Una tradición repudiable

El Tribunal Supremo de India declara inconstitucional una práctica musulmana que permitía a los hombres divorciarse simplemente pronunciando tres veces la palabra 'talaq'

Mujeres musulmanas rezan en una celebración religiosa en Srinagar, en el Estado indio de Cachemira./Reuters
Mujeres musulmanas rezan en una celebración religiosa en Srinagar, en el Estado indio de Cachemira. / Reuters
ZIGOR ALDAMA

«¡Talaq, talaq, talaq!». Pronunciar esa palabra tres veces es todo lo que el marido de Sharaya Bano tuvo que hacer para repudiarla y quedar automáticamente divorciado de ella. Ni siquiera tuvo que pasar el mal trago de decírselas a la cara. Mientras ella se encontraba en el hogar paternal recuperándose de las infecciones que le había provocado un aborto, el hombre le envió lo que en India se conoce como un ‘talaqnama’, un breve escrito con la palabra repetida tres veces. Según la costumbre islámica del ‘talaq-e-bidat’, en esta situación el divorcio se consuma de forma inmediata e inapelable. Y la Ley Personal Musulmana, aprobada en India en 1937, considera legal esta práctica.

«Los problemas comenzaron nada más casarnos. Mi familia política comenzó a exigir un coche y más dinero. Desde el principio, mi marido me amenazaba con el ‘talaq’ cada vez que algo no le complacía. Y los dos primeros años de casados, como no conseguía quedarme embarazada, mi suegra le presionaba para que se divorciase de mí», contó Bano al diario ‘The Indian Express’. La mujer, que ahora tiene 35 años, ha dado a luz a un niño y a una niña, pero también ha sufrido «seis o siete» abortos que han deteriorado su salud. El último, en abril del año pasado, fue el que le separó para siempre de su marido.

«Le pedí que me permitiese hacer una ligadura de trompas, pero se negó porque considera que va contra el islam», recordó Bano, que recibió su ‘talaqnama’ en octubre del año pasado. Convencida de que esta tradición musulmana atenta contra los derechos de la mujer, Bano decidió llevar el caso a los tribunales. Su intención no fue la de suprimir el ‘talaq’ en sí, una norma que viene recogida en el propio Corán, sino denunciar la interpretación india que permite el divorcio instantáneo. Porque otros países que reconocen esta ley religiosa exigen que haya un período de reflexión de al menos ‘tres ciclos menstruales’ antes de que la separación se consume definitivamente. En el país de Gandhi, sin embargo, se han dado casos de hombres que han enviado el ‘triple talaq’ por WhatsApp o Facebook y aun así han logrado su objetivo.

Los datos

34.651
mujeres indias fueron violadas en 2015. Unas 20.000 eran menores de edad. El número de delitos sexuales ha crecido un 50% entre 2011 y 2016, aunque el Gobierno lo achaca en gran medida a que muchas han perdido el miedo a denunciar a los agresores.
90%
de las mujeres indias ha sufrido alguna vez algún tipo de abuso sexual, y un 86% considera que no es seguro para ellas trabajar hasta tarde o en turnos de noche. Sin duda, su inseguridad está relacionada con el hecho de que el 62,9% de los indios cree que son ellas quienes provocan a los hombres con su vestimenta atrevida o, simplemente, occidental.
47%
de las mujeres indias son casadas antes de cumplir los 18 años, y el 18% contrae matrimonio antes de los 15.

El caso de Bano fue escalando en la jerarquía judicial, hasta que llegó al Tribunal Supremo. Ella afirma que su divorcio vulnera el principio constitucional de la igualdad, porque si fuese hindú o cristiana el ‘talaq’ no habría tenido validez alguna. Y, ayer, el máximo tribunal indio le dio la razón. En un veredicto con tres jueces a favor y dos en contra, el Supremo considera que la práctica del ‘talaq-e-bidat’ es inconstitucional. Es más, afirman que va contra los propios preceptos de la religión islámica. «Y lo que es pecado en religión no puede ser amparado por la ley», sentenció el tribunal, que recordó cómo 22 países de mayoría musulmana ya prohíben esta práctica. Incluso las vecinas Pakistán y Bangladesh vetan el ‘talaq’ inmediato. «Es una sentencia histórica», aplaudió en Twitter el primer ministro indio, Narendra Modi.

Tensión interconfesional

Ahora, el Parlamento de Nueva Delhi tendrá que encajar el fallo en la legislación del país. Todo apunta a que deberá redactarse una ley específica que regule los matrimonios entre los 180 millones de musulmanes indios, algo que creará controversia y que puede elevar la tensión en las siempre delicadas relaciones entre confesiones. No en vano, aunque la federación india de organizaciones islámicas All India Muslim Personal Law Board reconoce que la tradición es condenable, exigió al Tribunal Supremo que no se inmiscuya en las tradiciones musulmanas y que deje la enmienda del ‘talaq’ en manos de la comunidad islámica.

Sin embargo, la asociación de mujeres musulmanas Bharatiya Muslim Mahila Andolan (BMMA) celebró el dictamen como un paso más en el camino hacia el empoderamiento de la mujer india. «Alá dice que hombres y mujeres son iguales. Y en la Constitución de India no hay ambigüedad alguna sobre la igualdad de género», justificó la organización cuando se sumó a la petición de Bano ante el Supremo. También el activista musulmán progresista Feroze Mithiborwala se ha mostrado satisfecho. «Las mujeres musulmanas llevan 70 años exigiendo un cambio, y es hora de que el país las escuche», dijo en un canal de televisión local.

Indias musulmanas. La comunidad mahometana es muy numerosa en el noroeste del país. / Reuters

Vidas destrozadas

Sin duda, la práctica del ‘talaq’ ha destrozado la vida de miles de mujeres indias. BMMA comenzó a hacer un recuento de casos en 2007 y en su muestra evidenció que el 78% de las musulmanas divorciadas había sido víctima de esta tradición. Muchas quedaron inmediatamente expulsadas de su hogar sin ningún lugar al que ir para reibir ayuda. Sin recursos económicos y, en muchos casos, sin poder visitar a sus propios hijos.

Ishrat Jahan, de 30 años, es una de ellas. Su marido la llamó por teléfono y le dijo tres veces la palabra maldita. Su familia política le arrebató a sus cuatro hijos y la dejó a su suerte en Calcuta. Según su abogado, lleva tiempo desaparecida. Lo último que se sabe de ella es que trató de impedir que su marido volviese a casarse para recuperar a sus hijos, pero recibió una enorme paliza por la que tuvo que ser ingresada en un hospital. Su caso ha sido uno de los que el Tribunal Supremo ha tenido en cuenta antes de dictar su veredicto.

Curiosamente, ahora Bano se plantea la reconciliación con su marido. «Puede que vuelva con él, más que nada por mis hijos. Si es que cambia de opinión, claro», afirmó a la prensa local. Su familia, sin embargo, prefiere que Bano logre la nulidad del ‘triple talaq’ para que luego pueda divorciarse legalmente. Tras un proceso civil, como hace el resto de la población. «Es un hombre que la ha llevado a esta situación, que la ha convertido en una prisionera. ¿Para qué volver con él?», se preguntaba su padre en el ‘Indian Express’. «Pero al final la decisión será la suya, por supuesto», recalcó.

Como un cero a la izquierda

Por cada cien mujeres que nacen en India, en ese país vienen al mundo 112 hombres. Teniendo en cuenta que la media mundial está en 106, es un dato que demuestra cómo ellas no son especialmente deseadas por sus familias. De hecho, se estima que los feticidios han prevenido el nacimiento de unos 12 millones de niñas indias en los últimos 30 años. Y las que sí nacen se enfrentan a un continuo calvario que ha convertido al país de Gandhi en el peor del G-20 para ser mujer. Puede que India sea una democracia y una potencia emergente, pero a sus mujeres todavía se las trata como en el medievo.

Según estadísticas oficiales, una es violada cada media hora. Y ahí no se cuentan las que son forzadas a mantener relaciones sexuales en el matrimonio, porque no es considerado delito. Además, India es también uno de los países en los que más niñas son casadas antes de cumplir la mayoría de edad, aunque eso sí que está prohibido. Claro que una cosa es lo que dice la ley y otra muy diferente cómo se implementa. Por si fuese poco, la dote que tienen que pagar su familia a la del marido –que es la que tradicionalmente debe acogerlas– es fruto de numerosos conflictos y un lastre para la mujer, que nace ya como una rémora económica.

No obstante, como apunta Doreen Reddy, responsable en la Fundación Vicente Ferrer de los programas dirigidos a las mujeres, «la brutalidad de algunos casos de violaciones y de matrimonios infantiles ha logrado que, por fin, la sociedad se mueva y comience a exigir sus derechos». En algunas ocasiones se han llegado a reunir miles de personas en protestas que han propiciado un pequeño cambio en la mentalidad machista de India, aunque solo en las ciudades.

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