Volar alto con los pies en el suelo

Volar alto con los pies en el suelo

Ideas, oportunidades y trabajo jalonan el camino al éxito de Antton Peña, un joven diseñador que ha desarrollado la primera aplicación de seguros instantáneos para drones

IÑIGO GURRUCHAGA

En 2020 habrá en el mundo cerca de cinco millones de drones para uso privado o comercial. Estas aeronaves pilotadas por control remoto sobrevuelan ahora las playas del mundo, son utilizadas por empresas de distribución, en la agricultura, en la fotografía o para controlar incendios. Con su proliferación han aumentando también los accidentes. Para cubrirse de posibles daños, los propietarios tienen que contratar un seguro anual. Hasta ahora.

Antton Peña coge su móvil, abre la aplicación Flock Cover y recita los pasos: «¿Con qué dron vuelas? ¿Eres operador comercial? Escribes tu nombre y qué cuenta quieres crear. Una vez registrado, llegas al mapa, eliges el lugar, te da una métrica del riesgo y el precio, haces clic en el botón de compra, eliges el tiempo, que por defecto es una hora, y el nivel de cobertura, que por defecto es un millón. Confirmas y listo para volar».

Flock Cover es el resultado de la aventura personal de este diseñador industrial de 27 años. Es su idea. Y su puesta en marcha –la ‘App’ puede descargarse desde diciembre y ofrece, por el momento, seguros a operadores comerciales en Reino Unido– muestra la creatividad y el talento de su autor para asociarse con otros, avala el marco creado por el Gobierno británico para fomentar la iniciativa e incluso ilustra los engorros del ‘Brexit’.

Peña creció entre la localidad alavesa de Aramayona y la guipuzcoana de Mondragón, donde cursó sus estudios. Hijo de ingeniero industrial y de aparejadora, se refugiaba en la planta baja de la casa familiar, en el ‘txoko’, para montar trenes y aviones sin motor «a los que ponía cablecillos». En el instituto se divertía en las clases de tecnología. Creó un puente que se abría. «La lógica de la electrónica es la misma que en la programación», dice.

En la Universidad de Mondragón estudia Ingeniería de Diseño de Producto. En el tercer año hace prácticas en Seat y en el cuarto se va con una beca Erasmus a Nantes, pero el curso no le satisface. Logra otro período de prácticas en Turín, diseñando llantas para Audi. La empresa alemana le ofrece un puesto como diseñador de superficies en Múnich.

El peso de la burocracia

Allí está rodeado de diseñadores de coches, más fuertes que él en el dibujo, pero él explora cómo la tecnología puede cambiar la estética o hacer cosas diferentes. La firma de electrodomésticos Braun es la referencia en el pasado. Apple es el ejemplo presente. Propone a la dirección un nuevo sistema de luces envolventes, animaciones cuando se frena o se arranca, rejillas delanteras que varían con la velocidad… «En el diseño de coches hay muchísimo de marca, de aspecto visual. La aerodinámica se considera después, en cuestiones de milímetros retocadas por los últimos ingenieros», dice Peña. Descubre también el peso de la burocracia: «Hay flexibilidad para explorar lo que quieras, pero la posibilidad de que llegue al mercado es muy baja; tiene que pasar muchísimos filtros en un proceso muy largo.

Decide irse a Londres para estudiar el máster en Global Innovation Design, impartido por el Imperial College y el Royal College of Arts. Alumnos anteriores habían diseñado ruedas plegables y otros proyectos fantásticos, pero que rara vez prosperan comercialmente. El máster incluye dos estancias, en Nueva York y Tokio, que dan a los estudiantes una visión del mercado global.

