El plástico, la undécima plaga

Un trabajador de una planta de tratamiento de residuos plásticos de Shenyang, al noreste de China, trata de abrirse paso entre un océano de envases./EFE
Un trabajador de una planta de tratamiento de residuos plásticos de Shenyang, al noreste de China, trata de abrirse paso entre un océano de envases. / EFE

El plante de China a ser el vertedero del planeta arranca por fin de Bruselas su primer plan para reducir los residuos de plástico. «Si no cambiamos nuestras políticas, nos puede matar», admite la Comisión Europea

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Con sus casi 1.400 millones de consumidores, China es un devorador insaciable de materia prima. En la década de los ochenta, cuando algunas de ellas empezaban a escasear, comenzó a importar residuos sólidos de otros países. El negocio resultaba redondo para el receptor, que se aseguraba un suministro constante de materiales baratos, y también para los proveedores, que montaban sus desperdicios en un barco y les decían adiós. Con los años, el Gran Dragón se convirtió en el mayor vertedero del planeta. En 2016, el último año del que se tienen datos oficiales, compró 45 millones de toneladas de chatarra, papel usado y plástico por valor de algo más de 14.000 millones de euros. A costa, eso sí, de infligirse un colosal daño ambiental. A su incapacidad para tratar los desperdicios sin contaminar se unía el envío de grandes cantidades de residuos sucios, tóxicos y sin seleccionar. El Gobierno de Beijing acaba de plantarse. La creciente presión pública le ha empujado a cerrar sus puertas a los desechos extranjeros.

Su decisión de clausurar el vertedero oficial de los países desarrollados en el nombre de la naturaleza y la salud pública ha puesto a temblar a la industria mundial del reciclaje y a los antiguos exportadores. ¿Qué hacer ahora con las toneladas de basura que se nos acumulan día tras día?, se preguntan mientras los primeros cuellos de botella se registran ya en Canadá, Alemania, Irlanda o Gran Bretaña, donde la primera ministra, Theresa May, se ha apresurado a pedir a los supermercados que vendan sin envases y a granel.

En corto

70%
es el porcentaje de residuos plásticos generados en el mundo que China compró en 2016, el último año del que se tienen datos oficiales. Ahora que el Gobierno de Beijing ha vetado la entrada de esos desechos, los países que se los vendían, como Canadá, México, Gran Bretaña, Irlanda, Reino Unido, Japón, Corea del Sur o España, se enfrentan a la acumulación de envases en sus estercoleros.
Incineradoras y océanos
Gran parte de los plásticos que van a los vertederos acaba en incineradoras –una práctica que genera miles de tipos de partículas tóxicas– o en el mar. Se estima que en 2050 albergará más plásticos que peces.
2030, el año límite
Es el horizonte que se ha marcado Bruselas para que todos los envases plásticos fabricados en la UE sean reciclables o bien reutilizables. Con ese objetivo acaba de presentar un plan estratégico de actuaciones.

La nueva ley china, que ha entrado en vigor con el nuevo año, prohíbe de forma tajante la compra de veinticuatro tipos de residuos, que pueden agruparse en cuatro categorías: papel sin clasificar, escoria de ciertos minerales, restos textiles y plásticos. El veto de esta última categoría es lo que ha puesto los pelos de punta a buena parte de Europa y América. Hay motivos para ello. Tantos como 7,35 millones. Esas son las toneladas de plástico que la república popular adquirió en 2016. O lo que es lo mismo, el 55,3% del total mundial, según la base de datos Comtrade de la ONU. Si se añaden los residuos de ese material que entraron a través de Hong Kong –que a su vez los reexportó casi todos hacia China continental–, el cargamento alcanza los 10,2 millones de toneladas, cerca de un 70% del total. Cordilleras enteras de plástico que ya no podrán entrar en el gigante asiático. Al menos, de forma legal.

Una operaria de una planta estadounidense de tratamiento de residuos clasifica la basura que corre por una cinta transportadora.
Una operaria de una planta estadounidense de tratamiento de residuos clasifica la basura que corre por una cinta transportadora. / N. Behring

La dependencia de algunos países de ese mercado para hacer desaparecer como por arte de magia sus envases y componentes plásticos es elocuente. México envió cerca de 430.000 toneladas en 2016, un 47,5% del total exportado; España, por su parte, 207.835 toneladas, un 65%. Este porcentaje se dispara al 80% en los casos de Japón y Corea del Sur.

