El vuelo más largo

Airbus ha fabricado un avión capaz de volar durante 20 horas. En unos meses será posible viajar de Singapur a Nueva York sin escalas

El nuevo avión de Airbus es una modificación del A-350 que le otorga mayor autonomía./Airbus
El nuevo avión de Airbus es una modificación del A-350 que le otorga mayor autonomía. / Airbus
FERNANDO MIÑANA

Casi un día entero volando. Una idea horripilante para algunos y fantástica para otros. Singapore Airlines lo contempla como una oportunidad única para que sus clientes puedan volar de Singapur a Nueva York sin escalas. Unas 9.700 millas náuticas aproximadamente (17.960 kilómetros) en veinte horas. Del tirón.

El vuelo comercial más largo que va a ofrecer la aeronáutica se hará oficial a finales de 2018 gracias al esfuerzo de Airbus, que ha modificado su modelo estándar para convertirlo en el flamante A350-900ULR (por las siglas de Ultra Long Range, vuelos de muy largo alcance). Singapore Airlines le encargó siete unidades para conectar con Los Ángeles y Nueva York. Hace unos días, el 23 de abril, la compañía que se disputa el cielo con Boeing, el otro gigante de la aviación, probó su nuevo modelo con un vuelo de cinco horas –un paseo para este fondista del aire– con salida y llegada en su factoría de Toulouse (Francia).

Las rutas más largas

14.535
kilómetros es la ruta más larga de la aviación comercial. Es la distancia que hay entre Auckland (Nueva Zelanda) y Doha (Catar), y que suele cubrir en 17 horas y media el Boeing 777 de Qatar Airways.
14.500
kilómetros recorre la segunda, el vuelo entre Perth (Australia) y Londres, que desde marzo opera Qantas. Cobra unos mil euros por un billete para este vuelo de 17 horas y media en un Boeing 787-9.
14.200
kilómetros tiene la tercera ruta: Dubai-Auckland, de 17 horas y cuarto de duración.

Ni al fabricante ni a la aerolínea se les escapa que pasarse veinte horas dentro de un avión es todo un desafío. La respuesta del equipo de diseño es una cabina que pretende parecerse más a una habitación que a un tubo asfixiante. Los techos serán altos, la iluminación correrá a cargo de luces LED y las paredes serán prácticamente verticales. El fuselaje, que incluye materiales como la fibra de carbono, permite incluir amplias ventanas panorámicas. Se acabaron los billetes más odiados, los de ventanilla al lado de una triste pared. Todos tendrán vistas. Eso no impedirá que la cabina pueda quedarse a oscuras para favorecer un sueño que abrevie este vuelo interminable.

La compañía también ha hecho un esfuerzo con el sistema de ventilación, que será silencioso y sin corrientes molestas. El ambiente se renovará cada dos o tres minutos pero reduciendo al máximo la velocidad del aire en el interior de la cabina. Singapore Airlines recupera así su vieja ambición de conectar su país con la Costa Este de Estados Unidos. Ya lo intentó con el A340-500, que tiene cuatro motores y consume mucho combustible. Para intentar cuadrar las cuentas creó un pasaje único de 100 asientos 'business', pero terminó siendo muy poco rentable y en 2013 suspendió esta ruta.

El nuevo modelo ha evolucionado este prototipo. El A350-900ULR transporta 24.000 litros de combustible más que el avión estándar –pasa de 141.000 a 165.000 litros– para alcanzar las veinte horas de autonomía sin apuros, una medida que, según los responsables de Airbus, ayudará a quemar menos combustible y, por lo tanto, a reducir las emisiones de CO2.

La última frontera

Un vuelo de larga distancia supone un mayor gasto de combustible y, por lo tanto, también un avión más pesado, con lo que es necesario reducir la carga útil. Lo que ha hecho Airbus es aumentar el peso máximo de despegue hasta las 280 toneladas (cinco más que con el fuselaje estándar), pero, a cambio, es de esperar que reduzca el pasaje por debajo de las 253 plazas. La compensación económica se sospecha que llegará con una gran cabina de primera clase y asientos 'premium'. Además, este avión incorpora algunos avances aerodinámicos y utiliza las elegantes alas de la serie A350.

Las otras grandes aerolíneas no van a quedarse de brazos cruzados. Alan Joyce, el consejero delegado de Qantas, ya ha desafiado a las compañías aeronáuticas con el 'Project Sunrise' con el que aspira a acabar con lo que califica como «la última frontera de la aviación global», los vuelos entre el este de Australia y Europa. A partir de 2022 espera establecer vuelos regulares sin escalas desde Brisbane a París, de Sidney a Londres o de Melbourne a Nueva York. Para este propósito, el CEO de Qantas se debate entre el modelo ULR de Airbus o el Boeing 777X.

Se acerca, quizá, la era de las veinte horas metido en un avión. Tiempo suficiente –es una hipótesis– para leerse 'El Quijote' o ver las ocho películas que se han estrenado de Harry Potter. Abróchense los cinturones.

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