¿Cómo sufre tu cuerpo con las comilonas de Navidad?

¿Cómo sufre tu cuerpo con las comilonas de Navidad?

Comer sin apetito durante días y días en estas fiestas tensiona nuestro organismo y lo coloca la límite. ¿Las consecuencias? No sólo en el peso, también se nota en la calidad del sueño, la ansiedad o los trastornos de la piel

Javier Morallón
JAVIER MORALLÓNProfesor de biología y experto en tecnología alimentaria

Una serie de novelas francesas del siglo XVI describen cómo dos gigantes, Gargantúa y Pantagruel, se ponían hasta las manillas banquete tras banquete. Su voracidad ha asociado el adjetivo 'pantagruélico' a eventos gastronómicos desbordados por la cantidad de viandas y la desmedida exhibida en su consumo. En estos libros nada se dice sobre los niveles de transaminasas de los gigantes o de si padecieron incidentes cardiovasculares asociados a alguna opípara cena. Pero no es difícil de intuir que, como mínimo, algún susto tendrían y que eran candidatos idóneos para desarrollar una diabetes tipo II.

Comienza la Navidad y el que más y el que menos lleva días de excesos por todo tipo de actos sociales que ya no se restringen a las dos semanas posteriores al 24 de diciembre, sino que se inaguran a mediados de noviembre con innumerables celebraciones de dudosa tradición como las comidas de trabajo, amigos, compañeros de promoción, primos… Estos festejos se prolongarán hasta el roscón de reyes y tendrán un denominador común, la presencia constante de menús hipercalóricos, con exceso de alcohol y una combinación nada prudente de ingredientes.

Hay que ser conscientes de que muchos de los homenajes que se planifican tienen del orden de las 1500 a 2000 Kcal por persona a las que luego habría que añadir dulces y bebidas. Esto supone tomar, en una sola sentada, más calorías de las que necesitamos para todo el día con un desequilibrio notorio, por exceso, en la proporción de proteínas y grasas. Si estas comilonas se repiten en un corto periodo de tiempo las consecuencias no se hacen esperar en forma de digestiones pesadas, distensión abdominal, ardores, náuseas o malestar. Pero dichas secuelas pueden quedarse en meras anécdotas si la persona en cuestión padece algún tipo de patología previa.

Sustos cardiovasculares

La cuantía y el desgobierno en la proporción de nutrientes en los menús de navidad es notable, aunque dichas pitanzas suelen ir acompañadas del balsámico y castizo dicho de “un día es un día”. Dicha sentencia nos tranquiliza con respecto a las posibles consecuencias pero igual no debería. Sabemos que un 70% de la población de más de 65 años tiene hipertensión, porcentaje que baja al 35% en la población adulta en general. Si algo define a las creaciones culinarias de estos días son sus altísimos niveles de sodio (sal). Este hecho no ha pasado desapercibido a los investigadores que han detectado un incremento del 5% en las muertes por accidentes cardiovasculares durante las navidades, como refleja el estudio publicado por Science & Medicine incremento que, en gran medida, se debe a desajustes dietéticos.

Algo más que grasas y sal

Queda claro que la desmesura no solo acompaña a la cantidad sino también a la calidad de los alimentos, por mucho que hayan sido adquiridos en la zona gourmet de nuestro supermercado. Consideración aparte merece la ingesta de alcohol a la que incitan los propios villancicos, recuerden 'beben y beben y vuelven a beber'. De las consecuencias de los excesos del alcohol ya hablé en el artículo: ¿Qué le pasa a nuestro cuerpo durante una buena resaca? Aunque no estaría de más recordar dos datos. El primero es el síndrome cardiaco festivo, que son las arritmias que se producen las horas posteriores al exceso de hidratación alcohólica y las 7 Kcal/g que aporta el alcohol y que contribuyen de forma nada despreciable al exceso calórico y a la posibilidad de sustos en nuestro músculo cardiaco.

Y después...

Algo curioso de estos días es que la espectacular presentación de las mesas y nuestra predisposición psicológica nos incitan a comer y beber mucho más allá de los niveles normales de saciedad. Comer sin apetito durante días va a tensionar nuestro organismo siendo los efectos más habituales el aumento de los niveles de transaminasas, colesterol y triglicéridos, incremento de peso, alteración del sistema inmune, insomnio, ansiedad y trastornos de la piel.

En cuanto a la subida de peso la media será entre 2-3 kilos pero lo que realmente importa es que parte de esa adición será permanente. Se calcula que aproximadamente medio kilo. Ese medio kilo se queda con nosotros, así que póngase a contar las navidades pasadas e igual empieza a entender el porqué de esa masa blandita que adorna su cintura.

¿Se trata de una maldición divina? Pues no debería, igual mesurando nuestro nivel de glotonería o con la revolucionaria actitud de no solo apuntarse al gimnasio en enero sino además ir, sería suficiente.

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