Las recetas del ministro

Cada viernes, Méndez de Vigo concluye la rueda de prensa del Consejo de Ministros con algunas sugerencias para el fin de semana: un libro, una exposición, una película, un concierto... Ayer tocó un festival de música electrónica en Arriondas

Íñigo Méndez de Vigo/EFE
Íñigo Méndez de Vigo / EFE
ANTONIO PANIAGUAMadrid

Cada viernes, Íñigo Méndez de Vigo (61 años) lidia con los periodistas. Al término de la reunión del Consejo de Ministros, el portavoz del Ejecutivo hilvana lo que son argumentos recurrentes del Gobierno de Rajoy. Entonces trata de cumplir el axioma aprendido de Giulio Andreotti: no decir lo que el cronista quiere que digas. Con maneras elegantes y educadas, propias de un diplomático, Méndez de Vigo no se aparta del guion previsto. Encomia el crecimiento virtuoso del PIB español, apela a la unidad frente al desafío secesionista, subraya la creación de empleo y desliza apreciaciones de la anarquía que se avecina si a España se le ocurre apartarse de los mandamientos del sentido común. O Rajoy o el caos.

Cuando los informadores ya han cerrado sus cuadernos, deja de lado el empaque del portavoz y se inviste de la autoridad moral que le confiere su papel de mandamás de la cultura. Es la hora de las recomendaciones para el ‘finde’, de aconsejar la visita a una exposición, la lectura de un libro o el recorrido de una jornada del Camino de Santiago. Las prescripciones del ministro no caen en saco roto. «Mis compañeros del Consejo de Ministros no sólo las siguen siempre que pueden, sino que, muchas veces, me hacen sus propias recomendaciones», asegura Méndez de Vigo a este periódico.

Para el verano...

Un libro
‘Tonio Kröger’, de Thomas Mann
Una obra de teatro
Cualquiera de las que se representan en el Festival de Almagro
Una película
‘La Casa de la Esperanza’, de Niki Caro
Una exposición
La ‘Colección Alicia Koplowitz-Grupo Omega Capital’, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao
Un restaurante
La ‘Tasquita de Enfrente’, en Madrid

El ministro no habla de oídas. Sus consejos beben de su propia experiencia personal, aunque tampoco hace ascos a lo que le encarecen los enterados. «Se basan en lo que veo, leo y, por supuesto, también en lo que me cuentan. En muchas ocasiones hablo por experiencia, por el hecho de haber asistido o tenerlo planificado en mi agenda para los próximos días. Y todas, modestamente, creo que merecen la pena».

Nada escapa al interés del jurista, profesor y políglota, a quien el nombramiento de ministro de Cultura le pilló de sorpresa. De Vigo tan pronto puede entusiasmarse con el encuentro internacional de guitarra en homenaje a Paco de Lucía que se celebra en Algeciras, como apreciar el intríngulis del festival de música electrónica de Arriondas. Son las recomendaciones que hizo ayer, a las que el ministro sumó una nueva edición de ‘Roma en el espejo’, un certamen que aúna música, teatro, historia y poesía, que tiene lugar en el anfiteatro romano de la Cripta de Cascalería, en León.

Con el cambio de ciclo político, se hizo aconsejable un cambio de temperamento. Había que buscar un sucesor a José Ignacio Wert, premiado por Rajoy con un destino en París como embajador de España ante la OCDE. Una bicoca. A las maneras belicosas de Wert, un toro bravo que se crecía en el castigo (la definición es suya), le sustituyeron los modales amables de Méndez de Vigo, preñados de un cierto toque aristocrático. Por algo es noveno barón de Claret.

Sin presiones

A este hombre baqueteado en la negociación, una destreza que aprendió cuando desempeñó el cargo de secretario de Estado para la Unión Europea, le gusta su nuevo cometido. Su actividad parlamentaria y sus carteras ministeriales no le impiden «fallar ninguna semana, al menos, a entre tres y cuatro actos culturales para estar en contacto con la cultura, ya sea a diario o durante el fin de semana». Un gesto que le agradece el gremio, aunque no deja de apremiarle para que saque adelante de una vez por todas la Ley de Mecenazgo o suprima el IVA cinematográfico.

Desde que apostó por terminar su comparecencia ante la prensa con unas cuantas recetas culturales, no paran de hacerle llegar iniciativas. Argumenta que no recibe presiones para que haga publicidad gratuita de una obra de teatro, un ballet o una de esas muestras que resultan imprescindibles para no desentonar en una conversación con ínfulas. «Cada vez son más las personas que se me acercan o nos llaman para informarnos de alguna iniciativa cultural que merece la pena».

Quizás por ser nieto de la escritora Carmen de Icaza, popular autora de novelas rosas, Méndez de Vigo es un hombre templado en los afectos. Procura que sus recomendaciones no estén sesgadas por infidelidades territoriales, que sus halagos no se centren exclusivamente en grandes ciudades. Por eso reparte sus elogios entre todas las comunidades autónomas. Con todo, es imposible que en algún momento no surjan malquerencias. Una vez se le olvidó citar una película española. Dice que no hubo mala intención, sino que ese fin de semana se estrenaban media docena de cintas rodadas en el solar nacional. Un tuitero le reprochó la marginación y el ministro lo enmendó rápidamente. «Lo solventé presentándome esa misma noche en su estreno».

Las vacaciones del Gobierno

El próximo viernes se celebra el último Consejo de Ministros y sus titulares saldrán pitando de vacaciones, hasta el 18 de agosto. Los miembros del Gobierno son de piñón fijo: Rajoy, tras quizás una parada en Doñana, subirá a Sanxenxo y cada mañana (salvo la visita a Marivent) saldrá a caminar con el marido de Ana Pastor, la presidenta del Congreso, ‘vecina’ de veraneo de Rajoy, junto al ministro Catalá. Soraya pasará por Portugal, la tierra de la familia de su marido; De Guindos jugará el tenis en Marbella, donde también veranea Cospedal; Montoro se irá a la sierra madrileña; De la Serna, a su tierra, Santander; y Tejerina y Montserrat, a las suyas, Valladolid y Cataluña. Nadal, a practicar senderismo a los Picos de Europa y De Vigo, a Sotogrande (Cádiz).

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