Vicente Gradillas: «Al suicida hay que hacerle ver que siempre hay soluciones»

Vicente Gradillas muestra el libro sobre el suicidio que ha escrito con su hija./Salvador Salas
Vicente Gradillas muestra el libro sobre el suicidio que ha escrito con su hija. / Salvador Salas

Un libro escrito por dos psiquiatras aborda las tendencias autodestructivas del ser humano y cómo tratarlas

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

El suicidio es universal y existe desde siempre, afirma el psiquiatra Vicente Gradillas. Este experto ha escrito junto a Cristina Gradillas (su hija y también especialista en psiquiatría) el libro 'Suicidiología clínica', una obra que aborda las tendencias autodestructivas del ser humano. En esta entrevista, el doctor Gradillas pone de manifiesto que a una persona con ideas suicidas hay que hacerle ver que siempre hay soluciones a los problemas.

¿Qué es lo que se quiere contar en 'Suicidiología clínica'?

–Decidimos escribir esta obra porque vimos que había un vacío, ya que la mayoría de los tratados sobre suicidios se relacionan con temas muy generales. La mayor parte del libro se dirige a personas con pensamientos, deseos o intenciones de terminar con su vida y a los profesionales que tienen que tratarlas.

¿Cuáles son las causas que llevan a una persona a tener ideas suicidas e, incluso, a aplicarlas?

–Las causas son múltiples: biológicas, familiares, sociales, filosóficas y de toda naturaleza. Esos factores cambian según cada persona, así como la intensidad y la fuerza de los mismos. Detrás de esas ideas suicidas lo que hay es un intento de huir del tormento del dolor y del sufrimiento. Aparte, hay otros factores que son protectores. Entre ellos, están la familia, el trabajo y la religión. Esas cuestiones protegen del suicidio.

O sea, que el suicidio es una especie de escape...

–Aunque, en líneas generales, el suicida busca un alivio al matarse, también existe un suicidio racional o filosófico, en el que la persona, haciendo uso de su libertad, decide quitarse la vida no por grandes problemas, sino porque la existencia no le produce ningún aliciente. Esos casos de libertad pura son mínimos. La mayoría de las veces, detrás de un suicidio hay un problema intenso, un estado de ánimo muy bajo, un sentido de culpabilidad y, en definitiva, muchos sentimientos muy dolorosos que determinan que la persona no desee vivir. Frente ese lado negativo están los factores protectores de los que le hablaba antes

¿Qué elementos hay para prevenir las conductas suicidas?

–En algunos casos, prevenir es extremadamente difícil. Hay una prevención general, que es algo obvia y que pasa por el hecho de que no haya traumas sociales y que el individuo tenga una personalidad fuerte. También se cuenta con otro tipo de prevención, que pasa por eliminar los elementos que pueden facilitar a una persona el suicidio: como armas o herramientas para quitarse la vida.

«El suicidio aparece desde que se observan los primeros documentos escritos»

¿Cómo deben abordar los médicos y los psiquiatras la terapia de alguien de quien sospechan que puede llegar a ser un suicida?

–Hay que hacer un estudio general de toda la vida del individuo y luego hay que descubrir las señales que evidencien el riesgo de suicidio. Esas señales a veces son directas. La persona dice que se quiere quitar la vida, que no aguanta más... Otras veces hay indicios muy indirectos como, por ejemplo, decir: «Me gustaría ser una persona mayor, porque entonces me quedaría poco que sufrir en esta vida». Son formas indirectas de hacer ver las ideas negativas.

En la sociedad actual ¿hay una menor capacidad de aguante ante el dolor y los problemas?

–No, no creo que pase eso. El suicidio aparece en la humanidad desde que se observan los primeros documentos escritos. El asesor de un soberano persa se suicidó porque los pronósticos que hizo fallaron. El suicidio es universal.

¿Hay un incremento de casos o estos se mantienen estables?

–La mayor parte de los suicidios se dan en personas mayores, aunque los casos en los jóvenes han aumentado, lo que hace que en muchos lugares el suicidio sea ya la primera causa de muerte tras los accidentes. No obstante, donde realmente se da un incremento de suicidios es en las personas mayores, sobre todo en los hombres. En las mujeres, el ascenso de esos comportamientos que conducen a quitarse la vida, se da en la época de aparición de la menopausia.

¿Hay menos suicidios en la gente con convicciones religiosas?

–Sin duda. Cuando hay creencias religiosas aparece un grupo social de ayuda mutua. Ese hecho favorece que el individuo compense sus ideas o deseos de quitarse la vida con esa gente que lo ayuda y que comparte con él las mismas creencias religiosas.

Evitar el pesimismo

¿El suicidio está relacionado con personas que sufren una enfermedad mental?

–En primer lugar, está la depresión. Con ella surge un padecimiento extremo y la persona que la sufre no ve la salida de esa situación: cree que es algo ineludible. A la vez, la forma de pensar del depresivo le hace creer que ese padecimiento es interminable. Cuando llega a la etapa final, piensa que es inaguantable. Son lo que llamamos las tres íes: ineludible, interminable e inaguantable. Al enfermo mental, y a cualquier persona con ideas negativas, hay que convencerlo de que siempre hay soluciones. Es lo que intentamos los profesionales. Un médico nunca deber ser pesimista. Otro trastorno que favorece el suicidio es el alcoholismo.

¿Y por qué sucede eso?

–En el alcoholismo hay un porcentaje muy grande de suicidios. Se bebe porque se está deprimido. La protección familiar en esos casos es menor. También surgen problemas en el trabajo a causa del alcohol y con los vecinos. Lo que intentamos es que el alcohólico vea otras alternativas que lo saquen de esa terrible situación.

¿Hay más riesgo real en las personas que repiten que se van a quitar la vida o en aquellas que no lo dicen nunca, pero lo piensan?

–Generalmente, el que se suicida lo ha avisado con mucha frecuencia. El dicho que afirma que el que amenaza no hace nada no se corresponde con la realidad en este caso. Hay una clase de conducta suicida en la que no se busca la muerte, sino que es un fin para conseguir otras cosas. Digamos que es una protesta, un grito de ayuda o una llamada de atención.

¿Cuánto tiempo les ha llevado escribir el libro?

–Este es un trabajo en el que llevo pensando toda la vida, desde mis tiempos de profesor de Universidad. Al final, entre mi hija y yo hemos materializado esos pensamientos y hemos escrito el libro.

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