A Turing no le gustaba Estados Unidos

La Universidad de Mánchester da a conocer un conjunto de cartas inéditas del investigador que ayudó a vencer a los nazis

Algunas de las cartas de Turing.
Algunas de las cartas de Turing. / Universidad de Mánchester
VÍCTOR NÚÑEZ JAIME

El pasado mes de mayo, Jim Milles, profesor de la Escuela de Ciencias de la Computación de la Universidad de Mánchester, se topó con una extraña carpeta roja mientras ordenaba parte del archivo de la institución. Comenzó a hojear los documentos que contenía y, al ver quien los firmaba, se sorprendió. En sus manos tenía 148 cartas de Alan M. Turig (1912-1954), el matemático londinense que salvó miles de vidas en la Segunda Guerra Mundial al descifrar el código Enigma de los nazis.

Las misivas no revelan detalles sobre la vida privada del hombre que sentó las bases de los ordenadores actuales, ni de sus importantes labores durante el conflicto bélico, pero sí sobre su manera cotidiana de trabajar y también revelan algunas de sus reflexiones acerca de la inteligencia artificial, la informática y las matemáticas.

«Cuando las encontré, pensé ‘no puede ser lo que creo que es’, pero una inspección rápida me lo confirmó. Se trataba de una correspondencia que, hasta ahora, nadie de la escuela o de la universidad sabía que existía. Fue un hallazgo emocionante porque el material de archivo relacionado con Turing es más bien escaso», dice el profesor Milles en un comunicado difundido por la universidad.

Las cartas están fechadas de 1949 a 1954 y entre ellas se encuentra el borrador de un guión para un programa de radio de la BBC bajo el título ‘¿Pueden pensar las máquinas?’. La universidad inglesa, en la que el científico trabajó como subdirector del laboratorio de computación, destaca la respuesta que recibió el físico Donald Mackay cuando, en abril de 1953, invitó a Turing a dar una conferencia en el Instituto Tecnológico de Massachusetts de Estados Unidos. «No me gustaría hacer el viaje, detesto América», escribió entonces, y de manera tajante, el también corredor británico.

Ya ordenada y catalogada, la colección epistolar se encuentra disponible para los investigadores en la biblioteca del centro fundado en 1824. «Las cartas aportan una dimensión extra para comprender a un personaje fascinante y, sobre todo, para darle contexto», subraya Milles, sobre Turing, que fue hallado muerto en su laboratorio el 8 de junio de 1954. Dos años antes había sido condenado por «indecencia grave y perversión sexual», debido a su homosexualidad (algo ilegal en esa época en Reino Unido).

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