Pedro González Alegre: «El párkinson y el alzhéimer se podrán predecir antes de que se manifiesten»

El doctor González Alegre, durante su reciente estancia en Málaga. /Ñito Salas
El doctor González Alegre, durante su reciente estancia en Málaga. / Ñito Salas

Director del Programa de Neurogenética en Pensilvania, uno de los más prestigiosos centros de investigación en trastornos del movimiento

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

El doctor Pedro González Alegre suele volver a su Málaga natal en las vacaciones de verano, pero en esta ocasión ha regresado a su facultad para pronunciar una serie de conferencias, a alumnos y también a profesores, invitado por el programa de doctorado de Biomedicina, Investigación Traslacional y Nuevas Tecnologías en Salud. Estudió y se doctoró en Málaga en Neurociencias, pero se marchó a Estados Unidos para hacer la residencia y allí continúa. Ha pasado por varias universidades estadounidenses, y desde 2015 es el primer director del programa de Neurogenética, un nuevo centro de excelencia traslacional del departamento de Neurología de la Universidad de Pensilvania.

¿Podemos pensar que estamos a las puertas de un vuelco en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas?

–Esta es un área que ha cambiado mucho en los últimos años. Lo que pasa es que al sistema nervioso, por sus peculiaridades y los obstáculos que presenta para la aplicación de terapias moleculares y génicas, estos avances tardan algo más en llegar.

Movilidad«Es bueno salir de tu entorno, aprender de otras personas, vivir y pensar de otra manera»

¿Qué horizonte temporal se plantean?

–En la próxima década vamos a tener un cambio total en la disponibilidad de terapias génicas y moleculares, tanto dentro como fuera del sistema nervioso. Habrá nuevos desafíos, como a quién se les aplican o en qué países o cómo financiarlas, pero ese es otro debate, lo que sí es seguro es que estarán disponibles.

En la Universidad de Pensilvania ha dirigido un centro de investigación sobre la enfermedad de huntington y ahora se ha centrado en el párkinson, ¿qué diferencia una y otra?

–La enfermedad de huntington es una enfermedad con base genética conocida. Pero el párkinsos es una enfermedad heterogénea con muchos factores implicados. Uno de ellos es el genético, y esta es la parte que estudiamos. Lo hacemos a partir de poblaciones especiales, como las personas que desarrollan párkinson a una edad temprana, aquí hay un claro componente genético. También hemos encontrado poblaciones de judíos en el norte de África que desarrollan esta enfermedad en un mayor porcentaje. Es lo que llamamos medicina personalizada, centrada en individuos o colectivos muy concretos.

Hay una inquietud social respecto a la enfermedad de alzhéimer, en la que precisamente usted está investigando...

–Sí, es un tema en el que estoy entrando ahora. Preocupa porque se han realizado ensayos clínicos que parecían muy prometedores, pero que finalmente no han dado resultados, y esto lleva a los investigadores a preguntarnos dónde está el problema, por qué no entendemos el proceso de la enfermedad. Y aún no conocemos la respuesta.

Y, ¿cuál es su opinión?

–Desde mi punto de vista todas estas enfermedades, hasta ahora, las estamos tratando muy tarde. La clave va a estar en tratarlas mucho antes de que aparezcan los síntomas. Ya se están desarrollando estrategias para poder predecir el párkinson y el alzhéimer antes de que la enfermedad se manifieste. Muchos de los ensayos clínicos de estos momentos van en esa dirección; es impresionante el número de estudios genéticos y moleculares que se están haciendo, y sería muy difícil que ninguno tenga resultados positivos. Lo que pasa es que son estudios caros, que necesitan mucha financiación y tiempo para que se vean los resultados.

Usted ha animado a los estudiantes de Medicina de la UMA a salir fuera, a investigar y especializarse terminada su carrera, ¿lo ve imprescindible?

–No es que sea imprescindible, pero la movilidad es beneficiosa. Y no siempre hay que salir a Estados Unidos o un país extranjeros, puede ser dentro de España. Pero sí que salir de tu entorno es beneficioso, aprendes de otros sistemas, estás con gente que piensa de forma distinta y en ese sentido cuanto más lejos te vayas más diferente va a ser la forma de pensar y de vivir de esas otras personas. Más que de país, se trata de cambiar de mentalidad.

«Tengo muy buen recuerdo de mi paso por la UMA. Gran parte de lo que soy se lo debo a la formación y al empuje que tuve desde la facultad»

Quizás por eso usted se fue a Estados Unidos, pero allí ha estado en Massachusetts, en Iowa y ahora está en la Universidad de Pensilvania...

–Sí, siempre me ha gustado cambiar y de hecho cambio de sitio e incluso de lo que hago, porque me gusta hacer cosas nuevas, y esto es muy edificante.

Usted ha vuelto a la facultad donde estudió, y me gustaría preguntarle qué porcentaje de su éxito profesional atribuiría a esta facultad y universidad.

–Muchísimo. No solo por lo que me enseñaron, sino sobre todo por el ejemplo que me dieron cara al futuro. Aquí es donde me entró el gusanillo de la investigación, siendo alumno interno del departamento de Fisiología, en el laboratorio con el profesor Lara y otros miembros del departamento, planteando preguntas científicas de las que nadie aún tenía respuesta y haciendo experimentos para intentar responderlas. Tengo muy buen recuerdo de mi tiempo aquí; la formación que recibimos fue excelente, algo que es aún más meritorio en una facultad y universidad tan jóvenes. Gran parte de lo que he podido hacer es por la formación y el empuje que he tenido desde la facultad.

¿Cuáles son, en su opinión, las principales diferencias entre el sistema educativo americano y el español?

–El modelo es un poco distinto, aunque al acabar el proceso de formación, lo que sería la residencia (MIR) el nivel de formación es equiparable, con la gran diferencia de que en Estados Unidos el estudiante acaba con una gran deuda, por lo cara que es la formación. Sí hay diferencia en la organización de los estudios, allí la ciencia básica y la práctica clínica se integran en la formación del alumno mucho antes que aquí.

El profesorado, ¿tiene la misma dedicación que aquí en España?

–Esta sí es una diferencia muy destacada. Yo no podría trabajar en las condiciones que lo hacen mis colegas malagueños. Hay una carga docente que impide hacer otras cosas. Es admirable cómo pueden realizar buenas investigaciones con esta carga docente. Allí las clases son una mínima parte, y yo enseño sobre lo que hago clínicamente, luego hay otros profesores más volcados en la docencia, o los hay que enseñan en el laboratorio o en el hospital. Creo que habría que proteger al profesor y darle más tiempo para investigar.

Desde Estados Unidos estará al tanto de la fuga o marcha de licenciados y graduados españoles a otros países, por falta de oportunidades, ¿cómo ve este fenómeno?

–Cuando sales de tu país porque te apetece, porque quieres investigar en otros lugares o laboratorios, porque quieres crecer profesionalmente, me parece estupendo. Es mi caso, con el doctorado por la UMA me fui a hacer el internado en el Saint Vincent Hospital (Massachusetts) en 1999. Pero otra cosa es que tengas que hacer la maleta porque no hay oportunidades en tu país. Se invierte mucho dinero en la formación de un médico, o de cualquier otro profesional, para que luego no puedan quedarse en su país.

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