El Gobierno británico apoya a las ‘start-ups’ con fondos e impulsa el intercambio de ideas

Peña tiene que presentar dos proyectos, uno personal y otro en grupo. El suyo es ‘Flock’. «Había una desconexión entre una industria de drones muy seria y su credibilidad. ¿Cómo podía utilizarlos Amazon para todo lo que se propone cuando había tal rechazo?», plantea. Esa indagación del mercado desemboca en una tesis sobre el espacio compartido de drones y humanos, con un prototipo de plataforma para aterrizaje en ventanas y software para ayudar al dron a elegir la ruta con menos población.

Presenta el proyecto a Innovate UK, la agencia del Gobierno británico que apoya a ‘start-ups’. Le dan cerca de 6.000 euros en un procedimiento de documentación y cuestionario por internet. Los invierte en el Imperial College, contratando tareas al Departamento de Big Data o a especialistas en inteligencia artificial para desarrollar su idea.

El segundo proyecto del máster, el grupal, le lleva del cielo a la tierra. Con sus compañeros analiza el mercado de la muerte. ¿Funerales? Hay cuestiones religiosas, es muy complicado. ¿Incineraciones? Tampoco. ¡Testamentos! Es un mercado que no ha variado en cientos de años. Diseñan Farewill.com, una plataforma digital con un cuestionario detallado para hacer testamentos por la décima parte de lo que cobra un abogado barato, y ahorrando también mucho tiempo. En enero tuvieron su mejor mes. Diez empleados, colaboradores. Pero no es lo suyo.

Ha pasado un ‘ángel'

Vuelve a Flock y, con el proyecto más depurado, Innovate UK le da unos 18.000 euros, con la condición de que tiene que conseguir por su cuenta otros 7.000. Contacta con una empresa que vende software y estrategias publicitarias en la red a editores y que tiene muy buenos datos de uso de teléfonos, porque le permitirían conocer mejor las concentraciones de población en tiempo real. Un directivo le escucha y le da el capital que le falta.

A través de un cofundador de Farewill conoce a un graduado en Oxford que está estudiando Tecnología y Políticas en Cambridge. Explora también el mundo de los drones y conoce a mucha gente. Ed Leon Klinger, ahora consejero delegado de la empresa, y Antton Peña van entonces con su proyecto a un Club de Ángeles, asociación de inversores que convocan a emprendedores para que les presenten sus ideas.

Había cien ‘ángeles’ y Martyn Smith viene hacia ellos al terminar su presentación. Es el director financiero de Avis Budget Group. Quiere liderar la ronda de inversores. Logran más de medio millón de euros, y un foco más preciso: el negocio está en los seguros. Flock se centra en el desarrollo de una aplicación que localiza al dron, considera los riesgos circundantes y ofrece una póliza.

El acelerador de empresas

Un consejo de administración formado con expertos en drones, en seguros y en operaciones encuentra un aliado esencial: la gran aseguradora alemana Allianz. Tendrán que dedicar aún mucho tiempo para lograr la licencia del ente regulador de seguros. Nadie hasta ahora ofrecía una póliza para uso temporal breve, instantánea, con un móvil. Tropiezan entonces con el ‘Brexit’. Los entes reguladores de países de la UE no dan el pasaporte a su licencia británica por la incertidumbre sobre el futuro.

Antton Peña cuenta esta historia en el ‘txoko’, en la planta baja, de Geovation, un edificio del catastro británico en Londres, que ofrece allí una mesa y sillas a proyectos de innovación tecnológica en el campo geoespacial. Es un acelerador de ‘start-ups’. Gente en su mayoría joven dedicada a proyectos a menudo tangenciales comparte cada día oficinas de planta abierta, conversaciones, ideas.

El fundador de Flock se ha reservado el rol de explorador. Su papel en la compañía es mejorar el producto, imaginar y diseñar otros adaptados al futuro del transporte. Cuando se le pregunta qué errores ha cometido, dice que cuando era estudiante se conformó con lo que le daban y que pudo ser más activo para estudiar lo que servía a sus objetivos. Y que tendría que haber prestado más atención al universo de las regulaciones.

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