Guía práctica para no enred@rse

Guía práctica para no enred@rse
  • El psicólogo Salvador Velarde ofrece en un libro las claves para no naufragar con las relaciones en la red

Elena (nombre ficticio) pasó del desconcierto a la frustración cuando se dio cuenta de que los mensajes que llegaban al buzón personal de la cuenta que se había abierto en un portal de contactos se alejaban bastante de lo que buscaba. Quizás una amistad, alguien con quien compartir de vez en cuando una cerveza, quién sabe si algo más, pero la mayoría de peticiones que le llegaban pisaban con demasiada frecuencia el terreno del sexo. Desanimada, consultó el problema y enseguida encontró la clave: la foto que había colgado en su perfil era demasiado sugerente y a todas luces proporcionaba una información incorrecta sobre lo que buscaba. «Definitivamente no fue lo más adecuado aparecer con un picardías recostada en su sofá». Fue el consejo que le dio el psicólogo Salvador Velarde (Granada, 1977), que suma más de una anécdota en este sentido. Suficientes como para llegar a la conclusión de que a la hora de embarcarse en la red para buscar parejas esporádicas, amigos o príncipes azules no funcionan «las estrategias que utilizarías en la barra de un bar».

Por eso Velarde ha firmado 'La guía para encontrar el amor... y otras relaciones en Internet' (Punto Rojo Libros), una herramienta imprescindible para «acertar con lo que se busca» y no enred@arse en malos entendidos. Y en este terreno, además de sentido común y tacto, conviene no caer en los fallos más comunes de este enorme mundo paralelo que son las relaciones a través de las páginas de contactos.

El primer paso. Tener claro lo que quieres y sobre todo, lo que no

Es la regla de oro a la hora de suscribirse a páginas como Meetic, E-darling o Badoo, entre otras muchas. «Si se utilizan bien son herramientas muy útiles», observa Velarde, que por supuesto no cuestiona el fin último de este tipo de plataformas sino el uso que sus miembros hacen de ellas. Por eso hay que tener claro a la hora de dar el paso «qué es lo que se quiere y qué se busca», pero sobre todo, y por una cuestión básica de eliminación y (auto)defensa, qué es lo que no te interesa. Una vez alcanzadas estas conclusiones, también hay que dejar claro en el perfil «cuáles son tus objetivos para que no haya confusiones».

Cambio de mentalidad. Esto no es la barra de un bar, es un escenario diferente

El «hola guapa te invito a una copa» no sirve en este tipo de páginas, por eso es conveniente asumir desde el principio que el escenario real nada tiene que ver con el virtual. Para empezar, el hecho de relacionarse a través de la pantalla de un ordenador elimina una información fundamental en las relaciones humanas, que es la comunicación no verbal. En este sentido, Velarde aplica una fórmula que mide la diferencia que hay entre ver a una persona cara a cara o relacionarse con ella a través del teclado: «Una hora entera de chat equivale a diez minutos de conversación real con la persona», aclara el psicólogo, que automáticamente alerta: «El que piensa que en cinco horas de chat ya tiene algo serio o que incluso se ha enamorado, ¿lo haría igual en apenas una hora tomando una cerveza?»

La tarjeta de presentación. ¡Ojo con las fotos que se cuelgan en el perfil!

Para no caer en un desconcierto similar al de Elena, es necesario que la información que damos a través de nuestra fotografía y lo que realmente buscamos vayan de la mano. «Elegirla bien es fundamental», recomienda el especialista. Más que una cuestión «de ser guapo o feo», es la imagen que le va a transmitir al otro algunos datos sobre «cuáles son nuestras verdaderas intenciones». La coherencia es una regla de oro, de modo que si no se buscan relaciones esporádicas, mejor guardar las fotos sensuales en el cajón.

Cómo actuar. La educación, imprescindible también en la vida virtual

A la hora de establecer relaciones a través de la web, hay que intentar ser «lo más educado y considerado posible». Parece obvio, pero del mismo modo que «te tomarías tu tiempo en decir, gracias, no me interesa, cuando alguien se te acerca para conocerte en el escenario real deberías hacerlo en el caso de que recibas mensajes en el buzón de tu perfil», observa Velarde. «A veces no se tienen ni tiempo ni ganas, pero es conveniente devolverle a la persona que se interesa por ti parte de la atención que te ha prestado, aunque sea en un mensaje corto». En las redes sociales, también hay que tener habilidades sociales.

La hora de la verdad. Intentar ponerle cara real a la persona «lo antes posible»

Es quizás otra de las reglas de oro a la hora de buscar contactos en este tipo de páginas, porque no se debe perder de vista que las redes sociales «sólo sirven para conectar a personas, no para que se conozcan». En ese matiz está la clave de todo. Por eso es conveniente que una vez que se esté convencido de querer conocer a la persona «se pase cuanto antes del terreno virtual al real». Velarde subraya con insistencia el «cuanto antes», en parte porque esta estrategia evitará «que idealicemos a la persona o a la relación, y en el peor de los escenarios que nos engañen o estafen». Tampoco es necesario organizar una cita formal, basta por ejemplo «con quedar a tomar algo rápido por ejemplo veinte minutos antes de entrar a trabajar y así al menos ya te quedas con la idea de cómo se comporta esa persona en el plano real».

Las líneas rojas. Protegerse, la mejor defensa para no frustrarse

Uno de los sentimientos (negativos) más extendidos entre los usuarios de este tipo de páginas de contactos es el de ser ignorados. Eso llega a pesar en la autoestima en diferentes grados si no se recibe la respuesta más o menos esperada por parte de los demás. Esta realidad «se puede aprender a manejarlas», pero también es cierto que hay otras líneas rojas que no hay que pasar bajo ningún concepto a pesar de que se sienta cierto rechazo: «las vejaciones, los insultos, los desprecios y el acoso» son, a juicio de Velarde, actitudes contra las que hay que estar alerta.

Los tópicos. «Esto está lleno de pirados y de raros». Es falso...

Uno de las características de las páginas que facilitan el contacto entre las personas el carácter anónimo. Y eso puede ser un arma de doble filo. «Casi todos conocemos a alguien que está suscrito a este tipo de portales, pero en el mundo virtual todo se difumina», reflexiona el autor de 'La guía para encontrar el amor...'. Eso implica que podemos encontrarnos al vecino, al compañero de trabajo o al panadero del barrio, pero es un hecho que el carácter virtual de estas herramientas «hace que la gente tienda a ocultarse». Y eso es un caldo de cultivo extraordinario para caer en malos entendidos y, sobre todo, en los tópicos del tipo «esto está lleno de pirados y de gente rara». «Y no es así», zanja Velarde. «El problema no está tanto en el fondo como en la forma», añade el especialista, convencido de que hay una certeza generalizada de que «no vamos a ser descubiertos y de que como no nos conocen podemos actuar como queremos, no como realmente somos». Además, es un dato cierto y contrastado «que no está bien visto admitir que formas parte de este tipo de páginas». El psicólogo tira de experiencia y pone sobre la mesa el caso real de una «abogada muy conocida en Granada que a la hora de la verdad no se decidió a dar ese paso de la vida virtual a la real y acudir a la cita porque pensaba que podía afectar a su reputación que la gente supiera que estaba suscrita a una agencia de contactos». Y para luchar contra estos tópicos -al igual que contra el resto- nada mejor que tener la suficiente información al alcance de la mano. O del ratón, según se mire.