Sangre y espías en la Medina

Arturo Pérez-Reverte, ayer, en Tánger, durante la presentación de su libro 'Eva'. :: efe/
Arturo Pérez-Reverte, ayer, en Tánger, durante la presentación de su libro 'Eva'. :: efe

Arturo Pérez-Reverte lleva a Falcó, su amoral mercenario, al Tánger de entreguerras en 'Eva', la segunda entrega de la serie

MIGUEL LORENCI TÁNGER.

«Ni es una novela políticamente correcta ni lo es su protagonista», reitera Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) sobre 'Eva' (Alfaguara) y Lorenzo Falcó. El 'halcón' espía de Reverte se mete en líos y es acosado por los malos a los que degüella y tortura, en el Tánger de entreguerras, en su nueva novela. El escritor y académico la presentó ayer sobre el terreno, paseando por las callejas de la Medina, el puerto, el Zoco chico y sus decadentes cafés y hoteles. Como el añoso Continental, de 1870, donde él se hospeda hoy, como antes Paul Bowles, Tennesse Williams, Truman Capote, Jean Genet y tantos otros creadores, seducidos por la libérrima ciudad marroquí.

«Casablanca, la película, iba a ser Tánger», aclara el escritor ante un suculento cuscús y rememorando lo que fue aquel Tánger fascinante y cosmopolita que recrea y conoce al dedillo. «Un nido de víboras y lobos», en el que Falcó vuelve a jugársela, a «seducir, amar, matar e intrigar». Y a vérselas con la agente rusa que le debe la vida, Eva Neretva, que apareció en la novela inaugural de la serie y la única capaz de agrietar su pétreo corazón. No niega Reverte ser «un buen amigo» de Lorenzo Falcó, «el amoral e implacable» mercenario y extraficante de armas surgido hace un par de años de su magín. De la primera entrega ha vendido 300.000 ejemplares y espera repetir con la segunda, de la que se editan 250.000.

Estamos en marzo de 1937. Mientras la Guerra Civil desangra España, su nueva misión lleva a Falcó al Tánger internacional, libre y canalla, refugio de espías, encrucijada de traficantes y asesinos, de conspiraciones y negocios turbios. Recuerda el escritor que Falcó «es únicamente leal a su propia causa». Al jerezano «guapo, peligroso, mujeriego y sinvergüenza» no le temblará el pulso «ni para matar, ni para torturar o seducir las mujeres más bellas». Sabemos que «es un lobo, un depredador sin escrúpulos y que tiene el sexo fácil», de modo que con ellas se comporta como «un cazador». La incorrección política de Falcó es uno de los aspectos que más agrada a su creador, que le presta «mi memoria y rasgos de mi carácter». «Es más sencillo construir un héroe sin defectos que respete a las mujeres que no torture ni mate. Pero no es el caso», dice de un Falcó «que asesina y tortura como recurso técnico».

«He vuelto a fumar para comportarme como él; leo lo que leía, como lo que comía y pienso lo que pensaba», explica Reverte, que no quiere saber nada de un presente «vulgar» ni de los espías tecnificados tipo Bond. «No me interesan, como no me interesa el presente, que es de una vulgaridad terrible de la que me evado escribiendo a partir de mi vida, que ha sido movida, de mis amigos y de mis odios», asegura.

Pérez-Reverte ya está con la tercera entrega. Sólo desvela que la titulará con una sola palabra, «un sustantivo», y que Falcó estará fuera, «en Biarritz». «Si me lo sigo pasando tan bien y el lector lo acepta», anuncia, persistirá en la serie «quizá durante los próximos diez años».

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