Parkinson: por qué aparece la enfermedad, primeros síntomas y cómo abordarlos

Parkinson: por qué aparece la enfermedad, primeros síntomas y cómo abordarlos

Con motivo del Día Mundial del Parkinson, que se celebra este 11 de abril coincidiendo con el aniversario del neurólogo británico que lo descubrió en 1817, repasamos las principales dudas ligadas a esta patología

Almudena Nogués
ALMUDENA NOGUÉSMálaga

Este miércoles 11 de abril se celebra, un año más, el Día Mundial del Parkinson. Se toma dicha fecha coincidiendo con el aniversario de James Parkinson, el neurólogo británico que en 1817 descubrió lo que por entonces denominó 'parálisis agitante' y que a día de hoy es una enfermedad que afecta a más de 160.000 personas en España (unas 22.000 en Andalucía según las estimaciones). Aunque se asocia tradicionalmente al envejecimiento, entre un 15 y 20 por ciento de estos pacientes tiene menos de 40 años, según informes de la Federación Española de Párkinson (FEP). Un dato preocupante dado el rechazo social que suele llevar aparejado, de ahí la necesidad de sensibilizar más a la sociedad sobre los síntomas más frecuentes a fin de suprimir estereotipos, advierten desde la FEP.

Pese a todo lo avanzado estos últimos años, todavía sigue habiendo una demora diagnóstica de entre 1 a 5 años, y se calcula que hasta un 19 por ciento de quienes lo padecen tardan más de cinco años en recibir el diagnóstico definitivo. Un retraso que se traduce en un deterioro de la calidad de vida de estos pacientes.

El Parkinson se caracteriza por la falta de producción de una sustancia química en el cerebro llamada dopamina, la cual es responsable de ayudar a los movimientos del cuerpo y de regular el estado de ánimo de una persona. Las personas que lo sufren pueden tomar medicamentos que ayudan a mejorar sus síntomas. La enfermedad es progresiva, sin embargo con un tratamiento adecuado se puede mejorar su impacto.

Para ello es esencial, como ya se ha apuntado, el diagnóstico temprano. Y es que existen algunos signos y síntomas que aparecen en las primeras fases y que pueden ayudar a reconocer si se sufre esta enfermedad. Los más conocidos son lentitud/dificultad de movimiento, rigidez, temblor y alteraciones de la postura y de la marcha. Sin embargo, el proceso degenerativo afecta también a otras estructuras neurales, dando lugar de forma variable a otras manifestaciones clínicas, denominadas no motoras, entre las que se incluyen trastornos del olfato, del sueño, anímicos, cognitivos o digestivos, entre otros. Recopilamos los prinicpales síntomas de alarma y otra información de utilidad en esta completa guía elaborada con información de la Federación Española de Párkinson y de la Parkinson's Foundation:

¿Qué es el parkinson?

La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo que afecta al sistema nervioso de manera crónica y progresiva. Es la segunda enfermedad más prevalente en la actualidad después del Alzhéimer y pertenece a los llamados Trastornos del Movimiento. Según las estimaciones oficiales, en Andalucía hay en la actualidad más de 22.000 pacientes y, con las tendencias actuales, se espera que para mitad de siglo nos encontremos con unos 50.000 afectados en la región.

Se conoce comúnmente como enfermedad de Parkinson en referencia a James Parkinson, el doctor que la describió por primera vez en 1817 en su trabajo monográfico 'Un ensayo sobre la parálisis agitante (An essay on the shaking palsy)'.

¿Por qué se produce la enfermedad?

La EP se caracteriza por la pérdida (o degeneración) de neuronas en la sustancia negra, una estructura situada en la parte media del cerebro. Esta pérdida provoca una falta de dopamina en el organismo, una sustancia que transmite información necesaria para que realicemos movimientos con normalidad. La falta de dopamina hace que el control del movimiento se vea alterado, dando lugar a los síntomas motores típicos como el temblor en reposo o la rigidez.

¿Por qué a mi?: Causas

A día de hoy no se conoce la causa última de la EP. Sin embargo, se considera que podría deberse a una combinación de factores genéticos, medioambientales y los derivados del propio envejecimiento del organismo. La edad es un claro factor de riesgo, siendo la edad media del inicio entre los 55-60 años. La prevalencia aumenta exponencialmente a partir de la sexta década de vida. Cuando la EP aparece antes de los 50 años, se denomina EP de Inicio Temprano.

El 90% de los casos no se deben a una alteración genética concreta. No obstante, se estima que entre el 15% y el 25% de las personas que tienen la enfermedad cuentan con algún pariente que la ha desarrollado previamente. Algunos estudios citan, además, como factor de riesgo el consumo continuado a lo largo de los años de agua de pozo o el haber estado expuesto a pesticidas y herbicidas.

Síntomas

El parkinson se presenta a través de una serie de síntomas motores y otros no motores, que varían en función de cada persona. Según la Parkinson's Foundation estos son los diez signos y síntomas más frecuentes que hacen saltar las alarmas (hay numerosas manifestaciones tanto motoras como cognitivas, autonómicas y sensoriales):

Temblor: Es quizás, el signo más conocido, pero ojo porque no es el único ni mucho menos. Los temblores o contracciones en las extremidades son síntomas tempranos y comunes de la enfermedad. Puede ser temblor en los dedos, manos, piernas, mentón o hasta de labios.

