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Dime cómo es tu hijo y te diré a qué extraescolar deberías apuntarle

Dime cómo es tu hijo y te diré a qué extraescolar deberías apuntarle
  • Un experto ofrece las claves para elegir la actividad más adecuada para los niños en función de si son tímidos, impulsivos o tienen dificultades motoras o de aprendizaje

Porque no todas las actividades aportan lo mismo ni todos los niños son iguales, los padres deben dedicar tiempo a analizar qué extraescolar es la más adecuada para su hijo en función de sus características y necesidades. Siempre pensando en el bienestar del menor, y no dejándose llevar por los gustos y preferencias de los progenitores ni por las necesidad de estos de 'dejar colocado' al niño por motivos laborales o de ocio. Tampoco deben establecerse de forma obligatoria, sino desde el razonamiento y favoreciendo la aceptación por parte del escolar.

Estas son las pautas básicas a la hora de plantearse apuntar al pequeño a algún deporte, taller o academia fuera del horario lectivo, según señala el profesor de la Universidad de Málaga (UMA) Diego Jesús Luque Parra, doctor en Psicología y psicólogo orientador de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, que defiende que “cualquier decisión acerca de una actividad de ocio o de tipo intelectual-académico deberá tomarse sobre un conocimiento de las potencialidades y habilidades del niño o niña, así como de las preferencias e intereses manifestados u observados en ellos”.

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Este especialista, profesor asociado del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la UMA, ofrece algunas claves para orientar a los padres sobre qué actividad podría ser la más beneficiosa para los niños dependiendo de si estos son tímidos, extravertidos, inquietos o impulsivos, si tienen altas capacidades, están desmotivados o si presentan dificultades de aprendizaje o motoras.

Niños tímidos:

Estarían indicados deportes como el judo, natación o esgrima porque al carácter individual de su práctica se le une el de la disciplina y se realizan en un contexto en el que el niño puede estar más controlado y cualquier corrección u error se queda en un ámbito reducido, lo que le evitará pasar más vergüenza de la cuenta. En función de su progreso, podría contemplarse la posibilidad de que practique un deporte u otras actividades de ocio de mayor contenido social o de grupo como el teatro.

Niños con altas capacidades intelectuales:

Los talleres específicos para estos niños no deben basarse en la profundización de contenidos, sino en compartir intereses y actividad con otros menores, de forma que se generen relaciones de amistad, con estilos de aprendizaje cercanos.

En el caso del deporte, lo más adecuado, según Luque Parra, es que empiecen por actividades individuales porque, aunque suelen ser niños abiertos, por regla general son muy perfeccionistas y consideran que todo lo que hagan deben hacerlo bien y tienen una tolerancia baja a la frustración. Eso puede hacer que se sientan mal y que sean críticos consigo mismos y con los demás y puede crear mal ambiente. Además, en deportes individuales el adulto puede tener más control sobre ese niño en ese momento.

Niños extravertidos:

Son adecuados los deportes en grupo, en los que estos niños puedan desarrollar habilidades sociales y un mayor autocontrol, aunque considerando la alternancia con alguno individual que permita observar sus competencias.

Niños con dificultades motoras:

Para pequeños que no controlen su cuerpo, que tengan dificultades al bajar y subir escaleras, que se tropiecen... las actividades más adecuadas son la natación “por la sincronización y el equilibrio de todos los músculos” y el baloncesto, con el que pueden adquirir coordinación de piernas y brazos. En general, son buenos los deportes en los que se observa una progresividad en el resultado.

Niños impulsivos:

A estos escolares les vienen muy bien los deportes en los que puedan 'desfogar', como se dice coloquialmente, y que se practiquen en grupo para favorecer la cooperación con otros, como el fútbol o el baloncesto. No es adecuado, por ejemplo, apuntarles a kárate hasta que tengan capacidad de control.

Niños inquietos:

También le vienen bien los deportes en los que liberen energía, y aquellos en los que se fomente el autocontrol y la disciplina.

Niños con dificultades de integración:

Se aconseja los deportes individuales. En el caso de niños inmigrantes, hay que buscar alguna actividad en la que no se encuentren en situación de desventaja por el idioma, por ejemplo, y puedan defenderse bien.

Falta de concentración:

Un taller de programación, actividad actualmente en auge, podría ser beneficioso para los niños con problemas de atención siempre y cuando haya alguien que les acompañe en todo momento, que sea su guía y consiga que el pequeño entre en la dinámica de la estructura de la actividad. En general, le vienen bien las actividades con grupos reducidos en las que puedan tener una atención individualizada.

Niños con dificultades de aprendizaje y/o desmotivados:

Es conveniente favorecer la autoestima de los niños que necesiten apoyo en determinadas áreas académicas, evitando hablar de retrasos o desfases e incidiendo en que acude a clase para adquirir estrategias y técnicas que mejoren el desarrollo de sus competencias. En cualquier caso, Luque aboga por intentar fomentar desde casa que el niño se esfuerce y contemplar las actividades de ocio como un 'premio' por su dedicación y afán de superación.

¿Todas las actividades sirven para algo?

Diego Jesús Luque Parra es tajante en este sentido y defiende que todas aportan algo beneficioso al niño. “Lo difícil es saber cuál, cuándo y cómo se hace”, señala el experto, que destaca que aparte de las potencialidades específicas de cada actividad, en general se fomenta el esfuerzo, la superación y la disciplina, se favorece la concentración y pueden ayudar a vencer temores como el miedo al ridículo. Además de los beneficios de tipo afectivo-cognitivo en lo personal y lo social. “No todas las actividades son iguales, pero en todas hay posibilidad de resultados favorables”, afirma. “Toda actividad extraescolar resulta positiva en la educación de los niños y jóvenes, enseñándoles el uso del tiempo libre, en el dominio y satisfacción de una práctica y en el desarrollo de actividades y valores”, apunta.

¿Y si el niño no quiere realizar ninguna actividad?

El especialista de la UMA defiende que no hay que obligar al niño a hacer una actividad que no le guste, a no ser que se trate de necesidades específicas del menor que hay que atender. También hace una excepción con el inglés, que considera fundamental en los tiempos que corren. En este caso, habría que explicarle al menor que no es un asunto exclusivamente académico, sino que es por una necesidad de comunicación con los demás. Si el pequeño no quiere realizar ningún deporte dirigido, siempre está la opción de bajar al parque a correr, a jugar al fútbol o a montar en bici.

¿Cuántas horas deberían dedicarse a las actividades extraescolares?

Según Luque Parra, es una cuestión de sensatez y no debe traspasarse nunca el límite en el que se introduzca ansiedad en el niño o en la familia o que desaparezca la relación paterno-filial por falta de tiempo. “Siempre tiene que haber tiempo para pasar en familia”, dice el profesor de la UMA, que defiende también el derecho del niño a jugar o simplemente a no hacer nada.