Flora intestinal, probióticos y prebióticos y su papel crucial en nuestra salud

Flora intestinal, probióticos y prebióticos y su papel crucial en nuestra salud

Cada vez más estudios vinculan los desequilibrios en nuestra flora con la aparición de enfermedades tan diversas como las alergias, la artritis e incluso la depresión

Javier Morallón
JAVIER MORALLÓN

No estamos solos en ningún momento. Un auténtico ejército de bacterias nos acompaña durante toda la vida. Nuestro tubo digestivo es el hogar de miles de seres vivos que son fundamentales en nuestra salud. Solo de forma reciente estamos siendo conscientes de la importancia de este microcosmos que se sitúa en las partes más bajas de nuestro intestino ya que en zonas superiores la acidez del ácido clorhídrico, segregado por el estómago, impide su correcto desarrollo. Una persona adulta sana alberga 100 billones de bacterias, sobre todo en el colon, de unas 1.000 especies diferentes. Si las pesáramos supondrían unos dos kilos y de su buen comportamiento y composición depende, en gran medida, nuestra salud.

La flora intestinal es responsable de funciones como la producción de factores de crecimiento y vitaminas, la Vitamina K (esencial para la coagulación) y algunas vitaminas del Grupo B. También contribuye a la estimulación del sistema inmunológico, la inactivación de toxinas, la reducción de lípidos sanguíneos, el ahorro de energía y el efecto barrera frente a gérmenes patógenos. Muchos científicos consideran que el efecto barrera es vital, bloqueando hasta un 70% de posibles infecciones.

Pero eso solo es el principio, diversos estudios vinculan, cada vez más, desequilibrios en nuestra flora con la aparición de alergias o enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide. Desequilibrios que pueden tener su origen en el mal uso de los antibióticos en la infancia http://www.e-jmii.com/article/S1684-1182(13)00074-1/abstract. El asma o la intolerancia al gluten parecen estar más que relacionados y factores de riesgo como la obesidad y el exceso de colesterol no permanecen indiferentes a nuestra microbiota. El cáncer tampoco es ajeno a la interacción de estos microorganismos, como recientes estudios han demostrado con el cáncer de colon http://mbio.asm.org/content/4/6/e00692-13.abstract. La importancia de estos seres vivos no deja de sorprender a los científicos que incluso han empezado a ver relaciones de causalidad con nuestro estado de ánimo o con el inicio de determinados estados depresivos.

¿Cómo las ayudamos?

Estas bacterias viven en el tubo digestivo, así que la dieta va a ser decisiva para que nuestros compañeros de viaje se encuentren a gusto y trabajen en buenas condiciones. La Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) recomienda reducir el consumo de alimentos ricos en grasa animal, fritos y picantes, moderar la ingesta de café y evitar el tabaco y el alcohol. El uso de laxantes, el estrés, el sedentarismo y el exceso de peso también pueden dañar nuestra flora.

Probióticos y prebióticos

Estas dos palabras se han colado en el discurso habitual de cualquier persona interesada en la nutrición y en la vida sana. El problema es que tanta gente habla sin la mínima formación y existe tal intento de confusión por parte de la industria alimentaria que muchos neologismos utilizados sufren el riesgo de caer en el mismo descrédito que otros. En este caso, el rigor científico sí avala los parabienes que se le otorgan.

Los prebióticos son sustancias presentes en los alimentos capaces de estimular el crecimiento y/o actividad de las bacterias intestinales beneficiosas del intestino (como los lactobacilos y las bifidobacterias). En general, suele tratarse de hidratos de carbono no digeribles, presentes en frutas y verduras, destacando alimentos como la achicoria, la alcachofa, los plátanos o los espárragos, que contienen una proporción significativa de inulina, una fibra estimuladora del crecimiento de la flora, que promueve los movimientos intestinales, ayudando a mejorar la digestión. También la podemos encontrar en el ajo, la cebolla y espinacas o en la avena y el trigo siempre que sean en su versión integral.

Los probióticos, según los define la Organización Mundial de la salud (OMS), son “microorganismos vivos que, cuando se suministran en cantidades adecuadas, promueven beneficios en la salud del organismo que los recibe” . Están presentes en el yogur y los fermentos lácticos, que suelen tolerarse mejor por las personas que lo pasan regular con la lactosa, aunque también podemos variar y añadirlos a nuestra dieta consumiendo chucrut (col fermentada), tempeh, té de Kombucha, kéfir, encurtidos, ciruelas umeboshi, kimchi coreano o miso.

Son necesarios más estudios que concreten mejor qué alimentos son los que albergan la población bacteriana más interesante y resisten su paso por el ambiente ácido del estómago hasta su destino definitivo en el intestino.

Trasplante fecal

Sí, has leído bien. Resulta que cuando los desequilibrios en la flora intestinal son considerables, su vuelta a la normalidad no es nada fácil. Este planteamiento radical se ha empezado a utilizar en países como Australia y EEUU, con muy buenos resultados, existiendo en este último un banco de heces fecales. Básicamente es la introducción de heces sanas, por endoscopia en la zona del colon, algo que está demostrando ser más que eficaz con peligrosas infecciones como las de Clostridium difficile o favorecer el tratamiento contra el cáncer.

Tan solo estamos empezando a intuir el valor de estos seres simbiontes de los que carecemos en el momento del nacimiento pero que rápidamente nos colonizan teniendo especial importancia nuestra forma de nacer y el consumo o no de leche materna. Todo apunta a que en los próximos años conoceremos la verdadera importancia de nuestros ilustres polizones pero no parece mala idea hacerles sentir como en casa.

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