Ofertas a India o Turquía

De cara a la galería, el Ministerio de Medio Ambiente del Gabinete Rajoy sostiene que la medida adoptada por China beneficiará a España porque «fomentará la industria del reciclaje y la economía circular». Mientras ese escenario idílico llega, la basura que antes se vendía a China se acumula ahora en vertederos, a menudo, la primera escala de esos residuos antes de que acaben en los océanos, o bien en las incineradoras, dos destinos que acarrean consecuencias devastadoras para el medio ambiente y la salud de las personas.

En este sentido, la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER), que defiende los intereses de empresas gestoras de desechos férricos, aparatos eléctricos, neumáticos o vehículos fuera de uso, recuerda que España lleva «varias» llamadas al orden y amenazas de sanción por parte de la Unión Europea para que mejore los sistemas de recuperación y reciclado, de forma que se reduzcan drásticamente los residuos que terminan en los basureros. «Las restricciones decretadas por China no solo van a incrementar el almacenamiento de basura en los vertederos, sino también de lo que llamamos materias primas secundarias. Es decir, las que se obtienen después de tratar los residuos en las industrias de reciclaje y con las que hasta ahora abastecíamos las fundiciones, acerías y papelerías chinas. No va a haber más remedio que buscar otros importadores, como India o Turquía», reconoce a este periódico Alicía García-Franco, directora general de la FER. «En el caso de los plásticos, queda mucho por innovar para llegar a esos grados de pureza del material reciclado», agrega.

En Ecoembes, la empresa que monopoliza el reciclaje de los envases domésticos que van destinados al contenedor amarillo –plásticos, latas y briks– y al azul –papel y cartón–, no se dan por aludidos. Lejos de ello, sacan pecho con un porcentaje de reciclaje de notable alto: el 76%. «En el caso solo de plásticos, el 66,5% se transforma en nueva materia prima, cerrando con ello el ciclo y volviendo a convertir los envases desechados en nuevos productos», asegura Nieves Rey, responsable de Marketing y Comunicación de la entidad.

«Convertimos en nueva materia prima el 66,5% de los envases plásticos domésticos» Nieves Rey Responsable de Marketing de Ecoembes

Desde la plataforma ciudadana El Plástico Mata –su nombre no puede ser más explícito–, hacen añicos esos y otros datos. «El porcentaje de plásticos que se reciclan de verdad –es decir, en un ciclo cerrado, como el vidrio o metal– es prácticamente nulo. Por razones técnicas y económicas, resulta muy caro y complicado de reciclar de verdad. Estamos ante un colosal fraude a la opinión pública, diseñado no para disminuir nuestra huella plástica, sino precisamente para lo contrario, para que sigamos adictos a los plásticos de usar y tirar», sostiene el fundador de la organización, Manuel Maqueda, desde la Universidad de Berkeley, donde imparte clases de Innovación y Emprendimiento.

Eliminar envases de un uso

Entretanto, la desazón y la incertidumbre suscitadas por China y su plante –anunciado de forma oficial el pasado verano– parecen haber propiciado que Bruselas coja al fin el toro por los cuernos. Ahora que el Viejo Contiente ya no puede esconder su basura debajo de la alfombra china, la Comisión Europea se muestra decidida a plantar cara a la plaga de los plásticos y a su industria. Así al menos se deduce del plan estratégico que acaba de anunciar al objeto de allanar el camino para que se cumpla su meta de que en 2030 todos los envases sean reciclables o reutilizables y aumentar para entonces la tasa de reciclaje al 55%. Según sus propios datos, Europa genera 26 millones de toneladas de plástico al año, pero solo recicla el 30%. El resto se incinera o se arroja a vertederos.

«El porcentaje de plásticos que se recicla es casi nulo. Estamos ante un colosal fraude»

En el marco de la nueva batería de compromisos, la Comisión se compromete a legislar este año para eliminar los plásticos de un solo uso, como tazas de café, botellas y tapones o envases de comida para llevar, en línea con las medidas adoptadas para prohibir las bolsas de basura de un solo uso. Asimismo, buscará «soluciones fiscales» con las que incentivar el reciclaje y explorará la viabilidad de activar alguna medida impositiva. La de crear un impuesto al plástico ya está descartada. «No podemos vivir sin ello, pero nos puede matar si no cambiamos nuestras políticas», admite el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans.

En paralelo, El Plástico Mata aboga por acciones personales dirigidas a evitar la compra de embalajes y productos en plástico. «Nuestras decisiones individuales tienen más peso del que cree-mos», enfatiza Maqueda.

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