Fume por favor

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Es sorprendente como el tabaco ha logrado ser considerado un eficaz ansiolítico cuando existen numerosos estudios que lo sitúan justamente como un potente ansiógeno

Javier Morallón
JAVIER MORALLÓN

No hace demasiado que empezó el año y los propósitos de enmienda siguen intactos. El uno de enero suele ser la fecha elegida para llevar a cabo proyectos vitales que requieren de una especial determinación. Entre estos proyectos destacan adelgazar y perder de vista el tabaco. Lo curioso de estas dos aspiraciones es que la mayoría de la población las considera imposible de lograr al mismo tiempo puesto que parecen contradictorias ya que la ansiedad generada por la falta de tabaco te obligará a comer más.

Es sorprendente como el tabaco ha logrado ser considerado un eficaz ansiolítico por determinado sector de la ciudadanía, no menor, y como numerosas personas se reenganchan en el nocivo hábito de espetar humo en respuesta a un estado depresivo o ansioso. Llama especialmente la atención que esta creencia sea generalizada incluso en sectores de la población que se les presupone bien informados. Y esto es particularmente estridente cuando existen numerosos estudios que sitúan al tabaco no como ansiolítico sino justamente como un potente ansiógeno, es decir, un generador de ansiedad que desarrolla un círculo vicioso donde el consumo del tabaco no para de incrementarse para apaciguar un estado de ansiedad que, paradójicamente, no va a dejar de acrecentarse con dicho consumo. Estudios como el publicado por Swiss Medical  o el realizado por doctor Fernando Müller dejan claro que la ansiedad no va a encontrar la más mínima posibilidad de solución con este comportamiento, todo lo contrario. De hecho, el único tipo de ansiedad que mejora al fumar, es la que se siente por calmar la adicción a la nicotina y para bajar los niveles de abstinencia, pero si seguimos fumando dicha ansiedad se hará constante para saciar esa adicción. En el estudio del Dr. Müller se observaron a un grupo de fumadores que querían dejar de hacerlo durante un período de 6 meses, los investigadores concluyeron que: Quienes no lograron pasar 24 horas sin fumar, sostuvieron niveles de estrés y ansiedad altos de forma constante durante los 6 meses del estudio. Por otro lado, las personas que se mantuvieron sin fumar ininterrumpidamente fueron reduciendo sus niveles de estrés y ansiedad a medida que iba pasando el tiempo.

Dando clase

Suele ser recurrente, cuando explico el aparato respiratorio en mis clases, que se termine hablando de los efectos del tabaco. La cara de sorpresa de mis alumnos no tarda en aparecer al empezar a enumerarlos. Es uno de los principales carcinógenos que se conocen, interviene en el sistema nervioso central, el centro respiratorio, vasomotor y del vómito, aumenta la frecuencia de los latidos del corazón, incrementa la presión arterial y produce una vasoconstricción de los vasos sanguíneos. Al hacer trabajar más al corazón, acentúa sus necesidades de oxígeno, lo que puede tener repercusiones importantes para el sistema cardiovascular. La presencia de humo de forma constante en el aparato respiratorio tampoco sale gratis, su principal consecuencia es el EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) una enfermedad pulmonar en la que los bronquios se obstruyen como respuesta a respirar humo de tabaco principalmente y que está muy relacionado con el desarrollo de: Bronquitis crónica, asma crónico obstructivo y enfisema pulmonar.

Desde luego, la idea del tabaco cuando atrapa una víctima es quedarse con ella, para ello despliega toda una serie de mecanismo al menor intento de abandono, dolor de cabeza, náuseas, diarrea, estreñimiento, frecuencia cardíaca disminuida, presión arterial baja, fatiga, insomnio, irritabilidad, ansiedad, inhabilidad de concentración y depresión. Todo esto provoca más ganas de fumar, y dificulta la voluntad para dejarlo.

¿Por qué no se prohíbe?

La pregunta suele ser consustancial a toda esta cascada de desastres. ¿Por qué las administraciones no prohíben semejante veneno? Las primeras causas a las que se suele referir apuntan a los impuestos y la verdad es que hay motivos, el gravamen sobre los cigarrillos representa casi un 80 por ciento del precio. Pero no es el único, resulta que es recurrente el argumento de que los fumadores necesitan más atención sanitaria que el resto de la población. Parece que no es del todo correcto, entre otras cosas porque se mueren antes y algunas de las enfermedades más costosas para el sistema sanitario y que están relacionadas con la edad no les suelen afectar como el alzhéimer o la demencia senil. Además, la edad media de muerte de un fumador se sitúa en los 65 años, justo antes de empezar a cobrar la jubilación. En términos económicos es un auténtico chollo. Una persona que ha pasado toda su vida pagando un superávit de impuestos se muere justo antes de empezar a cobrar de las arcas públicas su merecida pensión, todo un detalle para el Ministerio de Hacienda. Así que si quiere contribuir a equilibrar el déficit del Estado, no lo dude, fume por favor.

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