Reino Unido propone no usar el término 'mujer embarazada'

Reino Unido propone no usar el término 'mujer embarazada'

Plantean a la ONU evitar dicha expresión para no ofender al colectivo transexual

JAVIER GUILLENEA

Cada vez es más difícil hablar correctamente. Uno o una dice una palabra fuera de lugar y ya ha ofendido a todo un colectivo sin saberlo. Menos mal que para evitarnos problemas una pléyade de expertas y expertos se encargan de llevar los idiomas por el buen camino de la corrección política. Son ellos y ellas las y los que velan por un mundo mejor, una arcadia en la que el lenguaje no sea una dolorosa fuente de conflictos. Sin su ayuda no sabríamos qué decirnos por miedo a insultarnos y a que una conversación trivial se salga de madre –con perdón– por género más, género menos.

Influido por esta filosofía, el Gobierno de Reino Unido ha elaborado una propuesta para pedir a la ONU que sustituya el término mujer embarazada por el de persona embarazada. Según elEjecutivo británico, con este cambio se pretende incluir «a las personas transgénero que han dado a luz» dentro el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, aprobado por Naciones Unidas en 1976. El tratado sostiene que una mujer encinta debe ser protegida en todo el mundo, incluyendo no estar sujeta a la pena de muerte.

Con su iniciativa, el Gabinete de Theresa May hace suyas las polémicas recomendaciones realizadas por la Asociación Médica Británica en una guía para los trabajadores sanitarios. El texto, en el que se detallan una serie de expresiones que deben ser evitadas para no ofender al colectivo LGTBI, que engloba a personas lesbianas, gais, trans, bisexuales e intersexuales, aconseja, entre otras cuestiones, evitar la palabra madre.

«Decir que un recién nacido es niño o niña es reduccionista» Asociación Médica Británica

Según la asociacion médica, cuando un sanitario emplea el término madre para referirse a una mujer embarazada podría herir la sensibilidad de «individuos que han dado a luz y no se identifican como mujeres». La guía también considera que decir de un neonato que es niño o niña no es la mejor de las ideas porque son dos conceptos «reduccionistas» que «simplifican un problema más complejo de lo que parece». Por ese motivo, recomienda que, al consignar el sexo biológico de un recién llegado al mundo, se precise que se trata de un «nacido o asignado niño o niña».

La propuesta de convertir a las mujeres embarazadas en personas ha sido bien acogida por los grupos LGTBI, que han calificado la medida de «gran paso para prevenir la discriminación». «El hecho de que la terminología esté cambiando solo puede ser positivo para todos los que quieren ser padres y tienen el derecho de serlo», afirman portavoces del colectivo, cuya lucha ha logrado victorias como la aprobación en 2016 de una norma –recientemente anulada por Donald Trump– para que las escuelas públicas de Estados Unidos permitan a los alumnos transexuales usar los baños y los vestuarios que prefieran en función del género con el que se identifiquen.

Ventana frontal

Los esfuerzos de los transexuales para tener una mayor visibilidad social se han topado con el rechazo de colectivos feministas. Por ejemplo, el de la influyente activista Julie Blindel, cofundadora de Justice of Women, un grupo de acción legal que lucha en Reino Unido contra la violencia doméstica. Blindel, que se autodefine como «lesbiana política» y sostiene que «la heterosexualidad no sobrevivirá a la liberación de la mujer», ha calificado las recomendaciones de la Asociación Médica Británica como «el último asalto del ‘lobby’ transexual contra la feminidad». Otra feminista de referencia en el país, Sarah Ditum, también ha arremetido contra este tipo de propuestas que, a su juicio, lo único que logran es «que las mujeres sean innombrables» precisamente en nombre de la igualdad transgénero.

«Las mujeres están hartas de que se desfigure su identidad»

La corrección lingüística para no ofender a los transexuales ha llegado en Estados Unidos a extremos como los de recomendar a las matronas que utilicen términos como «agujero frontal» en vez de vagina, «nacimiento en ventana» en lugar de cesárea o «lactancia en pecho» en vez de lactancia materna. «No es sorprendente que muchas mujeres estén hartas de que se desfigure su identidad hasta el punto de que se nos considere transfóbicas por utilizar el lenguaje correcto para describir nuestro sistema reproductivo», denuncia Julie Blindel.

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