Tecnología y deporte, una relación turbulenta

La UEFA ha implantado el ojo de alcón sobre el césped de la Eurocopa 2016.
La UEFA ha implantado el ojo de alcón sobre el césped de la Eurocopa 2016. / Reuters
  • La pasión por la innovación se desata fuera de los terrenos de juego con los métodos de trabajo y dispositivos portables en los entrenamientos, pero las federaciones se oponen a ella en los campeonatos para evitar "ventajas competitivas"

La pasión por la tecnología se desata fuera de los terrenos de juego. Innovación en los métodos de trabajo, uso de tecnología portable en los entrenamientos... pero las federaciones se oponen a la tecnología en los campeonatos para evitar ventajas competitivas. "El elemento humano es mejor que la tecnología. El vídeo mataría al fútbol". Estas palabras las pronunciaba hace seis años Michel Platini, expresidente de la UEFA y salpicado por un escándalo de corrupción en el mundo del balompié.

La relación entre el deporte rey y la tecnología no es muy buena en comparación con otros como el tenis, el béisbol, el rugby y el baloncesto. La llegada del ojo de halcón a las pistas más famosas del mundo de la raqueta es uno de los grandes hitos de la tecnología en el deporte. El debut de este dispositivo se produjo en 2006 en el US Open. Este sistema (solo existen tres homologados) funciona con una serie de cámaras instaladas alrededor de la pista. Todas ellas cuentan con sensores de alta resolución y una tasa de frames por segundo (FPS) bastante alta, de alrededor de 60.

Gracias a un algoritmo informático, las imágenes son procesadas en pocos segundos y una unidad central genera un mapa 3D con la trayectoria de la bola. Actualmente, el margen de error de esta tecnología ronda los tres milímetros, una cifra realmente baja considerando las dificultades que conlleva procesar tanta información a una velocidad tan elevada. Diez años después de su debut en el tenis y tras decenas de goles fantasmas, la UEFA ha decidido implantar el ojo de halcón sobre el césped de la Euro 2016. La versión futbolística cuenta con siete cámaras y avisa a los colegiados con un dispositivo vibrador si el balón traspasa la línea de gol.

La Premier League, la Bundesliga y el Calcio italiano ya cuentan con esta tecnología, aunque en España por ahora los goles fantasma seguirán siendo uno de los temas estrella en las tertulias del bar los lunes por la mañana. Sin embargo, esta animadversión a la tecnología es propiedad de los máximos dirigentes que gobiernan el mundo del fútbol porque los equipos trabajan a diario con los últimos avances en la materia.

Big Data en el fútbol

El Leicester, reciente campeón de la Premier League, vigila, recopila y analiza todos los movimientos de sus jugadores. El Big Data ha sido una de las claves del éxito del modesto club entrenado por Claudio Ranieri. "Las cámaras no pueden ver la carga física y fisiológica de un jugador. Y los demás sistemas GPS no utilizan GNSS ni tienen nuestros abundantes datos de validación", señala Catapult, el servicio tecnológico que usa el Leicester y también la Real Sociedad.

El control por GPS de los jugadores para analizar sus movimientos y sacar mayor rendimiento de los mismos se ha popularizado en los entrenamientos futbolísticos, pero desde hace años Australia lleva delantera en la tecnología portátil. La ciencia del deporte nació en las antípodas españolas en la década de los 70 después de que el primer ministro australiano Malcolm Fraser creara el Instituto Australiano del Deporte (AIS por sus siglas en inglés).

Estudios destinados a mejorar el rendimiento y la salud de los deportistas se están implantando ahora en las grandes ligas estadounidenses. Desde 2014, la NFL ha trabajado para equipar sus estadios con tecnología de identificación por radiofrecuencia (RFID) que rastrea y registra la posición en tiempo real y el movimiento de todos los jugadores. Pero, como en el fútbol, las grandes ligas de Estados Unidos se muestran remisas a su aplicación en el terreno de juego por otorgar "una ventaja competitiva".

Bañadores de la NASA

Precisamente una ventaja escasa de 54 centésimas, según los expertos, es la que acabó con la fiebre de los bañadores de poliuretano. En los mundiales de natación de Roma 2009, Speedo introdujo una nueva serie de trajes a la que se sumaron otras marcas y acabaron con quince récords del mundo en tan solo tres días.

En el caso de los hombres, los bañadores cubrían todo el cuerpo y permitían mejorar la flotabilidad durante la práctica de sus pruebas. Los trajes eran menos densos que el agua de las piscinas debido a su particular composición molecular, por lo que hacían a los deportistas menos resistentes a la hora de desplazarse por la pileta.

Aunque la Federación Internacional de Natación prohibió este tipo de trajes, las principales marcas de ropa deportiva siguen invirtiendo millones de dólares en estudios biomecánicos, aerodinámicos y fluidos, en túnel de viento o aplicando tecnologías usadas por la NASA, para crear prendas y calzado inteligentes con menor resistencia al aire, que logren compresión en el cuerpo, proporcionen frescura, reduzcan la fatiga y sean cada vez más ligeros.

Gorros de baño con Bluetooth

En plenos Juegos Olímpicos y Paralímpicos, la tecnología también ayuda en la práctica deportiva a los nadadores invidentes. Samsung, junto con el equipo paralímpico español, ha desarrollado un gorro de natación que utiliza tecnología bluetooth para mejorar las condiciones.

Cuenta con un sistema de vibración que alerta al nadador en el momento en que tiene que realizar el viraje. "¿Ventaja o innovación?" Esta es la pregunta que se hacen los presidentes de las grandes federaciones deportivas porque "errar es humano". Aunque al otro lado de la balanza los aficionados cada fin de semana reclaman la adopción de tecnología, porque, como dice la expresión latina completa, "errar es humano, pero perseverar es diabólico".