Dificultad al caminar o al moverse: «Si nota que sus brazos no se mueven al caminar, si siente que sus pies se 'pegan' al suelo, le duele la cadera o los hombros puede tener un principio de parkinson» destacan desde la orgazación internacional. La bradicinesia es el componente más incapacitante de la enfermedad, afectando principalmente a la cara y los músculos axiales, la cual, en combinación con el temblor y la rigidez, hace que tareas simples como escribir, vestirse o abrocharse botones se conviertan en imposibles. La última expresión de dicha bradicinesia es el llamado 'bloqueo o congelación', con el que el paciente se queda repentinamente en el sitio, incapaz de dar un paso adelante, como si los pies estuvieran pegados al suelo.

Letra Pequeña: Si nota que su escritura es más pequeña que antes o que ha cambiado la forma de escribir las palabras -disminuyendo el tamaño de las letras y juntando más las palabras, ojo porque esta alteración es un síntoma temprano de la enfermedad de Parkinson.

Pérdida del Olfato: ¿Ha notado que ya no puede oler ciertos alimentos igual que antes? También es un indicador de esta enfermedad.

Problemas con el sueño: Los movimientos repentinos durante el sueño profundo pueden ser signos tempranos de la EP.

Estreñimiento: El estreñimiento puede aparecer a lo largo de la evolución de la enfermedad hasta en el 80% de los pacientes, según la Sociedad Española de Neurología.

Voz Baja: Perder intensidad en la voz o que ésta se vuelva más ronca puede ser otro signo de la enfermedad.

Falta de expresión facial (aspecto de máscara): La enfermedad puede alterar el semblante de quienes la padecen, haciendo que se muestren más serios o aparentemente enojados sin ser conscientes. Este tipo de expresiones faciales se denominan 'aspecto de máscara' y junto a la falta de parpadeo son signos comunes del parkinson.

Mareos o desmayos: Desorientarse al levantarse de una silla o de la cama, e incluso llegar a desmayarse, pueden ser síntomas de presión arterial baja la cual puede estar relacionada con la enfermedad de Parkinson.

Encorvamiento de la espalda: Si tu entorno nota que estás más encorvado al estar de pie puede ser un signo temprano.

Pero el listado de síntomas no acaba aquí: también están relacionados con la patología los trastornos afectivos, las alucinaciones y delirios, trastornos en el control de impulsos, somnolencia diurna, sudoración excesiva, seborrea, disfunción sexual, alteraciones en la micción, fatiga o pérdida peso.

«La enfermedad de Parkinson es una enfermedad caracterizada principalmente porque los pacientes presentan temblor de reposo, rigidez, pérdida de habilidad o rapidez para realizar funciones motoras, trastornos posturales y/o trastorno de la marcha. Sin embargo, un paciente con Parkinson puede desarrollar, entre 5 y 10 años antes del comienzo de los síntomas motores, muchos trastornos no relacionados con la motricidad, como son la pérdida de olfato, el trastorno de conducta del sueño REM y la depresión. Conocerlos e identificarlos puede ser clave para poder mejorar los tiempos de diagnóstico de esta enfermedad», señala Javier Pagonabarraga, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología.

Diagnóstico

El diagnóstico de la EP es fundamentalmente clínico y se realiza en base a la historia clínica y a la exploración neurológica de la persona, ya que no existe en la actualidad un marcador bioquímico. Se pueden realizar pruebas complementarias para descartar otros posibles trastornos. Los síntomas deben incluir la lentitud de movimientos (bradicinesia) y además, al menos uno de los siguientes: Temblor en reposo, rigidez muscular e inestabi­lidad postural.

Tratamiento

El parkinson evoluciona de manera diferente en cada paciente, por lo que el tratamiento debe estar adaptado a las necesidades de cada persona en cada momento. A día de hoy no se dispone de un tratamiento curativo para la EP. Así las cosas, la medicación se centra en reestablecer el contenido de dopamina en el cerebro con el objetivo de mejorar los síntomas y la calidad de vida de la persona. La elección del medicamento depende de factores como la edad, las características clínicas, la gravedad de la EP y los trastornos asociados. En ocasiones se emplea una combinación de fármacos para conseguir un control más eficaz de los síntomas.

¿Operación?

El tratamiento quirúrgico en la EP está indicado cuando los síntomas motores no responden adecuadamente al tratamiento farmacológico. Se implantan unos electrodos en un área concreta del cerebro para administrar estimulación eléctrica. Con ello se consigue modular las señales que causan los síntomas motores. Los electrodos están conectados a un neuroestimulador que se coloca en el tórax (como un marcapasos) a través de una extensión que se conduce bajo la piel, desde la cabeza pasando por el cuello.

Terapias rehabilitadoras

Las terapias rehabilitadoras también son elementos fundamentales en el manejo global de la EP y han de adaptarse igualmente a las necesidades de cada persona. Los objetivos se centran en conseguir una mayor autonomía e independencia del enfermo, que le permita afrontar las dificultades en la vida diaria derivadas de la patología. Al respecto pueden ayudar la fisioterapia, logopedia -para la rehabilitación y la prevención de los trastornos de la comunicación, tales como las alteraciones de la voz o de la audición- o la terapia ocupacional y la psicología.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos