Los españoles prefieren pagar más para acabar con la obsolescencia programada

Móviles antiguos./Reuters
Móviles antiguos. / Reuters
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El consumidor es cada vez más consciente de la importancia de hacer una compra responsable

INNOVA+Madrid

El precio y las características técnicas siguen siendo el principal motor de compra de los consumidores españoles a la hora de adquirir un smartphone. A pesar de ello, los temas relacionados con la sostenibilidad de estos aparatos van ganando cada vez más peso, no sólo en la decisión de compra del usuario sino también en la cantidad que decide gastar.

El consumidor es cada vez más consciente de la importancia de hacer una compra responsable de estos dispositivos. Desde Back Market señalan que los usuarios de teléfonos móviles están dispuestos, incluso, a pagar más por los terminales que se fabrican para tener una vida útil lo más duradera posible, por ser respetuosos con el medioambiente.

De acuerdo con el último estudio publicado por Deloitte, sobre las tendencias de consumo de smartphones en España, el 60% de los consumidores considera ya el consumo sostenible de esos aparatos. La mayoría de usuarios aguantan cada vez más tiempo con el mismo teléfono antes de cambiarlo por uno nuevo, al no observar grandes cambios en comparación con los nuevos aparatos que salen al mercado, de manera que alargan la vida útil del dispositivo.

"Incluso cuando deja de funcionar prefieren reparar el suyo o adquirir un móvil que ha sido reacondicionado, antes que comprar uno nuevo. Hasta hace no mucho, cambiábamos de móvil cada año y medio y hoy en día aguantamos con el mismo teléfono una media de 30 meses", declara Thibaud de Larauze, CEO de Back Market.

A pesar de lo positivo de estos datos, los consumidores siguen encontrando dificultades a la hora de identificar los productos que son sostenibles con el medioambiente. Según un estudio del Eurobarómetro del año 2013, un 90% de los ciudadanos cree que los productos deben etiquetarse claramente para indicar su vida útil.

Los intereses de los usuarios parecen chocar con los de los fabricantes de teléfonos y una industria que está en el punto de mira de las organizaciones de consumidores y las autoridades, por sus supuestas prácticas relacionadas con la obsolescencia programada. Sólo hay que recordar algunos casos que han salido a la luz en las últimas semanas.

l más sonado posiblemente sea el de Apple, ya que la compañía estadounidense reconocía que ralentizaba voluntariamente el rendimiento de algunos de sus teléfonos cuando empezaba a fallar la batería.

Precisamente, el Parlamento Europeo ya creó hace unos meses una comisión de estudio para impulsar una serie de medidas para luchar contra la obsolescencia programada, como dotar de incentivos fiscales los productos que apuesten por la durabilidad y que sean fácilmente reparables, permitir al consumidor que pueda reparar sus dispositivos con cualquier proveedor y no sólo con los elegidos por las propias empresas, además de crear una etiqueta europea voluntaria para las empresas que incluya, entre otras cosas, la durabilidad del producto y el diseño ecológico.

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