¿es malo seguir tomando leche tras la lactancia?

Solo hay que ir al supermercado para darse cuenta de que a la leche le han salido todo tipo de adjetivos y procedencias, dejando un mensaje soterrado en el confundido consumidor

JAVIER MORALLÓNProfesor de Biología y experto en Tecnología Alimentaria

Hoy en día la leche no está de moda. Solo hay que ir al supermercado para darse cuenta de que a la leche le han salido todo tipo de adjetivos y procedencias, dejando un mensaje soterrado en el confundido consumidor, la leche como tal no es buena y tiene que ser sustituida, enriquecida o modificada de alguna forma. Este idea fuerza suele verse reforzada con una sentencia que hoy en día la repite desde Agamenón a su porquero “somos los únicos mamíferos que seguimos bebiendo leche después de la lactancia”. Algo que es rigurosamente cierto pero no menos que decir “somos los únicos mamíferos que tomamos revueltos de espárragos y gambas” o “somos los únicos mamíferos que comemos arroz con bacalao”.

Demonizar tomar leche después de la lactancia no tiene demasiado sentido. Es cierto que hay personas intolerantes a la lactosa (el azúcar de la leche), bien, esas personas deben evitar el consumo de lactosa. Alguien que no sea alérgico o intolerante a la lactosa ¿debe evitar su consumo? Pues sería lo mismo que alguien que no es alérgico a las nueces o a los melocotones evitara comerlos. A pesar de esto, hoy en día no paran de proliferar leches alternativas o bebidas blancas que se parecen a leche original lo mismo que un huevo a una castaña y que reciben esa denominación seguida del nombre del producto de origen. Las leches de almendra, soja o cebada no tienen mucho que ver con el alimento procedente de las glándulas mamarias de las hembras de los mamíferos y debiéramos de estar atentos a su composición porque, en ocasiones, pueden contener una importante cantidad de azucares simples. La leche de soja merece especial atención porque es la que más se consume y a priori tiene una de las composiciones más interesantes, incluso contiene isoflavonas que son sustancias que mimetizan a las hormonas femeninas y actúan como cardioprotectores. La palabra cardioprotectores nos gusta a todos pero igual la de hormonas femeninas mosquea a alguien, sobre todo si eres hombre. Todavía no está suficientemente estudiado qué puede suponer el consumo masivo de este tipo de sustancias pero sorprende que no exista ningún tipo de recomendación o advertencia por parte de las autoridades.

¿Y la leche materna?

Pues esta sí que es la leche. Millones de años de evolución han perfeccionado un producto que si pudiéramos fabricarlo artificialmente sería tan caro que nadie lo podría comprar. Su composición incluso varía conforme progresa el desarrollo del bebé para adaptarse a sus necesidades. Un reciente artículo publicado en la revista Trends in Biochemical Sciences confirma la excepcionalidad de este alimento. La cantidad de anticuerpos durante el primer mes de lactancia es espectacular, para que estos puedan proteger al bebé de posibles infecciones y se han contabilizado más de 200 tipos diferentes de moléculas de azúcar que se cree pueden servir para que la flora intestinal se desarrolle. Flora que protegerá durante toda su vida al recién nacido y que además le ayudarán a sintetizar sustancias tan importantes como la vitamina K.

Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud son que este sea el alimento durante los 6 primeros meses de vida y un año más como complemento a la alimentación sólida. Existen todo tipo de estudios que conectan la relación inversa entre el consumo de leche materna y la probabilidad de muerte súbita o directa con el desarrollo intelectual. Es sorprendente cómo durante los años 70 y 80 la industria consiguió influir de forma que la opinión pública adoraba las leches maternizadas pensando que eran la mejor opción y la lactancia materna llego a ser vista casi como un recurso de los padres que económicamente no disponían de otra alternativa. Hoy sabemos que las leches maternizadas cada vez son mejores pero que nunca van a poder alcanzar (ni de lejos) el nivel de excelencia para el ser humano que la original. Sin duda son una gran opción para las madres que han sufrido algún percance en la lactancia, pero más interesante son los bancos de leche que de forma casi generalizada han aparecido en los hospitales maternales de toda España.

Somos mamíferos

Somos animales vertebrados y pertenecemos a la clase de los mamíferos, es decir, esta peculiar acción de las hembras de dar un producto verdaderamente especial a sus crías para que aumenten sus posibilidades de supervivencia, es tan excepcional que es la característica fundamental para clasificar a todo nuestro taxón. Más importante que, por ejemplo, el tipo de reproducción ya que en nuestro grupo se encuentran ovíparos tan peculiares como el ornitorrinco.

La leche es un alimento muy relevante con proteínas de alta calidad, azúcares, grasas, vitaminas y minerales. Vilipendiar su consumo no tiene sentido si no existe ningún problema. Es cierto que somos el único mamífero adulto que la sigue consumiendo pero la única razón de que esto sea así es simplemente porque podemos. Prueben a dejar un plato con leche en el campo a ver cuánto dura.

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