La sequía hace aflorar en Guadalajara el Real Sitio del Balneario de La Isabela

El Real Sitio del Balneario de La Isabela, al descubierto.
El Real Sitio del Balneario de La Isabela, al descubierto.

El recinto, mandado construir por Fernando VII, quedó sumergido al inaugurarse el embalse de Buendía en 1955

J. V. MUÑOZ-LACUNAToledo

Tal vez el único efecto positivo de la sequía sea que el bajo nivel de los pantanos permite que vuelvan a salir a la superficie pueblos enteros e incluso monumentos que algún día formaron parte del patrimonio histórico-artístico español. Es el caso del Real Sitio del Balneario de La Isabela, situado en Sacedón (Guadalajara), que en 1955 quedó totalmente inundado al inaugurarse el embalse de Buendía.

Este enorme pantano que puede albergar 670,83 hectómetros cúbicos se encuentra actualmente al 10,29 por ciento de su capacidad. El nivel del agua se ha reducido tanto que los restos de este balneario son perfectamente visibles e incluso son motivo de visita por parte de los vecinos de la zona, que pueden recorrer sus calles e imaginar cómo era.

Aguas 'milagrosas'

Fue Fernando VII quien ordenó su construcción en 1817 después de haber acudido a Sacedón en repetidas ocasiones para someterse a curas de agua y combatir su gota. "Había un pequeño balneario y ya se conocían las propiedades curativas de estas aguas desde época de los romanos, que construyeron unas termas", explica la historiadora local, María Lara. En 1826 fue declarado "Real Sitio" y recibió el nombre de "La Isabela" en homenaje póstumo a la reina María Isabel de Braganza, fallecida en 1818.

Se inició entonces la mejor etapa de este balneario pues empezó a ser el destino de turismo sanitario favorito de la realeza y nobleza españolas para tratar reumas, erupciones en la piel y hasta epilepsias. Llegó a contar con un palacio, un poblado con 50 viviendas, una ermita, un bosque donde los reyes pudieran cazar y zonas de jardines y cultivos. Su decadencia se inició con la desamortización de Madoz en 1855. Años más tarde, el Gobierno lo puso en venta y su propiedad pasó por varias manos hasta que en 1931 lo adquirió el marqués de la Vega-Inclán, que decidió reformarlos. Sin embargo, la Guerra Civil supuso la muerte del proyecto y el balneario se transformó en hospital psiquiátrico.

Más tarde, los proyectos hidráulicos del franquismo centraron su atención en este lugar, que quedó anegado en 1955 con la puesta en marcha del embalse de Buendía.

Ahora, en 2017, el río Guadiela, que alimenta al pantano, es apenas un hilo de agua y el embalse se vacía. En opinión de otro investigador histórico local, Antonio Trallero, si sigue sin llover "en las próximas semanas saldrá a la luz la parte baja de este balneario que fue la envidia de la zona".

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