Radón, el enemigo puede estar en tu casa

Casi 300.000 viviendas están expuestas en España a niveles elevados de radón, un gas que supone la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco. En nuestro país mueren al año cerca de 1.600 personas por aspirar partículas radioactivas en sus hogares

JAVIER GUILLENEA

Cuando el 2 de diciembre de 1984 Stanley Watras hizo saltar la alarma, fumaba 2.700 cigarrillos diarios. Ese día entró en la central nuclear de Limerick (Estados Unidos), en cuya construcción trabajaba, y las luces rojas de alerta se volvieron locas. A partir de entonces, cada vez que comenzaba su jornada las sirenas se desbocaban. Su cuerpo estaba totalmente contaminado de radiación. Lo curioso es que en el interior de la central aún no había combustible nuclear y, sobre todo, que la alarma se disparaba cuando Stanley entraba en las instalaciones y no cuando salía. Llevaba la radiación puesta, como si la trajera de casa.

Watras vivía entonces en una vivienda de una planta construida sobre un terreno allanado con material de desecho de una mina que contenía restos de uranio y radio. Cuando los investigadores realizaron mediciones en el inmueble se encontraron con una enorme acumulación de gas radón en su interior. Midieron hasta 100.000 becquerelios por metro cúbico de aire, lo que suponía un riesgo para la salud similar al de fumar 135 paquetes de tabaco al día.

Una cueva, el lugar con más radón de España

En 2015 un grupo de investigadores encontró en una cueva de Cáceres la concentración de gas radón más alta de España. Las mediciones que hicieron en su interior sirvieron para detectar una media anual de 31.900 becquerelios por metro cúbico, cien veces por encima de los niveles de seguridad recomendados por la UE. Una cantidad tan elevada de radón no suponía un peligro para los turistas que visitaban la cueva, situada en la localidad de Castañar de Ibor y declarada monumento natural por su belleza, pero sí para los guías que los acompañaban y que se veían sometidos a una exposición prolongada de partículas radioactivas, por lo que hubo que tomar medidas para evitarlo.

En cuevas, minas, subterráneos y balnearios es obligatorio hacer mediciones de radón para garantizar la seguridad de los empleados. «Si alguien que trabaja en un lugar donde puede haber existido radón coge un cáncer de pulmón, el empresario se la carga. En estos casos la legislación es estricta, no como en las viviendas», explica Luis Quindós.

El caso despertó en Estados Unidos un fuerte interés por el radón. Se realizaron numerosos estudios y se descubrió que más de un millón de viviendas del país estaban contaminadas por un gas de origen natural que es la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco. La Organización Mundial de la Salud calcula que entre el 3% y el 14% de los tumores pulmonares están causados por la exposición al radón.

«En España hay entre 200.000 y 300.000 viviendas con más de 400 becquerelios (la unidad que mide la actividad radioactiva) por metro cúbico», asegura el catedrático de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Cantabria, Luis Quindós, que recuerda que al año mueren en nuestro país cerca de 1.600 personas por cánceres pulmonares provocados por el radón. La OMS recomienda que la cantidad de este gas en una casa se mantenga lo más baja posible y que en ningún caso supere los 300 Bq/m3. Este nivel, afirma Quindós, es «como la dosis de radiación que emiten los rayos x o un escáner».

El radón es un gas noble pesado, radioactivo, incoloro e inodoro que se produce a través de la desintegración radioactiva natural del uranio presente en suelos y rocas. Se encuentra en la naturaleza, sobre todo en zonas graníticas, pero también en aguas de montaña o en las paredes de cuevas y grutas. El gas emana del suelo y poco después se desintegra para dar paso a sus descendientes, unas partículas radioactivas que se pegan al polvo del aire y terminan en los pulmones. En comparación con otros gases, el radón pesa más, por lo que tiende a quedarse a ras de tierra. Al aire libre se disuelve, pero en lugares cerrados se acumula. Ese es el motivo de que sea fácil encontrarlo en plantas bajas o sótanos y no en zonas más altas.

Según el Consejo de Seguridad Nuclear, los lugares de mayor riesgo en España son Galicia –con las provincias de Ourense y Pontevedra a la cabeza–, Asturias, Madrid, Extremadura y la zona oeste de las dos Castillas. En miles de viviendas bajas de estos lugares el gas radón se cuela en grandes cantidades a través de las cámaras de aire de los muros, las grietas en la fachada, los conductos de saneamiento y los sótanos.

En 2013 la Comunidad Europea emitió una directiva en la que daba a los estados de la UE un plazo que concluye en febrero de 2018 para establecer medidas de protección contra los efectos del radón. El Ministerio de Sanidad ha creado un grupo de trabajo para redactar un plan estatal de actuación y el de Fomento trabaja en un decreto para introducir en el Código Técnico para la Edificación sistemas de aislamiento contra el gas en los inmuebles residenciales, pero se aproxima el plazo y aún no se sabe nada.

Eficiencia energética

«Ya tendrían que estar publicados, lamentamos que aún no haya un borrador de la directiva y del código de edificación», afirman fuentes del Colegio Oficial de Geólogos. «Cada vez que preguntamos a Sanidad nos dicen que están con ello», señala Luis Quindós. A su juicio, este retraso hará que aumenten los inmuebles desprotegidos en España. «En las viviendas que se hacen ahora no se aplican medidas contra el radón porque no son obligatorias y los constructores no las tienen en cuenta».

Los chalés coquetos o los adosados clónicos que salpican nuestras poblaciones no solo no están preparados sino que son contraproducentes. «La eficiencia energética va en contra de la salud de las personas», asegura categóricamente Luis Quindós. El afán por aislar a las viviendas de exterior protegerá a sus habitantes del frío o del calor pero no del radón, que no encuentra por dónde salir.

Conocer la cantidad de radón que hay en un edificio es barato, hay empresas que lo hacen por 40 euros. Más costoso, aunque no demasiado, es proteger las viviendas. Basta con mejorar la ventilación, instalar sistemas de extracción en el sótano y sellar el piso y las paredes, entre otras medidas. Nada exagerado y nada que no se haga en otros países, donde son obligatorias.

Stanley Watras sigue con vida, lo que quiere decir que estar expuesto al radón no es sinónimo de muerte súbita. Y ese es precisamente uno de sus peligros. El gas es un enemigo silencioso cuyos efectos se observan a muy largo plazo. «El riesgo es muy diferido en el tiempo, por eso no hay conciencia del problema y no se adoptan medidas preventivas», dicen desde el Colegio de Geólogos. «El radón solo causa cáncer de pulmón y se camufla con los efectos del tabaco.Es un factor más de riesgo pero es muy desconocido», apostilla Luis Quindós, que desde hace décadas ha clamado en el desierto sobre los efectos nocivos del gas. «Nos han acusado de crear alarma social, pero yo me pregunto dónde está la alarma, si en contar lo que ocurre o en construir viviendas sabiendo que en el terreno hay radón».

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