para el almuerzo –o ‘mise en place’–, llevaba de cabeza a José Antonio Jiménez, profesor de sala, que subía y bajaba del restaurante (donde comen los de segundo) al comedor de alumnos (para los de primero). Entre tanto, ordena a una alumna que se quite un piercing, a otra que se ponga menos lápiz de labios y a los chicos que nada de brazos cruzados o manos en los bolsillos. El servicio, aunque sea con compañeros, debe ser de primera categoría, como corresponde a La Cónsula.