La resistencia de la tortuga

Carolina Cancanilla
Hasta el C*

¿Cuánto hay que esperar para que cambien las cosas?¿Cien años?

Ana Barreales
ANA BARREALES

Una de las mayores ridiculeces que he oído para argumentar la oposición a las cuotas es la de que en realidad ell@s (l@s defensores de esta idea) son muy feministas y lo que les gustaría es que hubiera muchas más mujeres en puestos de responsabilidad. Y que no hay que poner topes ni puertas al campo. Sería muy bonita esa teoría si no fuera porque la cruda realidad y la historia se encargan de desmentirla.

Cuando se habla de estas cuestiones siempre me pregunto lo mismo. ¿Por qué hasta ahora nunca se ha producido esa situación. ¿Es que las mujeres actuales y las anteriores no alcanzan el grado de excelencia necesario? O, mejor aún: ¿Cuánto está bien esperar todavía? ¿Cien años? ¿Doscientos? Porque en los últimos 21 siglos el avance ha sido muy lento. Es verdad que desde que se aprobó el voto femenino las cosas han ido evolucionado más rápido. Nada como tener capacidad de decisión para impulsar cambios, aunque sólo sea un poquito de poder tan limitado como un voto.

Un montón de grandes y pequeñas cosas siguen delatando el sexismo, desde el reparto de puestos de responsabilidad, hasta las azafatas de eventos, siempre mujeres jóvenes con falda corta y tacones, o las niñas que aún no pueden ir con el pantalón del uniforme en muchos colegios porque la falda es obligatoria.

Los de ‘ya cambiarán las cosas’ se tienen por gente justa y equilibrada, pero es una gran mentira. Lo que yo llamo la resistencia de la tortuga, el «sigamos como se ha hecho toda la vida». Eso sólo es bueno para los que les ha ido bien en ese periodo.

Una vez convencidos de que es lo justo y razonable, hay cosas que resulta más fácil cambiar por ley. Los límites de velocidad se respetan cuando hay un radar y justo cuando instalan uno los accidentes de tráfico empiezan a reducirse. La presencia de mujeres en política se normalizó cuando los partidos de izquierdas impusieron cuotas. El resto, los que no estaban de acuerdo con este sistema, hicieron básicamente lo mismo, pero sin llamarlo cuota, porque es difícil ignorar que somos un poco más de la mitad de la población. ¿Complejos por eso? Ninguno. Todos los que están tan preocupados porque las mujeres sean la mitad de la lista dan por hecho que la otra mitad de la candidatura está justificadísima porque es lo que se ha hecho toda la vida.

Los cambios van como la canción de este verano, Despacito, y mientras ¿quieren que nos crucemos de brazos? ¿Por qué no ya? La lucha continúa.

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