Ida y vuelta

Cruce de vías

Hacemos cuentas y nos da miedo pensar cómo corre el tiempo mientras nosotros paseamos sin prisas

Ida y vuelta
Sr. García .
José Antonio Garriga Vela
JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA

Desde hace varios días salgo a caminar por la carretera chica de la costa por la que me he movido siempre. El territorio que transcurre entre el Rincón y La Araña. No voy buscando el pasado, sin embargo lo encuentro. Me tropiezo con él a cada paso. Ando despistado mirando el mar, la roca de los túneles, el fantasma de la cementera. De pronto, oigo mi nombre. Vuelvo la cara y reconozco a una amiga que no veía desde que yo estaba detrás de las barras de los bares, no como ahora. Hacemos cuentas y nos da miedo pensar cómo corre el tiempo mientras nosotros paseamos sin prisas. Nos ponemos al día en cinco minutos, intercambiamos teléfonos y quedamos en vernos pronto. Sigo paseando. Veo bañistas en la playa, cuerpos con la edad que nosotros teníamos entonces. A veces me gustaría regresar al pasado y revivir ciertos momentos. Me da por pensar que hubiera pasado si en lugar de elegir un camino hubiese elegido otro. La pregunta de siempre que no tiene respuesta.

Miro el camino que queda por delante sin volver la vista atrás. Oigo de nuevo mi nombre. Otra vieja amiga que pasea con la hija que empuja un cochecito de bebé. Me presenta a la hija y a la nieta que aún no anda, ni habla, sólo me observa y sonríe. Me fijo en la abuela y recuerdo los días que pasamos juntos. Pienso que su hija podría ser mi hija y tengo la certeza de que ella adivina lo que estoy pensando. La complicidad no se disimula. Hablamos de amigos comunes, anécdotas divertidas y desgracias irreversibles. Un paréntesis de silencio. Me dice que se casó, se divorció, y ahora disfruta la prejubilación. Cuando oigo hablar de estas cosas, me resultan ajenas. Como si el tiempo no me afectara y fueran otros los que envejecen.

Al llegar al final de La Araña, regreso por donde he venido. Un leve cansancio me impulsa a aminorar la marcha, respirar profundamente y sentir que estoy vivo a cada paso. Una sensación reconfortante. Nunca me han gustado los viajes de vuelta, todavía hoy siguen sin gustarme. Está claro que más vale vivir el presente que recordar. El otro día compré los billetes para el destino soñado. Un lugar casi invisible en los mapas que me reclama desde que era un niño. Una de esas ilusiones que nunca se pierden. Voy a hacer realidad un sueño. Faltan semanas, pero ya he abierto la maleta vacía. La miro y dejo volar la imaginación. El viaje comienza. Muy pronto dejaré las huellas de mis pisadas en la carretera chica de una costa lejana. Nadie me llamará por el nombre y yo tampoco reconoceré a nadie. La maleta llena y el mundo vacío que habré de ir rellenando con palabras, nombres, paisajes y sensaciones.

Fotos

Vídeos